El cardenal y secretario de estado vaticano Angelo Sodano -ese viejo conocido nuestro- aparece defendiendo a Benedicto XVI con una mano, mientras con la otra le toca la oreja y lo torea, desafiante
Como todos sabemos, el Vaticano, del latín Vaticanus (de vates , adivino, y cano , canto, lo que viene a ser: la ciudad donde canta el adivino), es un microestado de tan sólo 0,44 kilómetros cuadrados y una población de 921 habitantes, incluyendo a ese brillante papa que hoy las está viendo verdes bajo una lluvia de acusaciones de encubrimiento de abusos y actos de pedofilia que pesan sobre él.
Como unos pocos saben, contamos con muy buenos informantes en todo el orbe y sus inmediaciones, y la ciudad donde canta el adivino no es por cierto una excepción. Es así como una fuente muy fiable nos informa desde allí que un viejo conocido nuestro, el cardenal Angelo Sodano, el mismo que en la misa del pasado domingo de Pascua de Resurrección realizó una cerrada, intempestiva y a nuestra manera de ver muy grosera «defensa» de Benedicto XVI, se ha atrincherado en su departamento y en las oficinas que le correspondían como secretario de Estado y que de allí no hay quien lo mueva, pese a haberle llegado, por edad, la hora del retiro. Agrega nuestra fuente que, de esta manera, Sodano aparece defendiendo al papa con una mano, mientras con la otra le toca la oreja y lo torea, desafiante. Que trate de sacarlo, que lo intente, y él hará una pormenorizada revelación de los «cadáveres escondidos» durante los últimos diez años de Juan Pablo II.
Ésa más o menos habría sido la escopeta con que este angelito de Dios habría encañonado al papa. El ex nuncio en Chile y amigo personal del general Pinochet estaría encabezando una rebelión, bajo cuerdas, contra Ratzinger, como ajuste de cuentas por la suerte corrida por Marcial Maciel, el fundador de los Legionarios de Cristo, a quien Benedicto persiguió hasta las últimas consecuencias, a pesar de la presión del principal adalid y defensor de Maciel, el cardenal y secretario de estado Ángelo Sodano.
Se cree que Maciel dejó un imperio estimado por el periódico L'Espresso en unos 25 mil millones de euros, con un presupuesto anual de 650 millones, según The Wall Street Journal . Con esa menudencia Maciel compraba apoyos para su orden y cobertura para sí mismo, a fin de mantener a buen recaudo su vida oculta. Se ha comprobado que fue un morfinómano que abusó sexualmente de al menos veinte de sus seminaristas, y que compró la protección de más de un cardenal, muy a la mexicana, con potentes andanadas de dólares en discretos sobres. De ahí que la lealtad de muchos hacia él perdure más allá de su muerte.
El amor al lujo desarrollado por algunos príncipes de la Iglesia católica linda con lo grotesco. Acuartelado en sus dependencias, Sodano lanzó a Benedicto el domingo un salvavidas de plomo, agravando la crisis que vive el pontífice. Un «abrazo del oso», que era lo último que el alemán estaba necesitando. Confiamos en que la inmensa inteligencia de Ratzinger lo haga salir bien de esta trampa, que no es la primera que le tienden, con hipocresía diabólica, sus hermanos en Cristo.


