La ex ministra de Cultura arrasó con rol de mujer adicta al poder, en La amante fascista
Escena uno. La sala está completamente a oscuras y de fondo suenan grabaciones de helicópteros. De pronto se encienden las luces y ahí está ella: Paulina Urrutia en topless, interpretando a Iris Rojas, la esposa de un capitán de Ejército en «La amante fascista», del dramaturgo Alejandro Moreno.
Aunque la ex ministra viste un corsé blanco que se confunde con su piel, no pasan más de dos minutos antes de que se acomode de tal manera que el público ya no pueda seguir distrayéndose, buscando la delicada piel de Paulina. Claro, la obra va a durar una hora y media. Hay que concentrarse, porque el contenido está representado en un monólogo, pues todo está sostenido en Iris, quien tiene un hijo homosexual y es adicta al poder. Los dos actores que acompañan a Urrutia son casi parte de la escena. De hecho, uno de ellos no dice una sola sílaba en toda la noche.
El público del Centro Matucana 100 responde al desnudo parcial de Paulina con un silencio que congela. No faltan los que se miran las caras con cierta incredulidad. Tampoco hay tiempo para decir mucho, pues las poderosas frases con que la ex ministra de Cultura ataca al marxismo y defiende al supuesto salvador de su patria, casi no permiten reacción.
En primera fila, su pareja, Augusto Góngora, saca pecho orgulloso y un poco más atrás José Antonio Viera-Gallo se emociona, tal como el actor Néstor Cantillana y un grupete de empleados del Ministerio de Cultura que viajó especialmente para presenciar el estreno de la obra de su ex jefa, que volvió a las tablas con lleno total, ovación y lo mejor, entrada gratis (ver ficha).
Paulina está que se quema de emoción arriba del escenario. Se ríe de Víctor Jara y de Violeta Parra sin contemplación, a la vez que explicita el bajo nivel cultural de su pobre personaje, al confundir a los caballos con paquidermos y al estado de Florida con el de California.
«Este papel estaba para que lo hiciera la Tamara Acosta, que está más jovencita», bromearía más tarde Paulina, en medio del brindis por el exitoso regreso.
«Esta obra va mucho más allá de Chile, tiene que ver con todos los lugares donde hay represión y violencia», elogió también Viera-Gallo, antes de retirarse.
«¿No di vergüenza?», preguntó después pudorosa Paulina, mientras todos destacaban que su retorno oficial al teatro fue a tablero vuelto.
«Si bien esta no es la primera vez que piso un escenario desde que dejé el ministerio, sí es la primera obra en que parto de cero, ya que con el autor Alejandro Moreno trabajamos los textos prácticamente de cero», dijo.
-¿Por qué el tema fascista?
-Esta es una obra que no nos olvidemos de dónde viene esta derecha como más dura, más recalcitrante, el fascismo. Nos está conminando a no perder la memoria. Nada más.


