Una excusa tras otra debió dar ayer la actriz Adela Calderón al juez Ponciano Sallés. La recordada mujer del comercial de arroz con leche había llegado a implorar en el tribunal que le cambiaran el arresto domiciliario nocturno al que está obligada, tras haber sido detenida con cien gramos de cocaína. Su excusa tenía que ver con una oferta laboral en El Quisco, donde actuará en una carpa.
«Necesito trabajar», le explicó al juez, antes de que la fiscalía alegara que ella dejó de cumplir una noche de su arresto. Adela Calderón aseguró que «esa noche salí a auxiliar a una vecina a la que le dio un infarto».
El juez estimó que la solicitud de la actriz para trabajar era positiva, pero antes de dar su decisión lanzó una pregunta. «¿Qué estaba haciendo usted el otro día en la Cuarta Comisaría?», inquirió. Adela Calderón no tuvo más que reconocer que la habían pillado y dar una nueva excusa. «Fui a pedir permiso para ir a hacer la función de una obra, para el Santiago a Mil», dijo y admitió que intentó llegar a un acuerdo con los carabineros para que no la delataran, por no estar en su casa entre las 22 horas y las 6 de la mañana, tal como lo ordenó un tribunal. Ella aseguró que los policías se negaron a ayudarla.
El juez, que había reconocido a la actriz en la comisaría, le reprochó la actitud. «Carabineros no tiene nada que autorizarle y sabrá usted que en este caso habría sido muy difícil ocultar la situación si al día siguiente el fiscal toma el diario y ve Increíble actuación de Adela Calderón «, le explicó, antes de darle permiso para que se fuera a hacer shows al litoral.


