Cuenta interminable da origen a enorme instalación artística

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Exposición de Alejandra Villasmil en el Salón Tudor

La autora combinó una calculadora con un larguísimo rollo de papel en blanco para crear una sugerente pieza.

Un solo golpe de viento podría desbaratar -o al menos modificar- la enorme instalación que Alejandra Villasmil presenta, por estos días, en el Salón Tudor (ubicado en la cumbre del cerro San Cristóbal), pero esa posibilidad no le quita el sueño a la joven autora.

El trabajo, sin dudas, es frágil: se trata de una calculadora-impresora portátil, dispuesta en el suelo del recinto, de la que emerge un interminable rollo de papel que, en una primera mirada, podría hacer pensar en una gigantesca suma que terminó superando el alcance de las matemáticas humanas.

La fragilidad de la obra, en tanto, radica en que la expositora manipuló el rollo de papel para convertirlo en una larga línea serpenteante que describe amables diseños sobre el suelo, y que también evoca el carácter decorativo de ciertos manteles bordados. Villasmil, sin embargo, no usó pegamento para fijar su creación, por lo que cualquier ventarrón o puntapié accidental podría alterar el conjunto.

«Esta pieza, cuyo título es ‘Cuentas claras', es ciertamente frágil pero, si uno la mira sin fijarse en la calculadora, podría verse como si estuviera hecha de otro material. Podría parecer algo más sólido, y a mí me interesaba que ocurriera eso: que la materia prima, el papel en este caso, perdiera su condición natural y se pudiera transfigurar», comenta Villasmil.

La artista, quien nació en Venezuela y reside en Chile desde 2007, explica que el nombre de su instalación alude al conocido dicho ‘cuentas claras conservan la amistad', y agrega que ese detalle tiene gran importancia a la hora de entender las connotaciones del trabajo.

«Yo suelo experimentar con materiales corrientes, que son familiares para todo el mundo, porque me interesa sacarlos de sus contextos específicos y crear con ellos algo totalmente nuevo, y recuerdo que empecé a jugar con este papel, que se usa para sacar cuentas, y en ese momento vino a mi mente el refrán. Finalmente uní todos esos elementos y así nació la obra», relata.

«Esta pieza puede interpretarse como lo que pasó cuando una calculadora se salió de control, pero el título, al estar asociado al dicho ‘cuentas claras conservan la amistad', sugiere que es una máquina que, en lugar de hacer cuentas, emite cuentas en blanco y se dedica a hacer figuras bonitas, como si efectivamente quisiera mantener la amistad», reflexiona la expositora.

– El título, entonces, completa el sentido del trabajo.

– Sí, el título contextualiza la obra, la cierra un poco más y evita que el espectador se quede sólo en el plano del patrón decorativo del papel. Al agregar la sumadora y el título, esta instalación entra en otro plano.

Belleza y desechos

La instalación «Cuentas claras» no es la única obra que Alejandra Villasmil exhibe en el Salón Tudor: su exposición también incluye diez fotos de mediano formato, captadas principalmente en Nueva York, donde aparecen elementos como una silla roja cubierta de nieve, una paleta publicitaria con sus tubos luminosos a la vista y una porción de suelo nevado en la que se mezclan huellas de zapatos y de pájaros.

«Estas fotos muestran desechos de la sociedad de consumo que nadie toma en cuenta y que, para mí, tienen una cierta belleza», dice la artista.

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