Pablo Funes, el español que coordina el trabajo de la ONG jesuita en Burundi, cuenta cómo es la vida en África
El sacerdote se fue ayer de Chile. Durante la semana estuvo en Concepción, despidiéndose de amigos y colaboradores. Sus colecciones y libros los regaló meses atrás.
Fue el pasado lunes 17 de mayo, en una salita del edificio de Departamental 440, en San Joaquín, donde funciona «Un Techo para Chile». Allí, con un cóctel de bebidas, papas fritas y pedacitos de queso, los funcionarios despidieron a su capellán y líder natural, el padre Felipe Berríos, y le dieron la bienvenida al nuevo encargado religioso, Cristián del Campo. «Fue algo muy breve, de minutos, porque él no quería nada más. Hace un año que ya venía regalando sus cosas de a poco», cuenta Patricio Domínguez, director social de la fundación. «A mí me tocó un libro de versos y canciones de Serrat, uno de sus favoritos», agrega riéndose.Berríos celebró su última misa en Chile el pasado domingo 30, ante cientos de personas que abarrotaron el gimnasio del colegio San Ignacio de El Bosque. Sin embargo, como ya es sabido, su decisión de dejar el país la tomó en marzo del 2009, cuando cumplió dos décadas de sacerdocio y pidió ser enviado como misionero a un campo de refugiados en Burundi, África, cerca de los elefantes, jabalíes y antílopes que hay en esa tierra, pero sobre todo cerca de la pobreza más extrema del planeta.
Aunque la fecha exacta de su partida fue manejada con reserva, otro religioso muy cercano a Berríos confirma que partió ayer. «Tal como quería, sin aspavientos y fuera de toda bulla», dice.
Así se marchó este jesuita de 53 años, que cautivó con su estilo frontal y mediático, que mezcló sus frecuentes apariciones públicas en casos famosos (ver recuadros) con un anónimo trabajo de obrero en poblaciones; y que también se ganó enemistades con sus críticas a las «universidades cota mil», a las campañas anti-divorcio y a las cifras de construcción de mediaguas del Gobierno tras el terremoto, entre otras polémicas.
«Ahora su vida será muy diferente, pero lo están esperando con los brazos abiertos, porque es alguien de quien se tienen muy buenas referencias», cuenta desde Madrid el español Pablo Funes, coordinador para África de «Entre Culturas», la ONG jesuita a cargo del programa que asiste a los refugiados en Burundi. Funes trabajó allí durante dos años y regresó a su país a principios de enero pasado.
«Es una tierra muy pobre. Entiendo que Berríos estará en una aldea de la provincia de Rutana, cerca de la frontera con Tanzania, donde la autoridad es Tony Calleja, un jesuita con una vocación y entrega tremendas. Yo viví en ese lugar y es seguro, muy tranquilo. La gente es muy buena. Ya no hay grupos armados. Al otro lado, en la frontera con República del Congo, sí es un poco más complicado», cuenta este laico.
-¿Cómo es la zona?
-Es un sector totalmente rural. Debe ser uno de los enclaves más pobres de toda África, de mucha tierra y vegetación. Allí Berríos seguramente vivirá en una casa de barro. Hay pocas conexiones de agua. Normalmente se acumula en la estación lluviosa y durante el resto de la temporada se distribuye desde las colinas mediante canaletas. En esta región hace calor todo el año, entre 25 y 30 grados. Es muy tropical, húmedo. La diferencia la hacen las lluvias, pero Berríos llegará en la estación seca.
-¿Qué comen?
-Fundamentalmente lo que se siembra, sobre todo porotos, otras legumbres y papas. Allá también es muy popular la mandioca, que es una raíz en forma de tubérculo, y la carne de cabra.
-¿Cuáles son las actividades de los misioneros jesuitas?
-Los días son largos. Se forman profesores y a los refugiados de diferentes guerras que hay en la región se les dan clases de higiene, de cultivo y de cultura básica, para tratar de mostrarles cómo es el resto del mundo. Es una tardea muy bonita. La gente es encantadora, cariñosa. Pero además de todo eso hay que trabajar en las casas y en las siembras. Las personas en su mayoría hablan kirundi (dialecto de la zona) y algo de francés.
