Natalia Campos aprovechó los días de descanso por Fiestas Patrias para pegarse una arrancada a Pupuya, una localidad al sur de Navidad en la región de OHiggins. «Aquí tiene una casa mi hermano y nosotras fuimos las primeras en llegar con mi mamá, mi pareja y nuestra perrita, Kala», cuenta la portera de la U.
La futbolista lleva una relación de cuatro años con la periodista Caterina DallOrso. «Con Cate nos conocimos en pandemia. Ella trabaja en una empresa de bicicletas, es el mundo que le gusta y es muy motivada. Me ha metido mucho en el mundo de las bicis, yo también estoy más adicta a la bicicleta. Los profes de la U se preocupan porque saben que cuando vengo para acá, hay un bikepark y de repente nos metemos a andar allá, pero hasta ahora no me ha pasado nada, es mi colorina de la suerte», dice Natalia sobre su pareja.
La también enfermera cuenta que, tras su problema de salud que derivó en una compleja cirugía intracraneal, se dedica a vivir el día a día. «Antes de que pasara lo de la cirugía, tenía todo planeado como para dos años en mi vida y de repente se cayeron todos mis planes. Así que dije: no voy a planear nada este año. Lo único que tengo planeado es el campeonato con la U y mi matrimonio», afirma.
Natalia y Caterina tienen pensada su boda para fin de año. «Nos casamos aquí en Chile en diciembre. Lo venimos pensando desde el año pasado y este año decidimos que sería una buena fecha, porque es previo a la Navidad y hay gente que vive fuera que justo va a estar. La mala suerte es que justo se me ocurrió raparme la cabeza, jajajá», cuenta Natalia.
Aunque en realidad, Campos sí tiene otros planes en el campo profesional: se encuentra cursando un diplomado en gestión deportiva. «Terminé mi MBA este año, en enero defendí la tesis. Y vi este diplomado, en gestión en la industria del deporte, también de la Universidad de Chile. Antes de que partiera, porque partió en agosto, había escuchado a la Dani (Zamora, delantera, su compañera en la U) que se iba a meter. Y como que me empezó a picar el bicho. Lo conversé en la casa y me apoyaron a que me inscribiera», relata.
«El diplomado dura cinco meses, termina entre diciembre y enero. Las clases son dos veces a la semana y hasta el momento me ha ido bien. Hice caso y me conseguí una agenda para anotar las cosas, lo que tengo para la semana, porque esa fue la única secuela que me quedó de la operación: de repente se me olvidan algunas cosas. Pero con la Dani nos hacemos compañía. Ella tiene mala memoria de por sí, así que juntas nos recordamos las tareas y las cosas que hay que hacer», dice Natalia.
«Ese fue el único síntoma que me quedó. Mis compañeras me hacen bromas, porque donde estaba el quiste era la zona de la memoria a corto plazo. Entonces ahora ando para todos lados con una agendita, por si se me van olvidando las cosas de la semana. Pero son cosas básicas, del día a día, que de repente se me van y se ríen de eso. Yo me caracterizaba por tener muy buena memoria. Ahora no me queda más que reírme», cuenta la futbolista.
«Pero dentro del partido, cuando se me dan las instrucciones estoy muy metida, muy concentrada y también las voy comunicando al tiro para que eso no vaya pasando (olvidar algo)», aclara Campos.
Antes de su cirugía, se hablaba de un posible pase a Suecia, al club donde jugó su amiga Daniela Zamora, el Djurgardens IF.
«La misma semana en que me diagnosticaron, había pedido hablar con Cecilia Pérez ese día, porque se me había adelantado el viaje a Suecia. Así que esa semana fue muy loca. El lunes me avisan de Suecia si podía adelantar el viaje porque la arquera titular se había lesionado. El martes tuve la hora con el primer neurocirujano y después fui el miércoles donde Fassler. Ahí fue cuando me dijo que me tenía que operar. Y después el jueves, que yo había pedido hablar con Cecilia, al final llego contando esta otra noticia. Esa semana fue fuerte. Tuve que avisarle al representante con el que estábamos trabajando, que al final no iba a poder ser».