La nana de la película y el caso de la nana-quitasol de Concón
La actriz Catalina Saavedra piensa en todo caso que las empleadas no debieran aguantar maltratos.
Para la actriz Catalina Saavedra, la señora que aparece en la foto tendida en la playa cuan larga es y sumergida en insondables pensamientos gracias, en buena medida, a la sombrita que le prodiga su nana, no vio «La nana», la película, y si la vio, no entendió nada.
Si la hubiese visto, piensa la protagonista de «La nana», habría entendido que las nanas reales son personas y no la mera extensión de un quitasol que se entierra en la arena. «Yo aquí estoy viendo a una esclava y no me extraña para nada», dice Catalina.
La instantánea fue tomada la semana pasada en la playa Los Lilenes de Concón por la universitaria María José Mancilla, y a pesar de que hay quienes aseguran que se trata de una ilusión óptica (la sombrilla tendría una bisagra que permite inclinarla) o prefieren pensar que la empleada está muy bien remunerada y está feliz cuidando a su patrona, la mayoría cree que se trata de una desubicación algo abusiva. La nana de película es una de ellas.
«Fíjate que es muy típico», explica Catalina. «Yo una vez vi a una nana con uniforme en la playa detrás de una roca, que era la única parte con sombra que había, vigilando a unos niños que jugaban en la orilla, mientras los papás dormían a pata suelta», recuerda. «Ahora bien, creo que esto ya es como mucho. Las nanas debieran de vez en cuando decirle a su patrona oiga, esto de ser sombrilla yo no lo hago . Aunque de repente deben haber nanas que les gusta sujetar paraguas».
Ruth Olate, presidenta del sindicato de nanas, tiene una opinión algo distinta: «Lo que pasa es que la nana de la foto es de edad y nadie contrata una nana mayor de 50 años. La señora debe tener miedo a que la echen. Una nana joven renuncia y se busca otra patrona».


