Garito, Ale, Benjamín, Palmacochi, Chulito y Vicente saludan a los cracks
¿Por qué no le dices a mi papá que se venga y que después se vaya al Mundial?, le dice Garito Medel a su mamá Alejandra.
Sólo después de cuatro años el pequeño Alejandro pudo decirle papá a Gary Medel. No era una cuestión de falta de afecto lo que el Pitbull de la Roja estaba cosechando con su hijo, sino la consecuencia de una lesión congénita a los oídos que le impedía entender el mundo.El Ale, como le dicen a ese muchachito que es tranquilo como un sol y más ordenado que su hermano gemelo Garito, hoy entiende eso y mucho más gracias a audífonos y al tratamiento médico que el mismo Medel se encargó rápidamente de cubrir.
Ahora Alejandro sabe que tiene un papá al que le piden fotos cuando los lleva a él y a su hermano de la mano por las calles de Puente Alto. También entiende que, por alguna extraña razón, desde un tiempo a la fecha lo tiene que ver sólo por la tele.
«Cuando vamos al supermercado le gusta ir al pasillo donde hay productos donde aparece Gary y los toma», cuenta Alejandra, quien hizo padre al Pitbull tras cinco años de pololeo. En eso se arranca Garito, que el martes está de cumpleaños, llega desde la cocina con un vaso de plástico y un plato en que aparece el jugador, considerado uno de los más fieros de la Roja.
«Garito me dijo ‘mamá, por qué no le dices a mi papá que se venga y que después se vaya al Mundial'», agrega Alejandra.
Estos sentimientos se multiplicarán hoy en Sudáfrica, entre los seleccionados que tienen hijos. La lejanía ha sido asfixiante para las familias y las comunicaciones han sido por computadoras que los muestran a través de cámaras webs. Un sacrificio que esperan tenga una nueva recompensa mañana contra los suizos.


