Exoesqueleto hará más segura la caminata lunar
El sistema entrega soporte y facilita la recuperación del astronauta, después de una caída.
Mientras la Nasa se prepara para las próximas misiones Artemis, que llevarán nuevamente a la humanidad a la Luna, tras 55 años, ingenieros del MIT desarrollaron un innovador exoesqueleto llamado SuperLimbs. Este sistema robótico mejora la eficiencia de los astronautas al caminar en la baja gravedad lunar y facilita la recuperación tras caídas con menor esfuerzo, lo que incrementa su movilidad y seguridad durante las misiones.
Soporte
Durante las misiones Apolo, caídas frecuentes dificultaron la recolección de muestras y otras tareas, por la gravedad lunar. Ahora, con los SuperLimbs, los astronautas podrán mantenerse de pie con más facilidad, lo que reducirá la fatiga y aumentará la productividad en misiones extendidas. El debut del exoesqueleto espacial está pronosticada para la misión Artemis II en 2025.
El sistema consiste en dos brazos robóticos que se despliegan desde una mochila y funcionan como una extensión del cuerpo del astronauta. Gracias a un software que sigue los movimientos del usuario, los brazos brindan soporte y facilitan la recuperación, después de una caída, lo que permite que los astronautas conserven energía para tareas más demandantes. Francisca Contreras, divulgadora del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, explica que el sistema de estos brazos consiste en brazos robóticos que se despliegan desde la mochila de soporte vital del astronauta, lo que facilita tareas tan simples como ponerse de pie. «Aunque para nosotros puede parecer algo natural, en el espacio la energía es un recurso vital, y es crucial optimizar su uso», dice. «Además de ayudar en la movilidad, estos brazos permiten manipular herramientas, excavar el terreno y recolectar muestras, e incluso realizar tareas más complejas, como la construcción de una base lunar», añade.
Ergonómicos
Los brazos están diseñados para maximizar la eficiencia energética, algo crucial en un entorno como la Luna, donde los astronautas tienen recursos limitados. El sistema se basa en un modelo ergonómico que imita los movimientos humanos, lo que permite que su uso se vuelva intuitivo con el tiempo. Jennifer Anguita, astrónoma y encargada del Programa de Ciencias del Museo Interactivo de Osorno, señala que no existen grandes diferencias en el diseño de estos exoesqueletos respecto a los utilizados en la Tierra, ya que ambos buscan reducir el esfuerzo físico necesario para realizar ciertas acciones: «En la Tierra se utilizan principalmente en medicina, especialmente para terapias de movilidad reducida o para personas que no pueden caminar de manera natural».
En la Luna, la gravedad es mucho menor que en la Tierra, lo que hace que las tareas físicas sean más difíciles para los astronautas. A esto se suma el peso y la rigidez de los trajes espaciales, lo que complica acciones simples como caminar o levantarse tras una caída. Francisca Contreras, astrónoma del Departamento de Astronomía de la Universidad de Chile, añade: «En la Luna, cada actividad que realizan los astronautas requiere un esfuerzo físico adicional por el traje y el equipo que llevan, lo que aumenta el riesgo de caídas. Estos brazos ofrecen un soporte fundamental al ayudarlos a levantarse con menos esfuerzo y a conservar energía», advierte. «En un entorno donde el polvo es peligroso y el traje puede sufrir daños, contar con esta tecnología puede marcar la diferencia en la seguridad y eficiencia de las misiones lunares», agrega.
«Es como si una fuerza extra se moviera contigo. Imagina que llevas una mochila y alguien te agarra por la parte superior y te levanta. Con el tiempo, se vuelve algo natural», explicó Erik Ballesteros, ingeniero del MIT tras probarse el prototipo.
Caídas
Durante las misiones Apolo, que comenzaron con el Apolo 11, compara José Maza, Premio Nacional de Ciencias Exactas, los astronautas no contaban con ningún sistema que les ayudara a evitar caídas o a levantarse con mayor facilidad si se caían. «En las grabaciones de esos seis viajes, podemos ver que efectivamente sufrieron varias caídas. En total, 27 astronautas cayeron al suelo, y levantarse no era tarea sencilla, ya que llevaban mochilas con un peso considerable en la espalda, lo que dificultaba el proceso», explica.