Su última semana
En Chile los seguidores de Berríos ya lo echan de menos. La periodista de Canal 13 Carola Urrejola, quien ha trabajado en «Un techo para Chile», recuerda que «él me confirmó a mí, en el Villa María, y bautizó a mi hija. Es un tremendo comunicador, muy sincero, y ha sido clave para abrir el debate de los temas sociales incómodos. Siempre ha metido los pies al barro y se ha ganado muchos conflictos por decir lo que cree».
Las últimas semanas del religioso en Chile fueron agitadísimas, aunque, según sus cercanos, él les hizo el quite hasta donde pudo a todas las ceremonias. «Yo le mandé mensajes de texto para despedirme sin molestarlo y saber cómo estaba, y por ese medio supe que andaba en Concepción. Es que él nunca para», cuenta la periodista Mónica Pérez, quien lo conoció el 2004, cuando se integró al trabajo de las mediaguas.
«Es un tremendo polemista, profundo, pero, pese a lo que muchos creen, no es un activista, sino una persona súper espiritual, que siempre está preocupada de orar con uno, de acercar gente a la iglesia y no de ponerle reglas para alejarla. Cuando lo conocí me invitó a construir casas y también me acompañó en momentos muy difíciles de mi vida. Siempre tiene tiempo para todos, para gente famosa y para personas humildes y anónimas. No hace diferencias. Tiene una capacidad enorme de acompañar a todo el mundo», dice el rostro de TVN.
En la fundación cuentan que Berríos partió con su típica chaqueta azul, que llega a estar brillante de tanto usarla, y sus bototos de minero. Sus colecciones de múltiples cosas, como pelotas de cristal, figuras de mimbre y figuras origámicas, que siempre guardaba desordenadas en la Universidad del Trabajador (Infocap), las fue regalando. «Él goza con los libros de poesía, por ejemplo de Machado, de Calderón de la Barca, de Neruda y de Gabriela Mistral. Se los dio a sus cercanos y amigos», dice Patricio Domínguez, director social de la fundación.
Agrega que «esta institución se consolidó. Yo creo que lo que más vamos a extrañar es su rol dentro de la iglesia. Él sabía detectar nuestras carencias y cómo plantearlas. Se sabía relacionar con los campamentos más difíciles, con las autoridades y con los empresarios. Utilizó su tribuna para cosas importantes».
Andrea Vial, directora de la escuela de periodismo de la Universidad Alberto Hurtado y amiga de Berríos, destaca que «amén de todo lo que le conocemos, pocas veces he visto a una persona con mejor disposición para ayudar a los demás, a la hora y el lugar que sea, y que tenga tanta creatividad. Él detecta los problemas y da soluciones en dos segundos».
Pilar Larraín, madre de la fallecida Fran Cooper en el tsunami del sudeste asiático (ver recuadro), destaca que «él fue un regalo en el momento más triste. No lo conocíamos. Un pariente lo llamó para pedirle consejo y fue de inmediato a la casa a darnos calor y esperanza. Nunca lo olvidaremos».
«No hubo presiones»
Uno de los más cercanos a Berríos es su profesor y guía dentro de la orden, el sacerdote jesuita Fernando Montes, rector de la Universidad Alberto Hurtado. «Yo lo recibí en los años 70 y aprendí mucho de él, de su manera de ver el mundo, de su cercanía con otros lenguajes», explica.
-¿Cómo lo vio esta semana?
-Tranquilo, muy comprometido con Dios. A él nadie lo echó ni hubo presiones para que se fuera. Se va porque cree que hay un lugar donde ahora lo necesitan más. Ha sido totalmente coherente con nuestro voto misionero.
-¿Se habrá cansado un poco de tanta exposición?
