Disipadores sísmicos protegieron los 52 pisos y sus 190 metros de altura
El ingenio estructural permitió que el 30 por ciento de la energía del terremoto se liberara como calor y no en paredes o vidrios.
Los que se asustaron porque su departamento se movió con fuerza durante el terremoto, sepan que el piso más alto del mayor edificio de Chile, la torre Titanium, se desplazaba 90 centímetros hacia un lado y luego 90 centímetros, es decir 1,80 metros de movimiento pendular, que duraba un segundo en ir y venir.
¿Cómo entonces no se quebró ni un solo vidrio? Gran parte de esto se debe a que la construcción tiene instalados unos disipadores sísmicos que fueron capaces de absorber el 30 por ciento de la energía con que el movimiento telúrico azotó a la torre.
«Son una crucetas, o sea unas equis que van en la estructura. En el centro de la equis hay unos bimetales que transforman la energía del temblor en calor y cada uno se calienta hasta unos 90 grados. Y ahora funcionaron perfecto, porque hasta se tostó la pintura», contó Víctor García, gerente general del proyecto Titanium.
El edificio tiene 21 de estos disipadores que miden casi diez metros de alto y les costaron a la constructora 300 millones de pesos «que están archipagados, porque nos dan una seguridad tremenda y esto ya no es teoría, ya los vimos respondiendo el sábado».
La estructura la desarrollaron y construyeron en conjunto entre la inmobiliaria Senerco, que fue la que levantó la torre, y el profesor del Departamento de Ingeniería Estructural y Geotécnica de la Universidad Católica, Juan Carlos de la Llera.
Como anécdota, Victor García contó que durante la construcción, los maestros bautizaron a estas estructuras como «tu hermana», a la mitad de arriba, y «tu prima», a la parte de abajo, al verlas como una abstracción de mujeres con sus piernas separadas.
«Eso nos facilitó las cosas, porque no le iba a andar preguntando a un maestro, si está lista la mitad superior del disipador sísmico, simplemente le pregunto cómo está tu prima», comentó.


