A exactos 25 años del último sismo, Milena Gjutanovic recuerda esa noche del horror
Fue el edificio símbolo de ese desastre y ella compara: El de ahora fue tres veces peor, un acabo de mundo.
Postal inolvidable del terremoto de 1985: el edificio El Faro de Reñaca Alto que quedó tal como la famosa Torre de Pisa. Ladeado, inestable, hubo que demoler. Tres familias vivían allí, y como el inmueble era nuevo, un litigio intrincado, millonario, determinó indemnizar a los propietarios tras diez años de lucha.
Para Milena Gjutanovic todo es como si fuera ayer. «Yo fui la que se cayó con escalera y todo del tercer piso de ese edificio», dice ahora en su departamento en Vitacura. Y justo hoy, a 25 años exactos de ese domingo 3 de marzo, confronta: «Pero ni se compara ese terremoto con este reciente. ¡Si ahora parecía que se acababa el mundo!».
Milena recuerda que su marido, Juan Videla, estaba probando la llave para la chapa recién cambiada de este nuevo edificio de Reñaca que tenía una vista maravillosa al mar. Y que cuando llegó el terremoto la puerta de cristal le explotó encima. «Yo estaba en el tercer piso y como mi marido estaba en el primero, quise bajar. Pero qué, me caí con escalera y todo. Las ventanas volaban. Incluso le hicieron tira las piernas a una niña del quinto piso que estaba abajo, la hija del dueño del Dominó (la fuente de soda). Tuvimos que trepar por los escombros después y escapar. Fue una cosa espantosa», evoca.
A pesar de todo, los Videla-Gjutanovic pudieron salir con vida, ilesos, pero los dos departamentos que tenían allí no servían más. «El dueño del Dominó y nosotros fuimos los únicos que defendimos el departamento. Porque hubo un momento en que se dijo que ese edificio se podía arreglar. O sea, que no se cayó, sino que se escoró nada más».
-Fue el símbolo de ese terremoto, por su mala construcción.
-Es que había intereses creados del señor de la constructora…
-Que era juez, entiendo.
-Sí, claro, y yerno de Eugenia Garrido, la que entregaba las gaviotas en el Festival de Viña del Mar.
-¿Cómo fue ese juicio?
-En primera instancia perdimos el juicio del departamento. Nos defendió Enrique Barros. Luego, la universidad de Berkeley dijo que realmente estaba mal construido y nos tuvieron que indemnizar después de diez años.
-¿Cuantiosa indemnización?
-Bastante buena, porque mi hija se pudo comprar una casa.
-Y este terremoto 25 años después, ¿cómo lo vivió?
-Este fue tres veces peor que ese. Te digo honestamente. Nosotros en el cuarto piso con mi marido no nos podíamos parar. Sentí que me sepultaban con la torre y todo y que me iban a tener que reconocer por las manos. Acabo de mundo.
-¿Sin daños?
-Mira, estos departamentos son viejos como yo, han pasado los tres terremotos y ni siquiera tienen una grieta. Ni una ventana se cayó.
-Más susto, pero sin daños. Una paradoja ¿no?
-Así es.


