Había escuchado eso de que «uno es amo de su silencio y esclavo de sus palabras», pero nunca le tomé más sentido a ese proverbio que ayer, viendo «S.Q.P.». En mi cuna (y sepultura) televisiva comentaban lo apestada que se ve a Vale Roth con los problemas de Juan Pablo Úbeda con su ex, Cynthia Morales. En eso estaban cuando al «Lolo» Sánchez no se le ocurrió nada mejor que sostener que «¡Es una lata pololear con un cachito que tiene así el mamotreto (lío) atrás!». Le salió del alma, pero no agregó nada más. Ya era parte del incómodo silencio que se instaló en el estudio tras su visceral manifiesto. Sus panelistas, él mismo y muchos televidentes recordamos que Diana Bolocco aún no se divorcia de su ex marido. Y que esa situación no ha estado exenta de tiras y aflojas. Incluso en un momento dado Sánchez tuvo el desatino mayúsculo de mandarle a decir al aún marido de su enamorada, Gonzalo Cisternas, que se preocupara más de sus hijos. Con los niños no, Cristián.Como ésa hay muchas frases de famosillos con las que escupen al cielo, ignorando que la ley de gravedad, que es la única que se respeta por estos lados, siempre se encarga de devolverles la repugnante secreción, usualmente en plena cara. Repasemos algunos casos.
Romina Zalazar hace unos días dijo de su colega modelo Mariana Marino que «no la acompaña la cara». Y agregó»Le falta ser conocida y el caracho». Al decirlo olvidó que estuvo por semanas casi sin nariz, luego del atentado que sufrió en un quirófano. Y, que yo recuerde, nadie se mofó de ella con la poca compasión que ahora demuestra contra Mariana, que está bien guapa por lo demás.
Otra: estoy seguro de que Raquel Argandoña no dimensionó sus palabras cuando apareció con una piel natural de zorro en el «Buenos días a todos» y se justificó ante la tirria que despertó ese accesorio diciendo «yo no soy ecologista». Una cosa es decir «me gusta la plata» o «sólo acepto regalos caros para mi cumpleaños», pero otra muy distinta es despacharse una barbaridad como la que dijo. Ahora cualquier incendio que se declare en el San Cristóbal partiría con una sospechosa fija.
Invitada a «Gigantes con Vivi», el programa que desata peleas intrafamiliares, Eli de Caso se mandó otra frase para el bronce: «en la televisión hay muy poca gente contenta». ¿Eso quiere decir que todos esos años en que nos vendió su «rico, buena onda» desde sus programas de servicio estaba actuando?
Una de Pablo Schilling. No podía faltar el príncipe de la bipolaridad erótica. En un «Fiebre de baile» de este año aseguró de Kel que «tener una conversación con ella es muy diferente a la que uno podría tener con una niñita de 19 años». ¿Cómo? ¿Y cuando tapaba a flores a Angie Alvarado (supuestamente esa «niñita de 19 años» a la que hizo indirecta mención) y la defendía a brazo partido de todo y de todos?


