No se sabe cómo ni de dónde, asegura el fiscal Juan Carlos Rivera
Estaba con los jeans rasgados. Una de las zapatillas estaba como a unos metros de distancia, dice el hombre que lo encontró.
Mario Letelier y su vecino tratan de imaginar qué le pasó al joven que encontraron muerto la mañana del 28 de febrero, sobre el ripio de un estanque de agua, en Llolleo. Ninguno de los dos ha podido olvidar la imagen del cuerpo de Juan Pablo Mitjans. «Estábamos buscando agua porque se cortó después del terremoto», dice Letelier, de 38 años.
A las 11 los amigos subieron al sector Cristo del Maipo y en el camino revisaron las copas de agua que colindan con el Cementerio Parque del Sendero. No fue difícil, ya que el muro se había derrumbado después de la sacudida. «En la primera copa no había nada. Cuando llegamos a la segunda, vimos al cuidador del cementerio y le preguntamos si podíamos subir a la copa. Él nos dijo se van a llevar una sorpresita, pero no lo pescamos y subimos. Ahí estaba el joven. Fue muy fuerte», recuerda el transportista.
El hijo del empresario de licores, que había desaparecido el 23 de febrero desde la discoteca Ice de Santo Domingo, yacía sin vida y boca abajo sobre las piedras de la copa, a cuatro metros del suelo. «Estaba con los jeans rasgados. Una de las zapatillas estaba como a unos metros de distancia. Nos dio mucha pena porque se notaba que era jovencito», dice.
«La autopsia determinó que la causa de muerte fue un politraumatismo atribuible a una caída desde altura. No se sabe cómo ni de dónde. Las lesiones que presentaba no fueron imputables a terceros», explica el fiscal Juan Carlos Rivera.


