Las pruebas nucleares las hizo el gobierno galo en el desierto de Argelia entre 1960 y 1966
La mayoría sufrió enfermedades posteriores. Documento fue revelado por diario.
«Me cortaron la nariz, pero no la lengua», aclara Lucien Parfait. Este furibundo francés es uno de los 4.800 miembros de la Asociación de Veteranos de los ensayos nucleares, que hace años lucha para que sean reconocidos los enormes daños que sufrieron en estas pruebas.
Las estadísticas son lapidarias: 35% de ellos ha sido víctima de distintos tipos de cáncer, 55% presenta otras graves enfermedades y sólo el 10% goza de buena salud.
Pero su falta de pruebas ya es historia. «Le Parisien» acaba de difundir un polémico informe sobre los ensayos nucleares realizados por Francia en el desierto de Argelia, entre 1960 y 1966, bajo el mandato del presidente Charles De Gaulle.
Para estupor de los galos, el documento dice que el 25 de abril de 1961 un grupo de 300 conscriptos franceses fue deliberadamente expuesto a la radiación para «estudiar los efectos fisiológicos y sicológicos del arma atómica en el hombre».
Veinte minutos después de la detonación, los soldados salieron de su refugio, ubicado a 3,5 kilómetros del lugar. Iban provistos sólo de mascarillas para polvo, ya que la de gas «entorpece las comunicaciones y reduce en un 50% la velocidad de avance de las tropas», decía el informe, escrito en 1998, año en que se hizo el último ensayo nuclear francés.
Algunos soldados fueron escogidos para ir al temido «punto cero», porque sus jefes habían sido advertidos de no acercarse al peligroso epicentro. Nadie les dijo del daño al que se exponían. Sólo lo corroboraron años después, cuando comenzaron a presentar serias secuelas.
Sin compensación
Lucien Parfait era uno de esos reclutos: «Algunos están muertos. Yo tuve cáncer en el rostro y siempre me aseguraron que esa bomba no tenía nada que ver. No tuve derecho a ninguna compensación económica».
Otro veterano-víctima fue Guy Peyrachon: «25 años después desarrollé nódulos en la tiroide y crisis de epilepsia que me impidieron trabajar. Mi hijo también tuvo cáncer a la tiroides y temo por mis nietos».
«Nos usaron de la manera más vil, pero lo peor es que nos olvidaron. Ni siquieran hicieron un seguimiento de nuestra salud para sus experimentos», se quejó amargamente Lucien.
Consultado sobre el informe, el ministro de Defensa, Hervé Morin, dijo no conocerlo, pero aclaró que «las dosis recibidas en los ensayos eran muy débiles».


