La reaparición pública de la Floribella chilena es la mejor noticia en meses.
No hay dolor más grande que el de perder un hijo. Lo digo porque ni siquiera uno se lo puede imaginar y esa incapacidad basta para dimensionarlo o acercarse algo a esa sensación.
Mariana Derderian ha reaparecido públicamente luego de lo sucedido ese fatídico 8 de mayo y es una noticia tremenda. De las mejores del año.
Nunca está de más preguntarse qué es lo que querría que hiciéramos y sintiéramos algún ser hermoso que pasó por nuestras vidas y por la vida. En lo personal, perdí hace unos años a un gran amigo, Alejandro, y suelo conversar con él de tanto en tanto.
Mantiene intacto su humor negro y ese entusiasmo que tenía por vivir. Era tanto que lo sigue haciendo. En mi recuerdo, el de su hija, el de su joven viuda, de sus hermanos, su sobrina y sus amigos. Así no hay cómo morirse. Es el inmortal sino de la gente especial. ‘Seres de luz' les llamaban antes del gran apagón.
El hijo de Mariana se llama Pedro. Y su caso lo asocio mucho con otro Pedro, Pedro Milagros, la criatura que desde el vientre de la valiente Javiera Suárez hizo que ella renunciara a la quimioterapia que combatía su cáncer para no dañarlo a él.
Pedro Aravena está logrando que florezca la vida en sentido inverso, pero no por eso menos prodigioso. Desde más allá de lo tangible está consiguiendo que su madre siga viviendo. Le manda fuerzas a cada segundo. La chantajea: le explica que si ella es feliz él también lo será.
Un saludo desde esta columna a Pancho, el padre de Pedro, a quien conocí cada vez que pasaba a ver a mis amigos de la desaparecida radio Oasis (y después dicen que no soy mufa.). Un tipo preparadísimo. Para el trabajo y para darlo todo por sus seres queridos. Casi da la vida. Casi se va con Pedrito. En esos casos no hay espacio para la duda ni tampoco para la razón. Lo suyo fue un acto de amor extremo.
A él Pedrito lo sigue abrazando. Hasta acá me llega el calor de ese sentimiento y más de una basurita está entrando en mis ojos pardos.
Hay veces en que alguien muere para quedarse. Y otras en que la gente se va y es como si nunca hubiera estado. El de Pedro es el primer caso. Y el de Mariana y Pancho también. Ahora son los alumnos de su hijo en este Magister en que los primeros ramos fueron la Nostalgia, la Pena y la Rabia. Hasta hubo un electivo de Culpa, pero no lo tomó nadie. Pedrito no dejó. Pedrito es de verdad.
Nunca he engañado a los lectores y esta no será la primera vez. Autodenuncia: nunca escribí esta columna. O sea, la digité, pero me la dictó otra persona. Adivinen quién.


