Ponerle paños fríos al round Fiera-Hansen fue una decisión televisiva inexplicable.
Seguramente los nombres de Pablo Ávila y Alejandro Santelices no le dicen mucho. Le ayudo. Son dos de los actuales mandamases de Canal 13. Uno, el primero, es director de Producción y el otro director de Programación. Los menciono no para felicitarlos precisamente. Más bien para pasearlos por la localidad de Lumaco.
¿La razón? Con esa casa televisiva pasando por su peor crisis en muchos años (y si estamos exagerando, el éxodo de figuras consulares de esa estación, vendría a ser un coincidencia muy desafortunada) les cae del cielo el entrevero entre Pamela Díaz y Fernanda Hansen para concitar la atención de sus hoy cada vez más esquivos televidentes. El episodio lo tiene todo: es sabroso, protagonizado por dos mujeres (lo que asegura un humor y un refinamiento que no lo aportan dos varones mostrándose los dientes) y por si todo eso no bastara, salpica a un megarrostro de la competencia (Felipe Camiroaga).
¿Y qué hacen los Huaiquimán & Tolosa de las chambonadas gerenciales? Ordenar bajarle el perfil al tema, a la Fiera Vip no referirse a la vida privada de Fernanda y viceversa. En buen chileno, con el arco vacío tiran la pelota sobre el travesaño.
Ya que la anecdótica refriega no tocaba temas políticos, religiosos ni raciales y menos se refería a las familias de las involucradas ni hacía referencia a menores de edad, problemas sexuales, infidelidades ni nada que pudiera considerarse aunque fuera vagamente peliagudo (le recuerdo: el punto acá es que un pololo no saca a pasear a su polola), con esta decisión se baja automáticamente el umbral de la censura en Canal 13 hasta niveles insospechados. Ahora, con suerte, se podrá hablar en ese canal. Es como si les gustara ser cuartos en la sintonía.


