Bárbara Hernández, la Sirena de Hielo, cumplió promesa de chapuzón con su novio
Con la nevada cordillera de fondo y el agua cerca del punto de congelación, la nadadora contrajo matrimonio con Jorge Villalobos.
Fue un ritual de amor, y el amor es como el mar. La Sirena de Hielo Bárbara Hernández contrajo matrimonio en una íntima y espiritual celebración a la vida con su esposo Jorge Villalobos, que ha dado todo por seguirla y lograr que cumpla sus sueños.
Tras doce años de relación intensa sellaron la aventura de sus vidas en el lugar donde más significado tenía para ambos, la Laguna del Inca, a los pies de la cordillera de los Andes, donde Bárbara durante la última década se entrenó para ganar tres medallas de oro en el último Mundial de Aguas Heladas de Tallin 2024, en Estonia el mes de marzo pasado. A esa misma laguna se lanzaron este sábado en un jugado chapuzón para sellar sus nupcias en su estilo.
En una ceremoniosa reunión al mediodía con la laguna y las montañas de fondo, con cóndores sobrevolando, una calma única y un arco de flores emulando el altar, se concretó la unión con palabras que sacaron lágrimas entre los invitados.
Siempre te esperaré, en cualquier parte del mundo te seguiré. Buscaré que cumplas todas tus metas. Desde antes que fueras la Sirena de Hielo, fuiste mi amiga y compañera. Te amo', le dedicó Jorge (37). Bárbara (38) no hizo menos, le declaró su amor eterno y le agradeció por su incondicionalidad. ‘Eres mi lugar seguro, donde quiero volver a refugiarme. Eres mi escudo ante las adversidades', agregó Hernández con la voz quebrada.
El sol llenó de su energía y aura el momento del beso. Todos aplaudieron y luego se sacaron miles de fotos con la pareja, momento en que Bárbara lució su vestido de sirena color glaciar, con flores, alas, escamas y copos de nieve. Por algo es la Sirena de Hielo.
‘Se veía guapísima, eran sensaciones de alegría, de dicha, siempre hemos estado juntos, conectados. La veía subir y me daban ganas de ir a ayudarla, de acompañarla, siempre hemos sido así, siempre he sido su escudero en todas las aventuras que hemos tenido alrededor del mundo', comentó después su flamante esposo.
Bárbara Hernández gozó de todas las regalías del Hotel Portillo, que prestó sus dependencias para que ella hiciera su boda a su gusto, y después se emocionó al comentar su ritual en la naturaleza. ‘Para nosotros el amor es como el mar. A veces es perfecto, a veces desafiante, a veces tormentoso, a veces calmo y tranquilo. Con sol brillante como ahora, o con olas difíciles. Es único. El Lalo es mi mejor amigo, fue importante elegirnos, aun viendo lo peor de mí siempre está acompañándome, amándome. Me entiende', comentó.
‘Nuestro amor no es perfecto y eso es lo que lo hace lindo. Toda pareja tiene altos y bajos, pero tenemos una conexión tremenda de dejar los problemas de lado mediante las conversaciones. Hemos tenido situaciones muy estresantes, como el nado en la Antártida y eso nos ha unido más', agregó.
¿Y cómo se sintió con su vestido, Bárbara?
‘Vestido maravilloso, de parte de mi amiga Ximena Olavarría, una diseñadora tremenda. El vestido es único, creo que no fue algo que le pedí expresamente, pero me conoce hace muchos años. Siempre dije: que sea de sirena novia. Es todo glaciar, es todo agua. Yo andaba compitiendo en Calafate, Argentina, y ella me mandaba muestras, jajajá. Todos los colores, es todo a mano, todos los cristales, cada costura. Es una perfección que es demasiado linda. Es impresionante, es disruptivo pensando en las ceremonias por el civil, en nuestra Laguna del Inca. El color de la laguna es del vestido, es como una sirena de Frozen'.
¿Qué opina usted, Jorge?
‘No, no. Es ver una sirena caminando en la tierra. Yo no sabía nada, era parte de la sorpresa. Es precioso'.
La jornada se cerró a las 4.30 de la tarde cuando un grupo reducido de invitados acompañó a los esposos a darse un chapuzón en la laguna que los unió y preparó para sus gélidas aventuras. Tal como se casaron, se sacaron solo el calzado y entraron en las aguas heladas, desatando los gritos y aplausos de los presentes que los apañaron a una más de sus historias. La novia y el novio soltaron sus aletas nuevamente en la laguna helada.


