«Este país tiene un machismo medio aguachento»

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Jorge Marchant y las trancas nacionales que refleja en El ángel de la patria

En la novela, que transcurre después de la Guerra del Pacífico, el ex autor de teleseries deja como chaleco de mono a una sociedad en eterna adolescencia.

Dos años de trabajo sin apuros le significó a Jorge Marchant escribir «El ángel de la patria», que este miércoles lanza en Santiago. Se trata de una novela histórica que roza hitos de manual y que escarba en las turbiedades y vicios de una sociedad adolescente y en formación.

«La investigación que hice está al servicio de una narración directa, de ahí su brevedad, regida por sentimientos», describe el autor de pretéritos éxitos televisivos como «Loca piel», y adaptador de «Bellas y audaces» y «Estúpido Cupido», entre otras teleseries.

-La historia parte luego de la Guerra del Pacífico. Chile era un país eufórico.

-Con un triunfalismo tremendo. En alguna medida correspondía celebrar, pero el nacionalismo se transformó en un sentimiento de superioridad frente a nuestros vecinos vencidos.

-Una creencia que con los años se enquistó.

-Se habla mucho del carácter guerrero de Chile. Diez años después de la Guerra del Pacífico nos metimos en otra guerra, peleando entre nosotros en la Guerra Civil del 91. Nunca fuimos tan pacíficos y estamos al filo del salvajismo, como lo demostramos un par de veces en el siglo 20.

-El libro reseña el nacimiento de los poderes nacionales.

-Es un punto fundamental. Es el choque que se produce entre el Estado y la Iglesia. La separación de los poderes marca el tema central de la novela. El asilo para huérfanos de la guerra provocó grandes escándalos porque no hubo sólo huérfanos y se le echó la culpa a la Iglesia por profitar de un dinero que no le pertenecía.

-Ángel, el protagonista, ¿es un compendio del chileno medio?

-Es un reflejo de nosotros como sociedad. Es oscuro, solapado, débil y actúa a la sombra de los personajes femeninos. Aquí, son mucho más fuertes que los hombres. Este país tiene un machismo protegido por el matriarcado, aunque es un machismo medio aguachento de repente, lo que no nos hace ser lo suficientemente fuertes como sociedad.

-Expone lo escondido debajo de las alfombras.

-Lo que más me apasionó fue darle a la Guerra del Pacífico con una mirada familiar, con pasiones devastadoras, adulterio, casi incesto, caracteres extremos, pero heredados por miles de años de la tradición humanista.

-Aparece hasta una nana peruana a fines del 1800.

-Hay guiños a la sociedad peruana. Están presentes porque forman parte del conflicto. Vargas Llosa en «La señorita de Tacna» relata los abusos de los chilenos con las mujeres peruanas. Ahora, la situación es distinta porque estamos viviendo con un fuerte contingente peruano, al que tratamos mal. Pareciera que no hemos cambiado mucho. Nuestra sensación de cierta superioridad no nos deja muy bien parados.

-¿Es muy distinto escribir una novela histórica y hacer teleseries?

-Son totalmente diferentes. El trabajo en televisión es práctico, rápido y sin reflexión del tiempo narrado. Es cosa de ver el «Martín Rivas», de TVN. No hay profundidad. La novela de Blest Gana se desarticuló con anécdotas intrascendentes.

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