Marco es una empresa de EE.UU. que está en Chile hace 50 años
Piscinas de vidrio, jacuzzis gigantes y salas de cine tienen estas maravillas que pueden navegar todo tipo de mares.
Cualquiera puede creer que para hacerse un megayate de lujo hay que tener un saco con plata. Efectivamente, tiene toda la razón. Los cálculos conservadores indican que para construirse una nave de estas hay que pagar un millón de dólares por cada metro lineal de eslora (largo). Es decir, si usted tiene 75 millones de dólares, se puede hacer un palacio flotante de 75 metros. Pero, lo realmente novedoso es que en Chile existe un astillero que construye este tipo de naves.
La empresa se llama Marco chilena, no por Marco Antonio, sino por Marine Construction, fundada en el año 1953, en Seattle por Peter Schmidt, quien en 1960 se instaló en Iquique, Primera Región, debido al boom de la construcción de embarcaciones pesqueras.
«Nos vinimos mi padre, mi madre y los cinco hijos. Yo tenía un año de vida», recuerda ahora Hans Schmidt, desde las oficinas de Marco en Iquique donde es el gerente general.
«En los primeros tres años se construyeron 100 barcos. Eran los tiempos de las banderas negras en Iquique por la crisis económica que había provocado el salitre. Había mucha depresión. Mi padre puso un aviso en el diario que recién empezada «La Estrella», era su primer número y llegaron miles de personas a buscar trabajo», cuenta Schmidt.
El cómo esta empresa derivó a la construcción de megayates de lujo tiene su explicación en el bajón de producción de pesqueros que empezaron a sufrir a contar del año 1992, con la promulgación de la nueva Ley de Pesca. La actividad, principalmente en sur de Chile, comenzó a disminuir y con ello la demanda de naves.
«Teníamos otro astillero en San Diego (California), que era el número uno en la construcción de naves atuneras. Ese se vendió y nos trajimos toda la tecnología. Ahora acá construimos atuneros para México, Colombia y Ecuador. También para Corea del Sur, a pesar de que ellos son potencia mundial en construcción de barcos».
-¿Cómo llegaron a producir naves de lujo?
-Se nos acercó un cliente para la construcción de un buque de apoyo de un megayate, para llevar personal de servicio, guardaespaldas, alimentación, un hidroavión y sistema de comunicaciones. El buque era para un príncipe de Arabia Saudita que además era comandante de la Fuerza Aérea.
-¿Así entraron al negocio del lujo?
-En el año 2000, hicimos reparaciones y trabajos mayores en yates y para atraer más mercado, decidimos trasladar esa especialidad a Chile. Ahora estamos haciendo dos megayates de lujo en los astilleros, acá en Iquique.
-¿Cuánto se demoran en hacer un megayate de lujo?
-Cerca de tres años como máximo. Son como palacios flotantes, normalmente el cliente quiere cosas muy originales. Un ejemplo es el ascensor que pondremos en uno de estos barcos. Es como un cilindro de vidrio (se inclina para poder observar un plano). Sólo una cosa así puede demorar casi lo que demora un barco normal. También nos pidieron poner una piscina grande, de ocho metros de largo, por cinco de ancho y tres metros de profundidad. Toda de vidrio
-¿Temperada, techada?
-Las dos cosas. Está en el exterior, pero también está calefaccionada.
-¿Hay algún requerimiento respecto de la pintura?
-Todos tienen una terminación de pintura que los hace parecer un bote de plástico. Es una macilla de 14 milímetros que va sobre el acero y sobre eso le ponemos una pintura que lo hace parecer de plástico de color blanca. Si tú lo miras parecerá un espejo.
-¿Qué otra característica lo hace ser de lujo?
-Los pasamanos están hechos de acero inoxidable pulido. Las cubiertas exteriores, de una madera que se llama Teka, importada de Burma (ex Birmania). Eso es muy costoso. L
-¿Y eso sería todo?
-Eso para comenzar, ‘ porque todos tienen ascensores, helipuertos y piscinas: uno de los que tenemos en construcción tiene tres jacuzzis, el más grande tiene 16 metros cuadrados.
-Continúe, por favor.
-Cuentan con sistemas audiovisuales de última tecnología, wi fi por todo el barco, pantalla plana que sale desde los techos, cinemas para 15 personas.
-Eso es muy costoso.
-Sí, estos yates tienen mucho vidrio por todos lados y en los barcos el vidrio tiene que ser muy resistente y eso sale muy caro. En uno de los barcos solamente el vidrio suma dos millones de dólares. Eso, para mirar para afuera.
Hotel siete estrellas
Hans Schmidt cuenta que una característica especial de estas naves es que tienen un compartimento donde llevan lo que ellos llaman «botes limusinas», que son las naves que transportan a los pasaajeros hasta los muelles. «Son lo que llamamos garage para poner botes y están adentro del barco. Se abre una puerta por el costado de unos 10 metros de largo y sale la nave y baja hasta el mar».
