Mujeres estadounidenses se están enrolando en movimientos islámicos por internet, de puro aburridas
Ya hay dos casos y marcan tendencia. Las autoridades están alarmadas, pues las féminas pasan piola.
«Soy inocente», dijo con un hilo de voz el jueves pasado, cuando el fiscal la acusó de haber «conspirado para respaldar efectivamente a terroristas», entre otros delitos.
Colleen LaRose, de 46 años, tenía la vista baja y vestía un buzo verde. Rubia, de ojos claros, con un look deportivo y oriunda de Pennsylvania, era una gringa de tomo y lomo. Nadie hubiera sospechado que tenía una conexión con el mundo islámico, menos con terroristas.
Y ahí está el dolor de cabeza de los servicios secretos de EE.UU., pues el caso no es aislado. Estas féminas, nacidas y criadas en el país del norte, pasan piola con sus oscuros propósitos, poniendo en peligro la integridad del resto de los ciudadanos, dice el diario «La Nación».
Esto «es una de nuestras peores pesadillas hechas realidad», opina Jerrold Post de la Universidad George Washington y autor del libro «La mentalidad del terrorista».
Colleen LaRose se dedicó por años a cuidar a su padre enfermo y en su Facebook escribía frases como «aburrida hasta perder el sentido». Fue así como navegando en internet decidió convertirse en una «vengadora del Islam», apodándose «Jihad Jane». Comenzó a reclutar a otras mujeres y se le acusa también de querer atacar al caricaturista sueco Lars Vilks, el del dibujo de Mahoma con turbante de bomba.
Un caso similar es el de Jamie Paulin-Ramírez (31), quien tampoco tiene conexiones familiares con Medio Oriente. Soltera y con un hijo, le dijo a su mamá que se iba al extranjero para casarse con un argelino que había conocido por internet. Pero fue detenida en Irlanda junto a otras personas ligadas a actividades terroristas.
«Se acabó eso de sospechar por apariencia. Los islamistas radicales quieren reclutar estadounidenses», dice el fiscal Michael Levy.
Los medios norteamericanos hacen hincapié en otro factor común: ambas tienen un historial de fracasos amorosos, una vida monótona y, según sus propios testimonios, se sentían insatisfechas.


