Jorge Venegas es dueño de American Fast Cargo, que ahora vale millones de dólares
Con 1.800 dólares que le pasó su papá partió a probar suerte a EE.UU.
Partió a Miami cuando tenía 23 años, con 1.800 dólares que le prestó su padre, dueño de una panadería en Penco, Octava Región, y le juró que se los devolvería. Antes de emprender vuelo hizo una manda a San Sebastián. Prometió»no carretear durante un año» a cambio de que le ayudara en su osadía de buscar suerte en Estados Unidos. Corría 1984.
«Hice lo que prometí, nada de alcohol, ni cigarros y mucho trabajo. Ahora puedo decir que resultó la manda», dice Jorge Venegas, dueño de la empresa American Fast Cargo, quien dio esta entrevista en la casa matriz de Chilexpress, uno de los 150 socios estratégicos que tiene en el mundo en el negocio de carga express, courier y e-commerce.
Venegas, antes de emprender rumbo a Estados Unidos, ya tenía historial de joven aventurero. Al tercer año de arquitectura dejó la carerra, pero su dominio del francés, estudió en la Alianza Francesa de Concepción, le permitió trabajar en una empresa de exportaciones en París. Una vez que volvió a Chile, dice que Concepción le quedó chico e hizo todos los esfuerzos para irse a una ciudad más grande a buscar plata y no era precisamente Santiago.
Se le metió la idea de Miami y allá, por sus nociones de arquitectura, al inicio trabajó en una empresa de construcción desde las 7 a 16 horas, luego se ponía el traje de garzón y servía en un restaurante cubano de las 20 horas a la 1 de la madrugada. Después aprendió el oficio de camarógrafo y pasó a una productora de televisión, empleo que le duró hasta que el huracán Andrew dejó sus negativas secuelas.
Otra vez estaba en cero, aunque ahora con algunas monedas ahorradas, cuando un amigo le dijo que una empresa de carga necesitaba choferes con vehículo propio. Se compró una camioneta usada y se dio cuenta que los márgenes de este negocio eran jugosos. «¡Con esto me hago la plata que vine buscar a Miami!», se percató. Trabajó día y noche entregando y recogiendo paquetes hasta que se independizó.
Poco a poco abarcó todo Estados Unidos, Canadá y luego el mundo. En su relaciones comerciales con una compañía del rubro chilena conoció a su esposa, Claudia Estrada, quien, según Venegas, fue uno de los pilares de la empresa que empezó en el garaje de su casa y que ahora tiene oficinas en cuatro continentes y 150 agencias asociadas.
A Venegas no le gusta hablar de cifras de su negocio, pero se atreve a entregar una referencia. Parcel2go.com, una gigante británica del courier y que también es su mayor socio del rubro, le quiso comprar la empresa en dos millones de dólares, una oferta que consideró muy pálida.
-¿A los 50 años ya cumplió las metas en Miami?
-No, la empresa puede seguir creciendo y estoy en otros proyectos, ligados al tenis.
-¿Al tenis?
– Es que mi hijo de 11 años, Lucas, juega muy bien y tiene el mismo entrenador que tenía Fernando González cuando niño. Tiene condiciones para ser profesional. Pero también mi idea es poner una escuela de tenis en Chile para buscar talentos.
-O sea va a seguir trabajando .
-Así es y será mi vida. Trabajo harto, duermo 5 horas todos los días, viajo harto por varios países y también a Chile por negocios y porque acá está parte de mi familia.
-A propósito de familia, ¿le pagó los 1.800 dólares que le dio su papá para irse a Miami?
-(Se emociona) Buena pregunta. Yo creo que le cumplí más allá de la plata. Mis padres están orgullosos con mis logros y saben que seguiré batallando.
-150 socios en el mundo tiene su empresa para el traslado de carga internacional.-Una infinidad de cargas
El terno de Beckham de Nueva York a España
En los 14 años que lleva funcionando su empresa, Venegas dice que ha tenido que trasladar «de todo». A la mente se le viene, por ejemplo, el terno que compró David Beckham en Nueva York cuando el jugador inglés jugaba en el Real Madrid, en España. Lo quería en 24 horas en su domicilio y «en el tiempo que pidió lo tuvo en su manos».
«Otra vez tuvimos que llevar unas muestra de sangre de un paciente chileno, que no puedo dar el nombre, a un hospital de Estados Unidos. Tuvimos que mantenerla a una temperatura específica. Fue una operación delicada», recuerda.
«Le damos servicio a varios gobiernos, como el de Relaciones Exteriores de Colombia, al cual le hemos movido obras de artes a las distintas embajadas de ese país en el mundo. Son piezas muy delicadas», cuenta.


