Ex ministro Andrés Velasco le retiró el saludo
Michelle Bachelet los juntó pero jamás estuvieron de acuerdo. Esta semana salieron del clóset político, uno peló al otro y el aludido no le dio la mano en una reunión de camaradería de ex secretarios de Estado.
Justo a la hora convenida Francisco Vidal entró al restorán El Divertimento, a los pies del cerro San Cristóbal, como invitado a la comida de ex ministros de la Presidenta Michelle Bachelet. Fue el primero en aparecerse por el comedor reservado y saludó a los comensales que iban llegando atrasados mientras tomaba el aperitivo.Cuando la convocatoria estaba casi completa, apareció el hombre de la noche: Andrés Velasco, el ex ministro tincudo y marido de la periodista Consuelo Saavedra. No llegó solo, lo acompañaban las cámaras y flashes de todos los medios. Parado a la entrada, Vidal era el primero al que debía saludar, pero Velasco siguió de largo. Es cierto que Vidal no hizo el gesto de estirar la mano, pero el desaire fue evidente. El hombre de hablar mandón confiesa que se sintió incómodo. «Por la tensión brutal que se generó, pero siendo sincero no esperaba nada (de Velasco)».
Mientras Velasco recorría el salón, los presentes comentaban extrañados la magnitud del desaire. Había sido la venganza perfecta del ex ministro de Hacienda contra los dichos superlativos de su ex compañero en La Moneda. El domingo pasado, el diario El Mercurio publicó una entrevista en que el ex ministro de Defensa acusaba a Velasco y al ala liberal del ex gobierno de provocar con sus decisiones tecnócratas la derrota de la Concertación en la elección presidencial.
El criticado Andrés Velasco no se quedó callado. Escueto e irónico les comentó a los periodistas antes de entrar a la comida: «No es la primera vez que habla para decir las mismas cosas siempre». Y culminó con un «hay cosas que me tomo en serio y cosas que me cuesta hacerlo».
Así salieron del clóset político dos ministros que nunca se llevaron bien, pero que nunca hicieron trascender sus diferencias por la lealtad de ambos con la ex Presidenta Bachelet. Incluso cuando Vidal era ministro de Defensa y le tocaba sentarse al lado de Velasco -las ubicaciones están ordenadas según protocolo- tampoco se miraban con mala cara. Aunque, por cierto, siempre tuvieron diferencias profundas, por ejemplo, a la hora de discutir los reajustes de empleados públicos o de entregar a los subcontratistas de Codelco los beneficios de sus empleados. «Él tiene un enfoque súper técnico y no consideraba las variables o los efectos políticos. Es de una rigidez total», confiesa el propio Francisco Vidal. Aunque Bachelet era una antigua amiga del ex ministro de Defensa, este reconoce que «Velasco logró que su discurso no tuviera contrapesos, se sintió protegido por la Presidenta».
Hubo un único enfrentamiento abierto durante la penúltima reunión de gabinete el 1 de octubre del año pasado. Vidal insistía en enviar un proyecto para una reforma laboral que diera mayor poder a los sindicatos y la creación de una AFP estatal. «Yo hablé al último, él me hizo una descalificación brutal, pero como estaba terminando el consejo la Presidenta se paró y todos nos fuimos. No le contesté por lealtad a ella». Vidal se niega a revelar qué le dijo Velasco. Y el aludido ex ministro de Hacienda también declinó hacer comentario alguno sobre este evento de alto calibre.
Dos planetas distintos
El choque era casi imposible de evitar. Velasco y Vidal son como dos trenes que corrieron por rieles muy distintos durante sus vidas.
Vidal, por ejemplo, jamás supo prender un computador en sus nueve años de funcionario público. Todos los informes se los enviaban al fax de su velador. Obsesivo con las cuentas, pagaba todo con cheque y lo anotaba en un cuaderno, jamás sacó plata del cajero automático. «Empecé a modernizarme de a poquitito una vez que salí del gobierno», cuenta orgulloso, pero aún no sabe mandar correos ni mensajes de texto desde su celular. Velasco, en cambio, es un hombre ultra conectado.
Si el ex ministro de Defensa ha vivido toda su vida en Chile. Velasco se radicó en Estados Unidos desde los 16 años. No por su voluntad: en agosto de 1976 su padre, el abogado Eugenio Velasco, fue detenido en la calle Bandera y llevado al aeropuerto Pudahuel, desde donde salió al exilio. El joven Andrés pudo terminar el año en el colegio inglés The Grange, donde tenía promedio 6,5, excepto en deporte. Él y sus yuntas Pablo Halpern, ex secretario de comunicaciones de Eduardo Frei; Jacques Albagli, Eduardo Vilensky y Patricio Lahsen eran parte del club de los «non players» (no jugadores). «Nos obligaban a jugar rugby y a nosotros nos gustaba el fútbol. Con certificados médicos de lesiones crónicas nos eximíamos de deporte, pero en paralelo organizábamos campeonatos de fútbol los sábados en el colegio», recuerda Albagli.
