Carola Urrejola mandó a la peluquería a asesora de Ena

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Todo por Twitter

Luego del reciente episodio en que la vocera de Gobierno, Ena von Baer, no quiso referirse a la fallida venta de Chilevisión, la periodista Carola Urrejola las emprendió contra la ministra en Twitter, pero terminó atacando a su asesora, Fernanda Somarriva, a la que calificó como «chascona» y tal vez sin intención, terminó convirtiéndola en un personaje. Todo porque gritoneó a los periodistas que estaban en Palacio.
La presentadora de Canal 13 posteó que «la ministra tiene que aprender a relacionarse adecuadamente con los reporteros de una vez por todas».
Luego remató con lo más notable: «La asesora de la ministra Von Baer debiera peinarse. No puede andar así de chascona y gritándoles a los periodistas en La Moneda».

Los comentarios y tallas en la red no se hicieron esperar: «Es como la Gloria Trevi de las RR.PP. , gritona y chascona», asegura «Chipote».

Agregando un poco de humor, cesar_pino twiteó: «Por ahorrarme el peluquero me cortaron mal el pelo».

A tanto llegó el interés que varios querían ver la pinta de la periodista y subieron fotos.

Incluso María Inés Mendieta, jefa de prensa de la Segegob, no resistió la tentación de confidenciar: «Le agradezco a @carolaurrejola que me haya ayudado a mandar a @fenasomarriva a la peluquería».

Al final, la chascona aludida terminó confesando: «¡Buenos días! Debo comentar que hoy estoy bastante más peinada que ayer». Habrá que ir a verificar.

