Hay un halo maldito en Plaza Italia, se huele allí algo satánico, maléfico, un estigma que sólo un gran abismo, como el agujero de Guatemala, eliminaría para siempre
Señor Dios, Tú, que por alguno de tus muy infinitos y misteriosos designios abriste un agujero de treinta metros de diámetro, el que se tragó literalmente tres casas y arrastró a las profundidades al menos a dos personas en la ciudad de Guatemala, ¿por qué no te dignas a repetir esta bella y divina proeza en ese vilipendiado centro de agrupación de vándalos y flaites e insalvable barrera social que es nuestra nefanda Plaza Italia?Sabemos que esta clase de milagros ya los has realizado, con éxito y más o menos frecuentemente, en Florida, Texas, Alabama, Missouri, Kentucky, Tennessee y Pennsylvania, según nos enteramos por datos facilitados por el Servicio de Vigilancia Geológica de Estados Unidos. ¿Por qué todo, Señor, va a ser sólo para ellos? ¿No tenemos derecho acaso los chilenos a una clara señal Tuya?
Exactamente algo similar al agujero de Guatemala es lo que nosotros hoy humildemente te pedimos: un hoyo de ésos, mucho mayores que la media conocida, y cuya forma circular los geólogos que han examinado el fenómeno aseguran que es perfecta. Se da la casualidad de que son justamente las medidas y la forma de esa maligna y pecaminosa plaza, donde el espíritu humano es poseído por el Malo. No queremos cualquier hoyo: queremos uno igual que el de Guatemala. Además, sabemos que Tú, Dios nuestro, abres otros agujeros gradualmente y a medida que el subsuelo se va erosionando por la humedad, mientras que el de Guatemala pertenece a la categoría de los que se abren de forma súbita e impredecible. ¡Precisamente ése es el milagro que los santiaguinos necesitamos de Ti!
Hazlo de la noche a la mañana y sin aviso. No te pedimos que te lleves a nadie a las honduras: ni putitas, ni punketas, ni travecos. A nadie. Todos servirán a tus propósitos de algún modo raro, imaginamos, y respetamos como nadie tus insondables y magníficos misterios, no siempre al alcance de nuestra pobre condición humana. Hazlo, por ejemplo, mañana viernes, a la hora en que se juegue el partido entre la Roja de todos y España (no se nos ocurre otro momento mejor que durante los primeros cinco minutos de ese esperado match), ya que no andará nadie por ahí, ni los curados.
Hay un halo maldito en ese sitio, se huele allí algo satánico, maléfico, un estigma que sólo un gran abismo, sólo como los que Tú sabes hacer tan magistralmente, eliminaría para siempre. Líbranos de más violencia, de más barbarie, de más cogoteos, de más carabineros a caballos por sí o por no, libéranos con tu abismo de más divisiones sociales, que ya tenemos bastantes en Chile.
Nos comprometemos a poner al general Baquedano y su garboso caballo Diamante en un sitio bonito, con árboles de troncos pintados de blanco, onda Regimiento de Caballería de Quillota. Y junto al gran cráter, tenlo por seguro, tu angelito italiano seguirá conviviendo con el león por los siglos de los siglos. Te lo rogamos, Señor, porque no vemos otra solución a esta vergüenza que nos tiene a todos hasta el divino níspero.


