Geólogo explica qué fue lo que oímos en el terremoto y antes del sismo 4.8 del domingo
A las 23:23 minutos del domingo último, miles de santiaguinos figuraban saltando de sus camas. La Tierra todavía no se remecía cuando un extraño sonido de ultratumba hizo recordar la madrugada del 27 de febrero. Segundos después, comenzó a temblar. Primero fue suave. Luego vino un sacudón brusco y corto.
El movimiento tuvo una magnitud de 4.8 y se localizó a 34 kilómetros al oeste de Santiago. Por eso ayer no hubo capitalino que no hablara del estremecedor ruido que acompañó al sismo. ¿Qué fue lo que se oyó? ¿La vibración de las ventanas, de las paredes, el movimiento del suelo, la energía liberada?
Según Adriano Cecioni, geólogo de la Universidad de Chile y profesor de la Universidad de Concepción, lo que percibimos fue el sonido de la Tierra. «Las ondas sísmicas no nacen espontáneamente, sino que por un proceso tectónico o geológico. Es decir, porque se rompe una parte de la corteza, se rompe la energía de roce que hay entre las placas. Entonces, es la ruptura de las rocas de los segmentos de las placas al interior de la Tierra lo que genera ruido», explica.
-¿Y eso es lo que escuchamos hasta en un piso 20?
– Claro, ese sonido profundo y grave, que uno percibe que viene de abajo, fue lo que se escuchó en Santiago. Cuando uno está cerca del epicentro o en el epicentro mismo, se siente primero el ruido y después viene el salto, que es la onda de compresión y luego la de corte (ver recuadro). La velocidad del sonido es más rápida que la onda sísmica. Ahora, si la magnitud es de 2 ó 3 grados, es difícil escuchar algo.
-¿Se puede medir el ruido?
-Con un geófono, pero no suele hacerse.
-¿Una réplica también genera ese ruido?
-Sí, las réplicas son arreglos verticales de los bloques rocosos rotos. Por eso se llaman réplicas de ajuste de bloque. La ruptura, fractura y roce generan ruido. Pero el sismo de Santiago no fue una réplica, sino uno nuevo.
-¿Entonces una persona puede percibir si está lejos o cerca del epicentro por el ruido?
-No solo por el ruido, también por los movimientos que percibimos.
El geógrafo Marco Cisternas explica que lejos del epicentro de un terremoto grande, se puede sentir «un temblor de baja frecuencia y de larga duración. Si uno está cerca del epicentro va a ser de alta frecuencia, con oscilaciones rápidas y corta duración».
Precisa Cecioni que lejos del epicentro no escuchamos el ruido de la Tierra, sino «las vibraciones de los objetos que nos rodean».


