Tuvo un valor $355 millones y mide temperatura, salinidad y oxígeno, entre otras variables
Por el momento lo están probando en el Estrecho de Magallanes, pero la idea es llevarlo a la Antártica.
El Instituto Antártico Chileno (Inach) adquirió un moderno equipo que permitirá monitorear las aguas australes. Se trata de un glider o planeador submarino, el que puede descender hasta los mil metros de profundidad y recopilar un sinfín de datos gracias a los sensores que tiene.
Para operarlo se capacitaron cinco profesionales del Inach y tres del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (Shoa), quienes probaron el equipo en terreno por primera vez, en el Estrecho de Magallanes.
Lorena Rebolledo, oceanógrafa del Inach y coordinadora del proyecto, explica que el glider mide casi tres metros de largo y pesa cerca de 60 kilos. «Se necesitan entre 4 y 5 personas para operarlo», describe.
El equipo, que tuvo un valor $355 millones, puede medir variables como la temperatura, salinidad y oxígeno. Además, tiene un fluorómetro para la medición de microalgas en tiempo real y un perfilador de corriente doppler acústico para medir las corrientes marinas. Los datos que recopila los envía de manera satelital.
¿Cuánto recorrió el glider en su primera salida?
«Alrededor de 10 kilómetros. Estuvo unas 5 horas tomando datos y llegó hasta los 120 metros de profundidad, en el marco de la capacitación de la prueba de los sensores».
¿A qué profundidades les interesa llevarlo?
«Acá en el Estrecho creo que no va a ir a más de 500 metros de profundidad. Lo que pasa es que todos los cambios más importantes de la columna de agua están en los primeros 200 metros y, dentro de ellos, los de mayor relevancia son los primeros 50.
Más abajo es un perfil más estable. Por ejemplo, el fitoplancton, las microalgas, la productividad primaria, todo esto ocurre en los primeros 20 metros».
¿Qué tipo de análisis quieren realizar?
«Queremos ver cómo cambian cosas como el oxígeno, la temperatura, la salinidad y las corrientes. Es bueno tener registros de las corrientes, porque también permite una navegación más segura. Si bien se han desplegado otros gliders en la zona, este es el primero por parte de Chile y con este tipo de arreglos en los sensores.
Eso permite hacer un chequeo del mar, saber cómo está el ecosistema. Es como cuando uno va al médico y te controlas los parámetros básicos».
¿Cuándo lo llevarán a la Antártica?
«Las pruebas que se van a hacer este año y el próximo serán en el Estrecho de Magallanes, donde iremos incrementando las horas en el agua. De hecho, a partir de marzo del próximo año queremos tenerlo 10 días de corrido en el agua. A comienzos de 2026 lo vamos a desplegar en Antártica. Allá es más desafiante, porque las condiciones climáticas también son bien complejas».
¿Cuál es la autonomía que tiene?
«Depende de la configuración de los sensores. Vamos a ir probando, pero con la configuración que le estamos dando debería estar unos 30 días de corrido en el agua y recorrer 500 kilómetros al menos. El glider es una especie de torpedo y tiene un sistema que le permite sentir los cambios de densidad en la columna de agua.
En la parte de atrás tiene una bolsita que se infla y se desinfla y eso le permite no consumir energía en la propulsión. Tiene una batería de litio recargable, pero esa es más bien para los sensores».