Los yates tienen lo último en sistemas de navegación y otras jo-yitas como «estabilizadores dinámicos» que impiden que la nave se ladee durante la navegación. «Hélices laterales» en la proa y popa para que puedan maniobrar hacia los costados y, de esta manera, acercarse a los muelles.
Sus motores alcanzan hasta 17 nudos, pero por lo que más son reconocidos a nivel mundial, según Schmidt, es por «nuestra calidad de trabajo. Trabajamos el acero como ninguno y nuestras terminaciones son muy elogiadas», explica.
-¿Cuál es el requerimiento más exótico que le han hecho?
-Exótico, bueno, todo es un poco exótico, pero hay especialistas haciendo esos temas de decoración. La gente que hace los interiores de lujo, lo hace afuera de Chile. Hay diseñadores haciendo lo que quiere exactamente el dueño y su señora y después ellos vienen aquí, a Iquique, a instalarlo. Es una especialidad muy diferente, es una terminación de un palacio, de un hotel de 7 estrellas.
-¿Uno de sus clientes es Giusseppe Cipriano, el ex de Carolina Parsons?
-No, ya no lo es. Nosotros tenemos acuerdos de confidencialidad con nuestros clientes, me encantaría hablar de nuestros clientes, pero no podemos. Le aseguro, eso sí, que son personas millonarias.
Réplica uno es a uno de la corbeta será museo
Una «Esmeralda» entre mar y avenida
Reconstruir una versión idéntica a la Corbeta Esmeralda en la misma ciudad donde fue hundida por el Huáscar hace más de 130 años es la titánica tarea que está realizando Marco chilena y la Armada. En un proyecto financiado por la minera de la región Doña Inés de Collahua-si, que suma más de cinco millones de dólares, los astilleros que construyen modernos yates de lujo ahora trabajan en replicar los camarotes de la tripulación, la botica, la enfermería e incluso el lugar donde Arturo Prat pronunció su famosa arenga antes del combate.
«El buque estará replicado desde su cubierta, cañones y sus velas. También el ancla, timón y hélice. Todo en escala de uno es a uno, incluyendo las mesas, pañoles y la cámara de Prat», cuenta con orgullo el jefe de proyecto vicealmirante (r) Gubelino Mondaca.
El barco-museo estará emplazado al borde del mar en el parque Patricio Lynch de la ciudad. Sobre una base de concreto se levantarán sus casi 80 metros de eslora (largo), incluyendo el bauprés (mástil de proa de un barco de vela); 11, 5 metros de manga (ancho) y un alto de 37 metros similar al edificio de 15 pisos que está al frente por la avenida Arturo Prat.
Un espejo de agua o piscina dará la impresión de que el buque está flotando. Estará rodeado de parques y estacionamientos. Los cañones se harán en una fundición de Alto Hospicio, los presos de la cárcel de esta comuna confeccionaron los elementos de maniobra de madera y las velas son las que dio de baja el Buque Escuela Esmeralda.
Para simular la madera de la cubierta se usaron planchas de coihue y poliuretano envejecidos que dan la impresión de los cordones con brea que servían para sellar la madera en esa época. El proyecto, ideado por los trabajadores de Collahuasi como un aporte a la ciudad en el Bicentenario, está en un 35 por ciento de desarrollo. En octubre terminarán la estructura, pondrán la cubierta y las maniobras de vela, en un trabajo que usa la tecnología para construir una nave de época, como lo explica Alejandro Montalva, jefe de buque de Marco chilena.
«La idea es que la gente toque el barco y vea cómo era, la magnitud, su dimensión, su textura. Que sepa cómo vivía Prat, Serrano y Orella entre otros. Sus dependencias, la marinería, cómo se manejaban los cañones», reflexiona Montalva, a quien le apasiona haber pasado de la fabricación de yates de lujo a esta réplica histórica. «Estamos aplicando toda la tecnología actual para hacer una obra que dure mucho en el tiempo, pero que tenga la apariencia de una nave de época», explica Alejandro Montalva.
Para esto un grupo de historiadores viajó a Inglaterra lugar de fabricación de la corbeta en 1855. Ahí consultaron fotografías, planos y documentación cuyos originales se perdieron después del Combate Naval de Iquique. «También han sido de mucha utilidad para hacer un trabajo fidedigno los dibujos del doctor (Alfredo) Cea por su precisión y detalle», dice Montalva al recordar al afamado médico, buzo y dibujante. Una de las personas que más sabe de la histoia de la Esmeralda.
«Es una obra emblemática del Bicentenario que no sólo va a contribuir al turismo, sino que nos va a acercar a nuestras raíces», sostiene el almirante Kenneth Pugh, comandante en Jefe de la Cuarta Zona Naval. R


