Arquitectos llaman a serenarse y no botar sin previo análisis
Expertos proponen soluciones y dicen que un problema es que los dueños han metido mano en sus antiguas casas.
Una de las tantas víctimas que dejó el terremoto fue el adobe, ese material de construcción que abunda en casas patronales del Valle Central y que no resistió la movida del 27 de febrero mandando a pique muchas de las edificaciones con este antiquísimo material. ¿Llegó el momento de darlo de baja?
«En estos momentos se demoniza al adobe. Hay que echar abajo todo y vamos demoliendo», nota el arquitecto Jaime Migone, decano de la Facultad de Estudios del Patrimonio Cultural de la Universidad Sek. Él llama a serenarse.
«Cierta arquitectura tradicional en adobe, de los últimos 200 años, ha seguido normas constructivas precisas y concretas de las cuales no hay que salirse», observa Migone, doctor en Conservación y Restauración de Bienes Arquitectónicos del Politécnico de Milán, restaurador de la Catedral de Santiago, de Correos, del Museo Militar, del Teatro Huemul y de la Iglesia de Los Sacramentinos.
-¿Y por qué se cayeron las murallas, entonces?
-Porque hubo innovación en estas casas sin rigor científico en una serie de aspectos. Por ejemplo, les cambiaron el pesado techo de tejas, que apretaban y comprimían los muros, por zinc, y para no salir al pasillo que llevaba al baño abrieron puertas, debilitando la resistencia de las murallas. Y así, con un sismo de proporciones se caen de frentón o se agrietan. Este tipo de intervención fue su muerte anunciada. Y es lo que se ha visto a lo largo del Valle Central.
-¿Pero hay solución para que esas casas no se vuelvan polvo?
-Hay que hacer un análisis caso a caso. Los muros no se pueden restaurar. Hay que alzaprimar, sujetar el techo, sacar los adobes que quedaron y volver a tejer ese muro usando la misma tierra de esos adobes.
El experto repasa las técnicas de construcción con este material, cuyo principal enemigo es el agua, y dice que no está agonizando. «Nuestro tema como facultad es cómo preservamos lo que tenemos y estamos abiertos a la comunidad para orientarla», datea.
Con madera
El arquitecto Jean Pierre Marchant agrega que «en Chile, los sistemas constructivos más usados son el de muro de ladrillos de adobe, que es el más típico de las casonas antiguas que tienen muros muy anchos, de hasta un metro de espesor, y el de quincha, que consiste en una estructura de madera que se rellena en los espacios interiores con barro y los exteriores se estucan también con barro.
Con su colega Fernando Romero (diosustentable.cl) están materializando un proyecto en Putaendo con adobe paja y madera. «Lo que hacemos nosotros es un sistema de estructura de madera, con rellenos de adobe y aislados con fardo de paja, que lleva por terminación estuco de barro. Es un sistema que mezcla técnicas tradicionales de construcción con barro más las nuevas técnicas de utilización de la paja, como aislación y estructura de madera laminada que asegura un excelente comportamiento sísmico», cuentan los profesionales.
Y Romero agrega: «Está es una arquitectura sustentable. El adobe chupa energía todo el día y en la noche la bota al espacio interior, por eso este tipo de construcciones son bien miradas. El adobe está totalmente vigente», remata.
-200 pesos es el valor de un adobe de 30 por 40 centímetros.
-Maestro que sabe
«Hay que estar todo el día al sol»
El maestro Moisés Star confiesa que sabe la técnica: «Yo sé hacer adobes, y la última casona que ayudé a construir fue hace 15 años en Chillán. Por lo que me han dicho, no le pasó nada».
«Es harto jodido hacerlos porque la espalda es la que sufre y uno tiene que estar todo el día al sol. La tierra hay que ir a buscarla al cerro. Debe hacer unos cajones con orejas para echar la mezcla de agua, tierra y paja, que debe ser la que está trillada con caballo. La mezcla es como hacer un queque».
-Restaurador
«Hay que hacer exámenes»
«Una muralla de abobe no es igual a otra ni química ni físicamente. Aquí no hay recetas para restaurarla. Hay que estudiar caso a caso y hacer un dignóstico acertado, que se logra con una serie de exámenes», cuenta Claudio Cortés, retaurador y académico de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Andrés Bello.
«Hay que tomar muestras del material para analizar cómo están hechas. Se someten a estudios de microscopía. Hay diferencia en mirar una muralla y decir que hay que botarla, y tener la certeza de que el material ya no sirve para nada. Hay muchas opiniones, incluso de personas importantes, pero son primarias, a nuestro juicio», explica.


