El hombre que se entregó dos veces tras matar a su gran amigo

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Luis Chávez confesó a la policía, el juez lo dejó libre y ayer llegó al tribunal para quedar preso

La culpa lo llevó a intentar suicidarse, pero un desconocido lo salvó. Hasta que un hijo le pidió que contara la verdad.

«Asesino, púdrete, mataste a tu mejor amigo», gritó desesperada Isabel Reyes al finalizar la audiencia en la que formalizaron al homicida de su esposo. La mujer había escuchado entre sollozos el detallado relato del crimen del vendedor de embotelladora Andina, Rodrigo Muñoz Navarrete, pero al final no pudo más y se paró a encarar al que suponía partner de su marido.

Luis Chávez Urbina no había soportado el calvario y la tarde del martes llegó hasta la Brigada de Homicidios de la PDI para confesar: la noche del 27 de abril mató a Muñoz tras darle repetidamente con un fierro en la cabeza. Todo con tal de evitar pagarle una deuda.

Cuando ya solo esperaba que lo llevaran a un calabozo vino lo más insólito. El juez Juan Manuel Escobar, en lugar de mandarlo detenido, lo envió de regreso a su casa argumentando que había confesado sin tener un abogado defensor. Tan sorprendido como el fiscal que lo interrogó, Chávez se fue a su hogar, durmió con su familia y al otro día partió a entregarse nuevamente, ahora ante el tribunal. Ahí al fin quedó en prisión preventiva tras ser formalizado por homicidio calificado.

La historia de la amistad comenzó hace tres años. La víctima era el encargado de repartir bebidas en Peñalolén donde Chávez tiene el minimarket «Enzo Franchescoly». El año pasado Muñoz ayudó a Chávez. «Era su mejor amigo, él le salvó el negocio, lo salvó de la quiebra», contó Gustavo Muñoz, hermano de la víctima.

Según los antecedentes de la fiscalía el préstamo fue de 20 millones de pesos. «Le debía un millón 50 mil pesos y tenía que abonarle ese miércoles 800 mil y no tenía cómo pagárselos. Le dije a mi asistente o él o nosotros , y que teníamos que terminar con esto y que me acompañara», relató a los policías Chávez.

Esa noche citó a Muñoz y lo invitó a pasar a la bodega de su negocio. Allí lo atacó con un fierro. «El primero fue en la cabeza y estando en el suelo le pegué durante algunos minutos», contó a la PDI.

Luego desvistieron el cuerpo y lo trasladaron en camioneta para tirarlo al Canal San Carlos. Pero el plan falló. El cuerpo apareció a las 7 de la mañana del día siguiente en el río Mapocho a la altura del puente Pío Nono.

«Es un hombre trabajador, siempre le decíamos que se tomara vacaciones. Creemos que estalló por las deudas y el estrés», cuenta Juan Sepúlveda sobre su vecino desde 20 años.

Al día siguiente del crimen, Chávez se intentó suicidar. Tomó pastillas para dormir y fue a la orilla del mismo canal donde tiró a su amigo. Sin embargo, alguien lo salvó cuando ya estaba en el agua. «Dije que me habían secuestrado, pero me quería matar», relató.

Pero la frase que terminó de remecerlo se la dijo su hijo. «Si sabes algo de la desaparición de Rodrigo, dilo a la policía», le aconsejó. Y así lo hizo.

 

 

Por libertad de homicida

Juez y fiscal se tiraron la pelota

«El fiscal no me dijo que el imputado había renunciado a su derecho a defensa al momento de declarar», explicó extrañamente al finalizar la audiencia el juez Juan Manuel Escobar del Octavo Juzgado de Garantía.

El persecutor Álvaro Pérez quiso responderle al magistrado, pero éste no lo dejó hablar y concluyó la audiencia dejándolo con la palabra en la boca. Molesto afuera de la sala dijo «El juez me merece respeto y también sus decisiones, pero si la persona no desiste de la defensa ¿cómo le voy a tomar una declaración? No tiene mucho sentido».

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