Se hizo aficionado al asado hace cuatro años, en paralelo su mamá se hizo vegetariana
Ingeniero comercial de profesión, aún vive con sus padres. Repartió los armatostes por el patio, la terraza y el quincho.
«Tengo la suerte de que hay patio, entonces tengo tres puestas como medio fijas ahí, otra en la terraza y el resto, en el quincho», cuenta.
Lo más sorprendente es que es una colección más o menos reciente, no de años y años. Vamos un poco al pasado. Nervi siempre fue carnívoro, influenciado por su formación como rugbista y por una familia de «grandotes», como él mismo describe.
«En mi casa el peso promedio de los hombres es de unos 115 kilos», aporta el ingeniero comercial.
Cuando crecía, recuerda, era más común una plateada al horno o algún que otro ceviche. Pero hace unos cuatro años, mientras trabajaba en el banco Bice, su relación con la parrilla cambió: hizo un asado que no le resultó como esperaba y se sintió desafiado.
«Me enojé tanto que me obsesioné. Me compré un termómetro y empecé a aplicar toda la lógica que usaba como ayudante de cálculo en la universidad», confiesa.
Se gastó seis meses de su sueldo comprando carne hasta obtener el resultado perfecto. Todo ese proceso lo registró en su cuenta Instagram @sin_nervios.
Hoy es parrillero profesional, influencer de carnes y tiene la Banquetería Santa Margarita a medias con un socio. Nervi es el mayor de cuatro hermanos. Lucas, quien le sigue, fue medalla de oro en los Juegos Panamericanos en lanzamiento de disco.
«Cuando Lucas ganó, hicimos un asado para celebrarlo. Llegué a encender cuatro parrillas para atender a todos», rememora.
Ambos tratan de llevar una dieta alta en carne y baja en carbohidratos.
¿Cuenta las calorías?
«No es que las cuente, pero me gusta tener una noción. No sé si sabías, pero mientras más grasa tiene la carne, mejor es su calidad y su sabor. Como me estoy tratando de especializar en carnes muy pro, con muchísima más grasa, si como mucha grasa y arroz ya estaría infartado».
Entonces no come nada de carbohidratos.
«Trato de comer lo mínimo posible, obviamente. Si tengo, no sé, papas fritas enfrente, no puedo comprometerme con la mano en el corazón a que no me voy a comer ni una, pero trato».
¿Y la colección? Nervi es embajador de la marca de parrillas Weber, originaria de Estados Unidos. Allá es más común que gente coleccione parrillas, como acá hay gente que junta consolas.
«Cada vez que he avanzado en certificaciones, me regalan una parrilla y, a veces, por cosas de marketing, también me regalan. He acumulado 13; el resto está en la casa de mi socio».
¿Son todas de carbón?
«No. Tengo una ahumadora de pellets eléctrica, que es como lo último en tecnología de parrilla. Es como si fuera una estufa de pellets, pero eléctrica. Tiene un sistema operativo como un computador; puedes conectar cuatro termómetros que van del ahumador al pedazo de carne. La gracia de la parrilla es que se conecta al wi-fi de la casa y me transmite la temperatura en la que está. Muchas veces me iba a la universidad y dejaba pedazos de carne ahumándose».
La familia
A medida que la afición de Bruno Nervi por la carne se hizo mayor, hubo cambios en la dinámica familiar.
«Mi hermana menor quiso ser vegetariana. Mi mamá, para no tener que cocinar solo para ella o cosas así, también se motivó. Mi hermana dejó la dieta a la semana, pero mi mamá continuó. Esto coincidió con el momento en que empecé a hacer muchos asados. Me da risa la ironía».
¿Qué le prepara a su mamá?
«Hacemos mucho brócoli en la parrilla. Como las parrillas son tapadas, generan convección o efecto horno, y eso hace que quede muy bueno. Las hojas quedan crocantes y el tallo, como un espárrago. También hacemos al tatemar los pimentones, que es básicamente quemarles la capa externa, con una técnica mexicana que después convierto en una salsa y queda muy rica».
¿No fue como que su mamá se haya aburrido de tanta carne y decidió rebelarse?
«Mi teoría es que fue una suma de cosas. Ella no lo dice así, obviamente, pero como le gustan mucho los animales y la naturaleza, quizás la saturó tanta carne. Ella siempre había comido carne, aunque nunca fue súper aficionada, pero ahora que tiene un hijo parrillero, ya no lo hace. Es irónico».
¿Su papá ahora confía plenamente en usted para los asados?
«Miti y mota. Cuando hacemos asados con más personas, me deja a cargo. Pero si estamos parrillando los dos un domingo, igual se mete y yo ya no me enojo. Antes teníamos parrillas sin tapa, que son mucho más descontroladas y es más difícil que quede perfecto, pero ahora es mucho más fácil que la carne quede bien».


