Lo que queda, entonces, es una manto de sospecha y miedo que flota sobre cualquier relación sentimental.
En la deliciosa comedia española «Aquí no hay quien viva», un grupo de ancianas inauguró lo que llamaban «Radio Patio». No era una radio sino un alta voz en que se trasmitían los chismes de la comunidad.
Algo ha convertido el mundo, sus tribunales, sus medios de comunicación, sus palacios de gobiernos y congreso en un gran raudo patio.
Las jubiladas que animaban «Radio Patio» no tenían nada mejor que hacer. Nosotros estamos tan ocupados, tan horrorizados por casos de abusos reales que solo otras acusaciones, otros escándalos, nos pueden permitir descansar. Como si la caricatura del horror nos aliviara de la realidad del horror. Como si la caricatura de la venganza nos aliviara de las fallas de la justicia.
Lo que queda, entonces, es una manto de sospecha y miedo que flota sobre cualquier relación sentimental. Amistad, coqueteo, almuerzos, encuentros y desencuentros vulgares bajo un manto de sospecha y terror, de mentira que parecen verdades y verdades que parecen mentir. Este ambiente de fisgoneo impune y de chismes imperiales puede lograr, y está logrando ya que como se llamaba la serie no haya aquí quién viva.