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Fuera de pantalla, las celebridades tienen su propio mundo Todo lo que usted no sabe de «Fiebre de Baile» Entre el escenario y los camarines se tejen las historias más suculentas del exitoso estelar de Chilevisión. CAMILA GALLARDO La escena es así: un montón de jovencitos y unos pocos no tan jovencitos hacen cola para entrar a «Fiebre de Baile». Unas niñitas peloláis -y otras no tan lais- bajan en patota de distintos autos y en taxis. Capeando el frío y el grupo que espera en la puerta de Chilevisión, aparece una Hammer negra y el guardia avisa: «Llegó Piñera». Al rato se escuchan aplausos y gritos, y ahí está, el Negro Piñera saludando, sonriendo, dándose vueltecitas, haciendo un bailoteo, mientras Belén Hidalgo mira a los presentes, sin dejar de sonreír con su abrigo negro, con su bronceado eterno, con su platinado infartante. Benni no dice garabatos Las lais y no tan lais, y los jovencitos y no tan jovencitos, entran al estudio. El Negro Piñera desaparece, y vuelve a aparecer en el pasillo que da al camarín. Los periodistas aletean persiguiendo a los famosos, los famosos se dejan perseguir, y todo es un mar de cámaras, flashes, alisadores, pestañas postizas, rulos falsos y delanteras más que firmes engalanadas en telas brillantes. Francisca Merino está sentada con sus labios rojos, uñas rojas y vestido rojo. Francisca García-Huidobro se pasea con su parka negra y brillante, y un bailarín pregunta si pueden retocarlo un poquito. Aparece Julián Elfenbein en la sala de maquillaje y casi se cruza con el Negro, Miguel Piñera se devuelve y se encuentran, se saludan y los dos desaparecen. «Quedan veinte minutos», dice una voz desde el estudio, y el público chilla de emoción, como si faltara poco para que empezara un mega concierto. Desde el backstage se escucha a todo volumen la voz grabada de Américo, y todas las chicas cantan como si el ídolo nortino estuviera presente: ¡Te vas, te vas, te vaaas.! En el pasillo que da al camarín, Benni espera con gorro tremendo estilo abominable hombre de las nieves. A su lado, Gianella Marengo y su vestido diminuto escuchan cómo el italiano se sincera con un periodista: «Anoche bailé como la callampa». Todos se ríen, como cada vez que Benni abre la boca. Pero el mediterráneo es justo lo contrario a esos niñitos que en el colegio hablan a puros garabatos y en la casa con la mamá, como académicos. Benni dice de todo en público, pero cuando no hay periodistas, ni cámaras, ni compañeros de baile y está sentado solo, explica por qué le va tan bien al programa con una frase correctísima: «Yo creo que tiene mucho éxito porque es una fusión de muchas cosas: de jóvenes enamorados, de varios tipos de rostros, de mujeres muy bonitas. el escenario es muy lindo, tiene coreografías preciosas y maquillaje maravilloso. Todo eso». -«Quedan quince minutos», anuncia una voz desde adentro del estudio y, una vez más, las lais y no tan lais, vuelven a chillar. Adriana Barrientos entra en el caMarín y Pancha Merino grita: «¡Adriana!». Adriana viene con los ojitos brillantes y con cara de compungida. Se acerca a la Pancha y conversan algo que no se alcanza a escuchar, pero Panchita le pone cara de comprensión infinita y le hace cariño al pañuelo de leopardo que dice Louis Vuitton en letras fucsias y enormes de la modelo, mientras la ex de Josito está a punto de estallar en llanto. -Te noto mal, Adriana. -Es que me dijeron: «¿Qué opinái de que Kenita haya pedido tu salida, y yo no tenía idea y todos los periodistas me perseguían. Ahora quieren que diga algo malo de ella y yo no tengo ganas». Se calla. Hay que salir del camarín. «Fiebre de Baile» va a empezar. Hormonas lais Rodrigo Díaz aparece en escena. Una ola de gritos femeninos, agudísimos y desesperados, anticipa al ex chico Rojo. Cuando el bailarín le dedica la actuación a su mamá,que está de cumpleaños, se oye: «¡Suegraaaaaaaaaaaaaaa!», se escucha: «Rico» y las más entusiastas aúllan: «¡Dame un hijo!». En los comerciales, las chicas del público no pierden un segundo y saltan de sus asientos para sacarse fotos con todo el mundo. Una de pelo rubio, largo, faldita corta y piernas perfectas le da un beso a Iván Cabrera y les chilla a sus amigas: «¡Le di un beso!»; una señora -ya mayorcita- se acerca a Rodrigo Díaz y le dice: «Lo felicito, lo felicito, lo felicito. Mi hija lo ama, pero yo lo felicito», y el ex Rojo, todo amable, todo sonrisas, se saca la foto con la madre de su fanática, le da las gracias y soporta con paciencia china a todas la niñitas que llegan a decirle todo lo que sienten por él. -¿Qué es lo mejor de este programa? -«Los minooos», responde Vale, del público. Y la temperatura del estudio sigue subiendo cada vez que un galán aparece en escena. Mujeres anti-Schilling Las chicas gritan con Rodrigo Díaz, con Iván Cabrera y con Julián Elfenbein. También aplauden con el hermano de Schilling, que aparece grabado en la pantalla del estudio, poniéndole la nota sensible a «Fiebre de Baile». «Éste sí que es mino», dice una niña que usa frenillos al compararlocon el más que amigo de Raquelita. Después de escuchar los consejos de su hermano, Schilling lanza: «Hay que probar lo malo para saber lo que a uno le gusta». La frasecita no convence al público: «Ah yaaaa, güena», dice la amiga de la niña con frenillos, que tampoco se conmueve con el llanto de Schilling que muestra Pancha Merino en el backstage. «No le creo nada», afirma, y varias otras asienten con la cabeza. En el camarín está Raquelita con un pisco sour en la mano. Llega a sentarse con las piernas cruzadas a lo indio en el suelo. Está frente a Pablo que ya no llora. Ella le conversa. Él la mira. Ella le conversa. Él mira su celular. Ella le sigue conversando. Él sigue mirando su celular. Ella tiene el hombro descubierto por la bata roja y él como si nada aprieta las teclas del celular. Se acabó el descanso, todos al estudio. Julián, el sencillo El espectáculo en «Fiebre de Baile» no se detiene cuando hay comerciales. Aunque las cámaras estén apagadas, Valentina Roth sigue sonriéndoles coqueta a todos, se tira al suelo y hace piruetas sin que ningún camarógrafo la siga. El público sigue gritando y Julián Elfenbein se pone a las órdenes de las mujeres que braman su nombre. Antes de volver al aire, entra el maquillador al estudio. Las chicas gritan. Julián responde y le da un beso en la mejilla al maquillador y algunas niñas suspiran: «Es tan divertido, tan lindo», mientras una le ruega a su amiga que grite: «¡Julián a Viña!». -¿Has pensado en Viña? -No, no. Para nada. Tengo mi mente puesta en el próximo capítulo de Fiebre de Baile y en el matinal, asegura el animador y se pone serio, por primera vez. El animador, que ese martes 1 de junio dice no pensar en nada más que en el presente, tampoco piensa que el éxito del programa sea todo gracias a él, sino que a «un trabajo de un equipo que se quiere, se ama y se adora. No te podría dar la clave del éxito, pero está el equipo de producción, el casting, el jurado, la conducción que le da rapidez, el humor, el backstage, ¡todo!», remata humilde. Carne para el resto Pero Francisca García-Huidobro, que recibe aplausos escandalosos cada vez que habla, sí sabe cuál es la clave de que «Fiebre de Baile» se haya convertido en el programa más visto de la franja nocturna: -¿Por qué han tenido tanto éxito? -Creo que tiene que ver con la honestidad con que se trabaja en Chilevisión. Nosotros hacemos programas de farándula, y son de farándula pura. No están disfrazados de investigación, ni de conversación, ni de late show. Este un programa que genera harto cahuín, harto rumor, harta carne para el resto. Yo también vivo de «Fiebre de Baile» los viernes en la noche así que también estoy agradecida de estar acá, contesta implacable como siempre. Termina el programa, el licenciado Benni ha sido eliminado, sus compañeros lo consuelan y sólo tienen palabras de cariño para el italiano que le hace creer a todo el mundo que es grosero y mal hablado. Hay abrazos, besos y alguna que otra mirada de desprecio. Se apagan las luces del escenario y la chica guapa que le dio el beso a Iván Cabrera corre y varias de las lais y no tan lais la siguen. Van directo hacia la Fran, que se deja abrazar y fotografiar con todas las niñas que no se cansan de decirle que es una ídola. Francisca se toma el tiempo de posar con cada una de ellas. Como buena dueña de casa, despide a sus invitados sabiendo que se trata de eso, de vivir para los flashazos.
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