A 50 años del sismo más grande registrado en la historia, revelan estremecedores relatos
Bailando al ritmo de Juan Luis Guerra en un cumpleaños estaba Felipe Araya, en Valdivia, cuando a la Tierra le dio por sacudirse en febrero pasado. Pero a diferencia de los chilenos que pasaron el susto de sus vidas con el terremoto, este diseñador industrial cuenta que lo disfrutó.
«Es un fenómeno natural impresionante, me dediqué a sentirlo, a experimentar todo lo que he estudiado del gran terremoto de 1960, como si lo hubiera estado esperando», dice.
A finales del 2008, Araya comenzó la tarea de buscar la mayor cantidad de recuerdos del terremoto de 9,5 grados Richter que afectó a Valdivia el 22 de mayo del 60. «La idea era generar un conocimiento colectivo, refrescar la memoria, ver el impacto en la reconstrucción de la memoria y rescatar el patrimonio local», explica el master en diseño y espacio público. A los meses, Araya le pidió ayuda al antropólogo Jaime Hernández y juntos comenzaron a hurguetear en los baúles de la gente.
Hicieron jornadas de recolección de fotografías. En una de ellas, Ana María Labbé llegó con inéditas imágenes de la ciudad post sismo. En una se puede ver cómo quedó el puente del río Calle Calle. La gente, al lado de las grietas, se hace insignificante. En otra foto, las casonas de la calle García Reyes aparecen como si hubieran salido expulsadas de una lavadora. También hay retratos del desastre del río Riñihue, que se desbordó, y dejó a los botes navegando en las avenidas.
Una de las escenas más impresionante es la de los rucos, las mediaguas de la época. «Fueron las habitaciones que se les dio a los damnificados, hechas de madera y lata, sin suelo. La imagen fue tomada desde el aire y es una de las pocas a color de ese año. Estamos tratando de averiguar quién la tomó», cuenta Araya.
-Ahora toma más fuerza el proyecto.
-Sí, se reformuló. Busca ser una herramienta para el aprendizaje y de reflexión para la toma de conciencia de nuestra realidad sísmica como país. La conmemoración consta de tres partes: desde el 22 de abril se abrirá la página www.terremotovaldivia.cl para compartir relatos y fotos. En junio se lanzará el libro «La Hazaña del Riñihue» y a mediados de mayo se realizarán intervenciones expositivas en los espacios públicos, como gigantografías de rucos y fotografías.
«La gente se abrazaba a los árboles»
El fuerte relato de Homero Abarzúa
En 1958 Homero Abarzúa Aguilar, funcionario del Servicio de Telégrafos del Estado, fue trasladado a Valdivia. Allá le tocó vivir el terremoto más grande de la historia y su testimonio se puede escuchar en www.terremotovaldivia.cl. «Yo estaba trabajando. Primero vino un sismo fuerte, se cayeron las ampolletas, saltaron las chapas de las puertas. Tratamos de arrancar, pero pasó y nos devolvimos a seguir trabajando. A los cinco minutos viene el terremoto. Se cortó la comunicación. Tratamos de arrancar, se agrietaron las murallas, se partieron los ladrillos, las puertas se cerraron, no teníamos cómo salir. Estábamos en un segundo piso. El sismo nos tiraba de una muralla a otra, nos levantaba, parecíamos una pelota. Ya veía que el edificio se caía. Duró como 4 minutos con una intensidad de 11,5 en la escala de Mercalli. La gente estaba abrazada a los árboles, las casas se caían».
¿Dónde estaba usted?
«¿Dónde estaba para el terremoto del 60?», fue la pregunta que Araya y Hernández les hicieron a los valdivianos para que refrescaran su memoria. «Estaba pololeando», «haciendo empanadas»»Estaba en la guatita de mi mamá», fueron algunas de las respuestas que escribieron en un cartel, justo una semana antes del terremoto del 27 de febrero, los transeúntes que se encontraron con el curioso stand en la calle. La acción se repetirá.


