Mamá de niños Rojo insiste en su inocencia
Desde la cárcel dice que sabe quién atacó a sus hijos y pide ayuda para reabrir el caso.
Un poncho morado con varios adornos luce Jeannette Hernández. Ella misma lo tejió para capear el frío de la sección de la cárcel de mujeres donde permanece desde hace quince meses. La justicia cambió su condena de cadena perpetua a 32 años de reclusión.
La mamá de los niños Rojo -Esteban murió y Pablo quedó con secuelas tras ser atacados con un martillo- dice que no quiere pensar en eso. «Siento impotencia y rabia, porque los fiscales, la justicia se equivocaron conmigo. Yo no les hice nada a mis hijos», asegura una y mil veces durante la entrevista.
-¿Entonces qué pasó?
-En el juicio dijeron muchas mentiras sobre mí. Los mismos peluqueros que declararon en mi contra ahora me piden disculpas a través de mi hijo mayor y dicen que actuaron presionados, pero que quieren decir la verdad. Hubo una confabulación y por eso necesito ayuda de un abogado para reabrir el caso y que se sepa la verdad.
-Su nombre se relaciona con un hecho terrible, Jeannette.
-Mi nombre está marcado por algo horrible que no hice. La gente cree que soy la peor de las basuras. Pero yo amaba a mis hijos y ahora quiero salir de aquí para estar con mi hijo Pablito.
-Él dice que no quiere verla, ni siquiera ahora que viene el Día de la Madre.
-Está influenciado por la familia paterna, pero yo sería la mamá más feliz si me escribiera y me viniera ver. Confío en que este diciembre, cuando cumpla 18 años, él decidirá solo venir a visitarme.
-¿Se arrepiente de algo de lo dicho o hecho?
-De haber sido algo celosa y no era tanto tampoco. En el juicio quedé como celópata y no es así. También de que cuando me llamaron a declarar respondía en general, sin saber que estaba siendo acusada. De haberlo sabido, habría sido más precisa.
«Yo no estoy loca ni enferma. Lloré a mi hijo y sufrí mucho, pero estaba en shock», agrega, en alusión a las críticas que recibió porque nunca la vieron llorar por su hijo muerto o que durante el velorio estaba más preocupada de celar a su marido.
En el sector donde está, Jeannette Hernández comparte espacio con Pilar Pérez, la Quintrala, con quien dice no tener contacto. La mamá de los niños Rojo teje, lee la Biblia, ve televisión y recibe a su familia en una sala amarilla sin ninguna comodidad. «No importa cuánto tarde, saldré de aquí», dice.
«Confío en que mi hijo Pablito vendrá a verme cuando cumpla 18 años este diciembre», Jeannette Hernández.