-Puede ser. A donde va estará como un anónimo con la gente más pobre, sin prensa y sin nadie conocido. En el Ministerio de Vivienda querían hacerle una gran despedida, pero él se negó. Sólo trató de dejar muy plasmada la idea de que aún hay campamentos y que se debe terminar con esa lacra social. Y supo involucrar a muchos jóvenes en esa lucha.
-¿Volverá?
-El padre Nicolás, superior general de la Compañía de Jesús, lo envía por dos años, pero la voluntad de Felipe es quedarse trabajando allá. Habrá que ver, pero conociendo su carácter, es probable que no regrese.
-«El superior de la Compañía lo envía por dos años, pero la voluntad de Felipe es quedarse trabajando allá», dice su amigo, el sacerdote jesuita Fernando Montes.-Le mostró el terremoto a Bielsa
Marcelo Bielsa, el DT de la Selección nacional, elude hasta donde puede sus apariciones públicas. Y las pocas que tiene las elige con pinzas. Una de ellas ocurrió el pasado sábado 7 de marzo, después del terremoto, cuando recorrió Constitución junto al padre Berríos porque quería ver con sus propios ojos cómo estaba la gente. Su amistad con el jesuita, en todo caso, data de mucho antes, de cuando el «Loco» llegó a Chile y se acercó a «Un Techo para Chile». De hecho, Berríos incluso visitó al estratega un par de veces en Juan Pinto Durán.
-Junto a Fran Cooper y el tsunami asiático
«Que el recuerdo de Francisca no se convierta en una maldición, sino en una bendición, en una razón para seguir viviendo», dijo Felipe Berríos el domingo 9 de enero del 2005, ante cientos de personas, en la parroquia San Francisco de Sales, de Vitacura. Allí se efectuó el funeral de Francisca Cooper, la joven chilena que días antes, el 26 de diciembre del 2004, falleció en Tailandia a causa del tsunami que afectó al sudeste asiático. El sacerdote jesuita entró al templo abrazando a sus familiares, los acompañó y en su homilía agradeció todas las muestras de cariño de los chilenos.
-Lanzó el libro de Daniela García
El martes 9 de noviembre del 2004 el Centro de Extensión de la Universidad Católica estaba repleto. Allí, a las 20.30 horas, Daniela García Palomer, por entonces alumna de medicina, presentó su libro «Elegí vivir», donde cuenta cómo fue su vida y su rehabilitación después del trágico accidente en tren, ocurrido en octubre del 2002, que le costó la amputación de sus cuatro extremidades. Uno de los oradores fue el padre Felipe Berríos, invitado especialmente por la familia. «Como buen jesuita yo soy más bien escéptico. No me gusta hablar de milagros. Prefiero hablar de la lección de esfuerzo y de vida que ella nos ha regalado», dijo en esa oportunidad.
-El último adiós al «Gato» Alquinta
El sábado 18 de enero del 2003 se celebró la misa del adiós a Eduardo «Gato» Alquinta, el mítico guitarrista y vocalista de Los Jaivas, quien falleció el miércoles 15 de esa misma semana, en Coquimbo, a causa de un infarto cardíaco. La ceremonia se efectuó en una repleta Estación Mapocho y estuvo a cargo del padre Berríos, quien fue contactado por los músicos de la banda a través de una religiosa amiga de ellos. «Él fue sabio en todo lo que dijo, muy emocionante, generoso, atinadísimo, y al final hizo el puente justo para que cantáramos Todos Juntos «, recuerda Claudio Parra, pianista de la banda.
-Apoyó a Zamorano en su gran traspié
El 14 de febrero del 2004, Día de los Enamorados para los fabricantes de tarjetas, estaba prevista la pomposa boda entre Iván Zamorano y Kenita Larraín, quienes viajarían -teóricamente en carruaje- desde la Basílica del Santísimo Sacramento hasta el Palacio Cousiño. En diciembre del año anterior el padre Berríos confirmó que él efectuaría el enlace religioso. «A Iván lo conozco de antes. Me acompañó a unos campamentos, le tengo mucho cariño porque es de una calidad humana extraordinaria y ella me pareció una niña excelente», dijo esa vez. La boda, como se sabe, al final no se realizó