Vidal fue alumno del Liceo Alemán cuando el recinto estaba en la calle Moneda con Riquelme, a cinco cuadras de su casa. Los dos últimos años los cursó en el Liceo 11; mientras que Velasco terminó la educación media en el exclusivo Groton School, en Massachussets.
Pasado de derecha
Sin haber tenido contacto antes, los ex ministros se conocieron personalmente en La Moneda durante el gobierno de Michelle Bachelet. Vidal tenía una buena impresión de Velasco como economista, pero con reparos: «siempre me preocupó que perteneciera al ala liberal en lo económico y que por lo demás no representaba a la Concertación», afirma el profesor de historia.
Aunque cueste imaginarlo, Vidal posee un pasado derechista: militó en el Partido Nacional entre 1971 y 1973. En 1974, entró al combativo Pedagógico a la carrera de Pedagogía en Historia y se «convirtió» como dice, al punto que casi rondó el Partido Comunista. Velasco siempre fue opositor a la dictadura. «Estaba preocupado por la permanencia de Pinochet en el gobierno y de las violaciones a los derechos humanos», afirma Albagli, su compañero desde segundo básico. Mientras Vidal peleaba «in situ», el riguroso y mateo Andrés Velasco estudió filosofía y economía en la Universidad de Yale, un master en relaciones exteriores, un doctorado en economía en la Universidad de Columbia y un post-doctorado, que viene a ser una tesis muy sesuda, en Harvard.
Los profes
Si Vidal habla sin freno es porque durante 21 años fue profesor de historia y cultura general (desde 1979 hasta 1990) en la escuela de secretariado y después en el instituto Manpower. También hizo clases en las universidades Andrés Bello y Central, donde terminó como de decano de la Facultad de Economía y Administración. Durante su largo paso por La Moneda, el ex ministro de varias carteras siguió pródigo en palabras, dichos y declaraciones enjundiosas. Desde el ministerio de Hacienda, su contrincante demostró ser lo más alejado de los excesos de palabra. A Andrés Velasco siempre lo ha avalado su impresionante currículum. No sólo fue profesor de universidades a las que asisten los cerebros mejor dotados -Nueva York, Columbia y Harvard- sino que además, le otorgaron una cátedra vitalicia en Harvard.
Patricio Navia, cientista político, doctorado en la U. de Nueva York, asegura que «Velasco es como Cristiano Ronaldo: cualquier universidad de Estados Unidos se lo pelearía». Pero él, renunció a su cátedra vitalicia en 2008 porque decidió vivir en Chile. «Creo que Harvard está haciendo esfuerzos para retenerlo. Si no muchas universidades le van a ofrecer algún tipo de acuerdo que le permita hacer clases seis semanas y volver al final del semestre», asegura el cientista político. Navia además, conoció su departamento en el Village, uno de los barrios más taquilleros de Nueva York y asistió a sus fiestas, siempre muy sofisticadas
El estilo le viene por sangre: su padre era radical, pero de los llamados pijes de la época. Salía los fines de semana de su casa en Pedro Valdivia Norte para competir en carreras de auto en su Chevrolet. Tenía un juego de sillas blancas originales del diseñador finlandés Saarinen que ahora figura en el comedor de la casa de los Velasco Saavedra en el barrio de Sánchez Fontecilla.
«En el subterráneo de su casa había una biblioteca desde el suelo al techo. Andrés normalmente leía cosas que no tenía nada que ver con el colegio», cuenta Albagli quien, de paso, lo echa al agua con un hábito desconocido. «Llegaba a su casa para estudiar, la nana me hacía pasar a la pieza y él estaba durmiendo a las 5 de la tarde en día de semana. En lugar de estudiar se ponía a leer cualquier cosa y yo terminaba repasando sólo. Finalmente terminábamos jugando fútbol. Él se sacaba 6.5 o 7 y no estudiaba nada».
Vidal es buen lector, pero su vida familiar fue ajetreada y con menores recursos económicos. Sus padres se separaron cuando tenía 15 años y vivió con su madre hasta que decidió entrar a la Escuela Militar, recinto en el que estuvo dos años y al salir optó por instalarse en la casa de su hermana mayor Adriana y su marido, Julio Montt. Su madre se había vuelto a casar con un general retirado de Carabineros y Vidal no frecuentaba el hogar materno para no pelear con su padrastro por motivos políticos. Ya estaba «convertido».
Sin asados
Dentro de sus diferencias, hay cosas que comparten. Veranean cerca: uno en Maitencillo y el otro en Zapallar. El plato favorito de Vidal es la carne con puré y, aunque parezca insólito el magro Velasco es fanático del chancho con puré picante. Ninguno de los dos ha encendido nunca el carbón para hacer un clásico asado y ambos, después de abandonar palacio, están dedicados a la vida universitaria. Francisco Vidal es profesor en la escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Alberto Hurtado y retomó su cercanía con las charreteras en la Academia de Guerra del Ejército. Andrés Velasco está evaluando dónde desarrollará su futuro profesional, en Harvard u otra universidad ilustre norteamericana, a tiempo parcial.


