Los europeos habían sido arrestados el jueves, cuando le daban rienda suelta a su inclinación artística, dibujando con spray en dos vagones del Metro de Valparaíso, Merval. La escena trajo a la memoria al japonés que estampó su nombre en un moai o al finlandés que quería llevarse a su casa una oreja de las estatuas pascuenses, entre otras atrocidades culturales.
A través de un comunicado, la empresa aclaró que un vigilante los vio haciendo graffitis entre las estaciones Francia y Bellavista. «Ingresaron sin autorización a la propiedad de Metro Valparaíso, dirigiéndose a uno de los trenes estacionados y procedieron al rayado del material rodante con pinturas», detalla el comunicado.
Junto con los daneses había tres «amigos» chilenos, que fueron más rápidos y escaparon corriendo del lugar. Cuando llegaron los carabineros de la Segunda Comisaría de Valparaíso, atraparon solamente a los dos visitantes escandinavos.
El mayor de Carabineros Cristian Herrera apuntó que ambos reconocieron haber realizado los rayados y que en su poder tenían ocho latas de spray azul. Ya en el tribunal, el fiscal José Miguel Subiabre los formalizó por daños simples.
Lo curioso vino después y significó que la audiencia, que normalmente no se extiende por más de 15 minutos, tomara una hora. Tal era la urgencia de los daneses por salir de Chile, que llegaron a un acuerdo reparatorio con la empresa. Aceptaron pagar la friolera de mil 500 euros (alrededor de un millón 93 mil pesos) para solucionar el tema.
Como el Ministerio Público no se opuso y el tribunal también estuvo de acuerdo, la salida alternativa fue aprobada. Pero faltaba la parte crucial, que era cómo iban a pagar esa cantidad.
Según explicaron en la fiscalía porteña, uno de los turistas ofreció traspasar la suma desde su cuenta bancaria en Copenhague hacia la cuenta de Merval, en un banco nacional. Como estaba formalizado y no podía salir del tribunal, el traductor ofreció su notebook, que muy diligentemente tuvo que ir a buscar a su oficina.
La sorpresa vino cuando se supo que la entidad bancaria europea no permitía realizar operaciones en otro continente, por lo que esa idea quedó abortada. Los daneses volvieron a la carga. Realizaron un traspaso a una sucursal de España, que a su vez lo derivó a una cuenta de la filial chilena. Obviamente que tuvieron que esperar el ajetreo de códigos, números de cuenta y verificaciones, lo que alargó el trámite.
Después de todas las peripecias, el cónsul de Dinamarca en Valparaíso, Jens Kronborg, dijo escuetamente que sus compatriotas «fueron liberados».
¿Cómo andan en casa?
En la Danmarks Radio, la corporación de radio y televisión pública de Dinamarca ( www.dr.dk), apareció publicado en noviembre pasado que los vagones del Metro de Copenhague estaban siendo recubiertos con una placa de aluminio, para que fuera más fácil limpiar los graffitis.


