El ingeniero René Pettinelli desmenuza el derrumbe del edificio penquista
Pettinelli, sin embargo, habla del caso con sinceridad. «A las 10.30 horas de esa mañana, cuando me comentaron que el Alto Río estaba en el suelo, mi primera reacción fue decir: imposible, esa es una cajita de tomates, muy regular, con muros hasta el subterráneo, con un eje longitudinal muy poderoso . Me levanté a verlo, porque no lo creía, y casi me dio un ataque de pánico. Cómo estará el resto, con estructuras mucho más complicadas , me dije».
-¿Cuál fue su primera decisión?
-El hecho me dañó espiritualmente. No importa si tú eres responsable o no, pero algo tienes que ver con ocho personas que murieron. ¿Qué haces? ¿Cómo se explica esto? Corres a tus planos, único testimonio válido en la construcción, y tratas de ser claro. No lo eres. La adrenalina no te permite computar números y te quedas postrado. De allí renace tu habilidad de ser ingeniero y decides comprobar que todo está bien hecho. Luego de horas, que se transforman en días, tú ya estás más tranquilo. Todo está de acuerdo a normas de diseño y construcción. Me colaboraron muchos ingenieros de las universidades de Chile, Católica, USM, del ICH, y otros que, en forma hábil e inteligente, me hicieron ver que sin una investigación profunda no hay nada qué decir.
Ondas en la cama
Pettinelli tiene más de 30 años de ejercicio profesional. «Mis primeros cinco los dediqué sólo a la ingeniería básica y de cálculo en industrias, que es mucho más simple, porque allí uno hace lo que quiere. No tiene inmobiliarias ni arquitectos pidiendo imposibles. Sólo se requiere conocimiento, habilidad y rapidez», cuenta.
«En 1985 empecé a incursionar en el área inmobiliaria, que nunca me gustó mucho porque a veces se le exige demasiado al ingeniero y uno no es mago ni científico. Sólo una persona que usa la ciencia conocida para estructurar edificios al servicio de humanos», agrega.
Durante las últimas semanas, el ingeniero ha salido a terreno a evaluar un sinnúmero de edificios. De hecho, esta misma entrevista la responde en un pequeño rato libre después de haber trabajado con ejecutivos noruegos dueños de una fábrica de papel.
-¿En qué estado ha visto al parque de edificios de Concepción?
-Dramático, por decir lo menos, pero no me sorprende para nada. Pasaron un terremoto devastador, con daños irrecuperables, pero de pie.
-Usted debe tener varios terremotos a cuestas.
-Terremotos en serio solo uno, el de 1960. Allí la situación fue muy diferente. Viviendas de un solo piso estaban destruidas desde sus cimientos y otras de mayor tamaño estaban en pie. Pero este último no tiene parangón. Estamos anonadados, nos cuesta comprender que pasó. Yo, en mi cama, no podía cuantificar cuánto estaba pasando. Traté de percibir las distintas ondas, pero el enjambre sísmico no permitía leer con claridad. Pensé que la ciudad estaba en el suelo. Incluso dudé de mi casa, de solo un piso, porque se deformaba constantemente.
-¿Qué particularidades halló en este sismo?
-Qué pregunta más anodina. Este tipo de sismo no se conoce en Chile y menos en Concepción. Aceleraciones de 1G cuando calculamos con 0.4G. Pulsos de 40 cm/seg contra 15 cm/seg. ¿Que se puede hacer allí? Yo no lo sé.
-Usted conocía a la constructora del Alto Río.
-Estoy muy afectado por la situación de mis amigos de Socovil, porque sé como trabajan, conozco su seriedad y, lo más importante, hemos hecho cinco o seis edificios juntos con el mismo equipo, con los mismos programas computacionales. Y los otros están como nuevos, lo que tampoco es lógico. Deberían mostrar los efectos de un sismo catastrófico. Seguramente quedaron sobredimensionados por morfología.
-¿Qué le han dicho sus colegas?
-No puedo decir todas las teorías sobre la falla, pero me quedo con dos consideraciones. Mi revisor estructural por casi 20 años está tranquilo y tiene una buena idea de lo que pasó. La otra es que me llamó (el doctor en ingeniería antisísmica) Mauricio Sarrazin, con quién he trabajado durante años, y me dijo que contara con él. Con eso me quedo tranquilo. Me podrán juzgar y a lo peor condenar, pero el apoyo de mis pares conocidos es más que una sentencia. No estoy diciendo que eso me espera, porque ni siquiera estoy querellado, pero nunca se sabe hasta dónde llega el morbo de las personas.


