Mira su enorme vientre y lo acaricia una y otra vez. Jazmina Urbina se acomoda en la cama en la que lleva dos meses esperando a que sus hijos nazcan: Ariel, Alonso y Agustín. La mujer, de 27 años, está ansiosa porque sus trillizos no solo son parecidos, sino que son exactamente iguales, una copia.
«Yo quería tener un varoncito, porque ya tenía una niña de cuatro años. Quería un hermanito para mi hija, pero Dios se fue al chancho. Me mandó tres hermanos», musita medio divertida Jazmina, intentado contar cómo le pudo ocurrir esto de tener tres hijos genéticamente idénticos.
Los niños cumplen hoy 34 semanas de gestación y a las 08.30 horas está previsto que el doctor Mauro Parra los saque del vientre materno.
Su médico le explicó hace rato que ella tiene un embarazo monocorial, es decir, cuando su óvulo fue fecundado por el esperma de su pareja, éste se dividió en tres. Una maravilla.
La probabilidad de tener tres hijos iguales es de una en un millón de casos. El único rasgo que diferenciará a estos niños serán sus huellas digitales.
Le falta el aire a Jazmina. Se da unos momentos para hablar un poco y después descansar.
– Tú planeaste el embarazo.
– Sí. Yo quería un niño y dejé de tomar las pastillas anticonceptivas. Quedé embarazada altiro. Tuve un atraso en la menstruación y me hice una ecografía y resultó que tenía siete semanas de gestación.
– Ahí te dijeron que eran tres.
– Después, a las 14 semanas supe que eran tres. A mi pareja le dio depresión cuando le conté, porque es impactante. ¡Si vieras cuando me patean la guata.! Yo veo cómo mi piel se mueve. Los pobrecitos ya no tienen espacio y yo casi no puedo moverme. Si quiero ducharme, me tienen que llevar en silla de ruedas. Mi guata es muy pesada, me llega a la altura de las piernas.
– ¿Te dio algún antojo especial?
– No, ninguno. Tengo acidez todo el día y me falta mucho el aire. Yo no he engordado tanto, sino que es la guata. Al lado derecho tengo dos y al izquierdo tengo el otro. Piensa que ellos comparten la misma placenta. Mis niños están sanos y solo espero que nazcan sin problemas.
– ¿Te han regalado algo?
– Les compré algo de ropa, pero no mucho más porque los doctores al comienzo me decían que quizás mis niños no sobrevivirían. Pero ellos están bien. Yo quisiera pedirle a la Presidenta Bachelet si me puede regalar de esos ajuares que dan en los hospitales públicos. Mi pareja trabaja en una empresa subcontratista en telecomunicaciones; vivimos en Pudahuel y el gasto será muy grande. Estábamos viendo si podíamos encontrar un coche triple, pero no lo hemos encontrado.
– ¿Cómo estás para la cesárea?
– Nerviosa, ansiosa, pero súper confiada en que si estoy viviendo esto es porque Dios así lo quiere. De verdad, solo pido un poco de ayuda para ellos.


