Claudio Orrego es un político de antes, o de siempre; Francisco Orrego es la nueva política, esa que se hizo fuerte odiando justamente la política.
Comparten el apellido, pero en todo el resto son distintos. Claudio Orrego es parte de una dinastía política, y es un hombre que ha pasado por todas las esferas del poder, aunque le ha tocado también vivir decepciones y dolores. Francisco Orrego no ha ejercido cargo alguno, pero se hizo fuerte en las asambleas de la Escuela de Derecho y luego en los paneles de televisión.
Claudio Orrego sonríe incluso cuando está triste; Francisco Orrego, en cambio, siempre está enojado, aunque use en contraste con su profunda preocupación camisas floreadas abiertamente tropicales. Claudio Orrego, aunque independiente ahora, ha militado toda la vida, mientras que Francisco Orrego no ha conocido otra lealtad que la lealtad con su propia fama. Claudio Orrego quiere convencer a la gente, aunque eso mismo lo aleje; Francisco Orrego quiere ganarle a un contrincante imaginario o real. Quiere impresionar, despotricar, dejar al rival pidiendo agüita.
Claudio Orrego es un político de antes, o de siempre; Francisco Orrego es la nueva política, esa que se hizo fuerte odiando justamente la política, es decir el arte de vivir juntos. Es eso lo que resulta cada vez más difícil, imposible o improbable, la idea de que la coincidencia de apellidos entre esos dos candidatos no es sólo una coincidencia, porque al final, llevemos el apellido que llevemos, seguimos siendo hermanos o al menos primos.


