Como usted bien sabrá, la tierra de los zorzales y de los rojos copihues ganó el merecido Premio a la Bandera más Bella del Mundo. Las cosas son bien claras. En su edición del 2 de octubre de 1907, el diario El Mercurio de Valparaíso titulaba en portada: «La bandera chilena en Blankenberghe». Y luego se puede leer allí con todas sus letras: «Nuestra bandera, el bello y glorioso símbolo de la nación chilena, ha recibido el primer premio de un ‘concurso de banderas', celebrado en el mes de agosto último, en el gran balneario alemán de Blankenberghe, situado en la costa del Báltico».
El Mercurio del puerto nos cuenta, pletórico de orgullo: «La bandera presentada por las familias chilenas era de seda gallardamente colocada en una caña con el asta oro; se coronó el conjunto con una estrella solitaria suspendida sobre un globo terrestre. El portaestandarte de la insignia laureada fue una hijita de la señora Rojas». ¿De dónde, entre paréntesis, habrá salido esta señora Rojas al baile? Y agrega El Mercurio : «Ella después de hacer flamear orgullosamente su bandera en la rampa de la playa fue paseada en triunfo por las calles de Blankenberghe, dándola a conocer a todo el mundo».
Cinco días más tarde, la revista Zig-Zag se encargará de corregir un leve error en que involuntariamente había incurrido El Mercurio , puntualizando en su crónica que el mencionado balneario estaba ubicado en Bélgica, no en Alemania. Y en la costa del Mar del Norte, no en la del Báltico. Luego, para mayor precisión, el diario El Ferrocarril asegura que se trata en realidad de un centro vacacional llamado Bekenhausen, ubicado en el Mar Negro y que la familia sería de apellido Cáceres.
Chile entero zapatea de gusto. Dos familias chilenas, los Baehcker y los Casas o Cáceres, o los que fueran, habrían coincidido en una elegante ciudad de veraneo como parte de sus vacaciones y, al llegar allí, donde descansaban ciudadanos de todo el orbe, se encontraron con este singular torneo, en el que prestamente decidieron participar, ganando así-entre un bosque de paños patrios- un categórico primer lugar para la bandera de la estrella solitaria. Pero, como no escasean entre nosotros los aficionados a confundir las cosas, otro medio local, El Telégrafo , afirmó que el dichoso concurso se había realizado en realidad en el siglo diecinueve y que habría tenido lugar en unas termas de los montes Urales.
Detalles nimios, en fin, que en nada logran empañar esta clarísima victoria de nuestro emblema nacional por sobre los trapos de decenas de países. La bandera francesa se tuvo que conformar con un justo segundo lugar en este certamen, con el natural malestar de los vacacionistas franchutes. Sin embargo, y pese a lo preciso de los datos aportados, a la claridad meridiana e indesmentible de la información con que se cuenta, no faltan los aguafiestas que aseguran que esto es sólo un mito, un invento de viajeros ociosos y chovinistas. Típico comentario de gente apegada a una rigurosidad amargada, chaquetera y derrotista, ese vicio bicentenario con el que los chilenos debemos lidiar todos los días.
No faltan los aguafiestas que aseguran que el concurso de banderas ganado por el trapo chileno es sólo un mito, un invento de viajeros ociosos y chovinistas.


