Nueva editorial presenta antologías preparadas por los mismos autores
Con un libro dedicado a Floridor Pérez debuta una serie que incluye a escritores como Oscar Hahn, Rafael Rubio y Gonzalo Rojas.
El título Con lágrimas en los anteojos tiene 49 años: lo inventó Floridor Pérez en 1961 para bautizar un libro de poemas, pero el volumen nunca se publicó y la frase quedó flotando en la memoria de su autor.
Esta semana ha revivido, como dice el poeta. Con lágrimas en los anteojos es el nombre que lleva una antología de su obra que fue lanzada ayer en la tarde en la Biblioteca Nacional.
La compilación tiene varias marcas distintivas. Además de dar a conocer masivamente ese casi cincuentón juego de palabras, el libro inaugura las actividades de la nueva Editorial Pfeiffer y, a la vez, la serie de publicaciones con que ha decidido ingresar al mercado.
La Colección 33 – como ha sido llamada- incluye a siete poetas chilenos a quienes el debutante sello pidió 33 poemas: 32 sacados de su producción ya difundida, y uno inédito y manuscrito.
A la antología de Floridor Pérez seguirán las de Juan Cristóbal Romero, Óscar Hahn, Rafael Rubio, Manuel Silva Acevedo, Pedro Lastra y Gonzalo Rojas.
«Quisimos darles libertad a los autores y por esa razón ellos mismos hicieron la selección de sus poemas. Eso también les permite a los lectores saber qué considera importante cada poeta, sobre todo en el caso de trayectorias largas», comenta Ernesto Pfeiffer, licenciado en literatura y dueño de la editorial.
El sello dedicará la mayor parte de su trabajo a difundir poesía, tanto de escritores chilenos como extranjeros.
«Es un género que sigue vivo y que estará vivo siempre, aunque sea subterráneamente. Tenemos la confianza de que les sigue hablando a muchos adictos», explica Pfeiffer.
La mayor parte de los títulos que publique la editorial formará parte de colecciones. Su dueño se declara una especie de fanático de ese sistema de difusión, porque, según dice, rescata una tradición perdida y permite «crear un diálogo entre autores, aunque pertenezcan a generaciones y estéticas diferentes».
Cada volumen de la Colección 33 trae un retrato del respectivo autor, mientras el citado poema inédito viene en su versión original (manuscrita) y en una transcripción. «De ese modo, el lector puede tener claro que el poeta nunca para», dice.
Floridor Pérez coincide con esa afirmación.
«Uno siempre tiene un texto que no ha publicado», cuenta el autor, quien en su antología estrena la pieza «Elogio de la tabla del uno».
«Tiene sus varios años, en los cuales ha sufrido o gozado los cambios que yo siempre hago, casi por manía. Es uno de los pocos poemas míos que no aparece escrito en verso. Pero claramente no es prosa. ¿Qué es? Que el lector lo descubra y me lo diga», comenta.
A Pérez le gustó tener autonomía completa para seleccionar los textos de su compilación, que reúne versos de diferentes volúmenes, incluido por supuesto el no publicado Con lágrimas en los anteojos , parte de cuyo contenido se repartió en futuros libros. Pero la libertad con que contó no significa que no haya pasado apuros.
«Es como cuando a uno lo invitan a una fiesta y le dicen que puede llevar sólo a cuatro parientes o amigos. Es un lío. En mi caso hubo una dificultad adicional: mis libros están divididos en capítulos y aquí hay sólo una numeración. Me encantó ese desafío de hacer que los poemas interactuaran entre ellos», dice.
«Cierto que tardé»
Entre los poemas que Floridor Pérez sacó de su repertorio para incluir en la antología publicada por la Editorial Pfeiffer se cuenta «Cierto que tardé». En él se lee:
«Cierto que tardé mucho en encontrarte./Pero eran cuatro millones doscientas/cuarenta y ocho mil quinientos treinta/las chilenas, cuando salí a buscarte».
También puede leerse «P.D. para la Cenicienta»: «Se casaron/fueron muy felices/tuvieron muchos hijos/y colorín/ colorado/se divorciaron/pasó/por un zapatito roto/y después/se casó con otro».


