La cruel captura de la aleta del Tiburón azul en Chile

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En Asia el producto es considerado un afrodisiaco natural

Embarcaciones peruanas los pescan en aguas chilenas. Después de mutilarlos los devuelven al mar moribundos.

Tres pescadores acaban de cazar un tiburón. Viajan en una pequeña embarcación y sólo les interesa una parte del pobre animal. Nadie podría esperar un acto más cruel, pero sucede: con un cuchillo le cortan las aletas y, aún vivo, lo devuelven al mar. Pasarán horas o tal vez días para que muera mientras los pescadores reunirán el máximo de aletas para luego venderlas, a muy buen precio, a intermediarios que las envían al mercado asiático donde tienen un amplio prestigio como potente afrodisiaco natural.Lo que hicieron esos pescadores se conoce mundialmente como sharkfinning y es la triste realidad del Tiburón azul o Azulejo que habita la zona central y norte de Chile y que es el principal responsable de la numerosas incursiones de pesqueros peruanos en la zona económica exclusiva de nuestro país.

«Ellos salen a buscar productos que ya no están en sus costas. Usan los cartílagos de las aletas, que son como unos spaghettis redonditos y transparentes, que se venden muy bien en países de Asia por sus propiedades afrodisiacas», explica el jefe de la Cuarta Zona Naval, contralmirante Kenneth Pugh, cuyo personal captura al menos una vez al mes estos rudimentarios botes que andan pescando en aguas a la cuadra de Arica, Iquique e incluso La Serena.

Para estos pescadores el negocio es redondo, ya que con una pequeña inversión pueden ganar hasta más de 8 mil dólares (4 millones de pesos) por cada faena.

«Salen llenos de hielo que guardan en pequeñas bodegas. Andan con motores de camión. Sin ningún servicio básico, se alimentan muy mal», explica el oficial.

«Es igual que la droga, hay un mercado y asumen los riesgos que sea, porque el mercado les conviene», comenta Pugh.
Especie protegida

Pero en Chile el Azulejo también sufre una incesante cacería. Según el anuario estadístico del Servicio Nacional de Pesca (Sernapesca), el año 2009 se desembarcaron en 268 toneladas de este tipo de tiburón.

Por esta razón todos los tiburones son considerados especies protegidas debido a la gran cantidad de años que demoran las hembras en reproducirse. «Se calcula que entre los 4 y 5 años de edad están en condiciones de madurez», cuenta la ingeniera acuícola Katherine Silva desde Puerto Montt.

«La usan para hacer una sopa», asegura la profesional. Se sabe que ese plato cuesta hasta 100 dólares.
Muchas proteínas

El tiburón azul, «igual que todo bicho de mar, tiene mucho contenido de aceites vegetales, Omega 3 Omega 6, particularmente las aletas», explica el peruano Jorge Castillo Silva, cuya empresa se dedica a la exportación de este producto.

-¿Tiene propiedades afrodisiacas, como se dice?

-Científicamente no lo sé. Se hace una sopa que es muy nutritiva.

-¿Usted la ha probado?

-He tomado sopa de aleta de tiburón y normal. Lo que pasa es que con tanta proteína que tiene, no sólo le arregla el estado de ánimo, la vista, la circulación , sino que también le ayuda a eso.

-¿Cuál es el principal mercado de este producto?

-El mercado es Asia.

-¿Tiene algún valor o precio?

-Es súper variable, pero si lo tuviera no se lo diría.

-¿Cuánto tiempo lleva dedicado a ese negocio?

-43 años, que es la fecha en donde surgió la novedad y mi padre tenía un negocio de seco salado y las aletas la botábamos. Depués nos enteramos de que se vendía. Después esto fue un boom. Era, porque ahora la competencia es tremenda.


-Todos contra el «finning shark»S ea por falta de espacio y por demanda comercial que algunos pescadores realizan el llamado «finning shark». Consiste en cercenar las aletas del tiburón y devolver su cuerpo vivo al mar.

El escualo está condenado a una muerte lenta ya que al no poder nadar, morirá de hambre o será devorado por otros peces. También se ahogan, ya que al no estar en movimiento sus branquias no puede extraer el oxígeno del agua.

En internet hay varios sitios que llaman a no consumir carne de tiburón y derechamente a boicotear y «funar» a los restoranes que comercializan la sopa de aleta de tiburón.

En América Latina esta práctica también se conoce como «aleteo» y tiene muchos detractores que se han organizado para generar conciencia sobre su inconmensurable crueldad

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