Él mantiene vivas a las palomas mensajeras

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Ismael Schmidt es uno de los 25 chilenos que participan en carreras de estas aves

En su casa, tiene más de 100 ejemplares y, aunque fue campeón del mundo, sufre por la indiferencia del resto ante su amado hobbie.

Mientras decenas de aves sobrevuelan una y otra vez sobre su cabeza, Ismael Schmidt prefiere mirar al suelo y no seguir engañándose más. Total, la realidad es una sola. «Tengo tres hijos y sólo la más chica de repente me acompaña un poco en esto. Los demás no pescan. Uno piensa que viviendo frente a un colegio, alguna vez un niño va a venir a preguntar, porque cuando andan volando así, juntas, la bandada se ve muy bonita. Pero no, nunca ha venido nadie», reconoce con un dejo de amargo conformismo.

Ismael se dedica hace casi 20 años a la crianza de palomas mensajeras, esas mismas que, antes del imperio de los teléfonos celulares, e-mails, SMS y tweets, ayudaban, por ejemplo, a los ejércitos a comunicarse cuando todos los sistemas se iban al suelo.

Él llegó a este hobby luego de criar palomas de fantasía. «Hay más de 200 tipos distintos, pero no hacen mucho más que estar encerradas. No tienen mucha gracia. En una de esas, conocí a un colombófilo que estaba cambiándose de casa y eliminando las palomas mensajeras. Él me regaló unas parejas. Luego vendí las otras y me quedé sólo con estas», cuenta en su casa de Colina, donde tiene un palomar perfectamente organizado con cien ejemplares.

-¿Se encontró con un qué?

-Un colombófilo. La colombofilia es el arte de criar, seleccionar, entrenar y competir en forma deportiva con palomas mensajeras.

-No le creo que hacen campeonatos con las palomas. Qué entretenido.

-Obvio, pues. La competencia, a grandes rasgos se desarrolla así: las palomas son conducidas en jaulas especiales al punto de suelta designado, que en Chile es entre 160 y 1.000 kilómetros, donde se las libera. La paloma, por su instinto, comenzará inmediatamente el retorno a su palomar. La llegada se comprueba con relojes especiales y se determina el tiempo empleado en el vuelo. Así, se establecen las clasificaciones individuales o por equipos, según sea el caso.

Según Ismael, en su amor por las palomas hay cero interés comercial. Las competencias no tienen incentivos económicos y él prefiere que así sea, aunque tenga que gastar 40 mil pesos mensuales sólo en alimentarlas. «Siempre me han gustado. Lástima que ahora en Chile se declararon plaga y son mal vistas, pero las palomas que tú crías no tienen nada que ver con las de la calle. Hay una gran ignorancia en eso. Una vez traté de hacer algo con el programa ‘La ley de la selva', porque había un gallo ahí que transmitía, no me acuerdo cómo se llamaba, uno chico, y empezó a hablar de los ratones con alas con un desconocimiento completo. Si estas palomas vuelan 500 kilómetros es porque están en perfectas condiciones de salud», aclara.

Acá no pega
En Chile, hoy hay tres clubes de colombófilos, pero sólo dos están activos, el Alas y el Andes. Ismael pertenece al primero y, aunque él daría un brazo porque todo fuera distinto, apenas sobrepasan la cincuentena. «No somos más de 60 los que tenemos palomas mensajeras, y compitiendo, no más de 25. La idea siempre ha sido tratar de captar gente, pero esta cuestión no pega. En un minuto tuvimos la suerte que ganamos un campeonato del mundo que había en España, el mismo año que Massú y González fueron campeones olímpicos. Nos hicieron un reportaje, vino la televisión. Pensé que vendría el boom, pero no pasó nada», recuerda.

La Asociación de Colombofilia de Chile pertenece a la Federación Internacional de Colombofilia. Esa entidad antes organizaba un campeonato del mundo anualmente. «El 2006, lo ganó una paloma mía, de este palomar», cuenta Ismael, con un pequeño brillo en sus ojos. Pero luego el destino se siguió ensañando con él y le dejó caer otra maldición: la gripe aviar. «Ya no se podían mandar palomas afuera. Chile tampoco las deja entrar si antes no se someten a cuarentena. Entonces, no puedes hacer competencias con otros países, porque para que la paloma se aquerencie en un lugar tiene que ser en 30 días. Si no la has hecho volar en ese tiempo, la paloma se va a perder», explica.

A 900 kilómetros
¿Pero qué es lo que mueve a este hombre a seguir empeñándose con estos pájaros que parecen ser sólo visibles para él y sus amigos? «Lo principal, que todavía me sorprende, es que en una carrera lleves una paloma a 400 kilómetros de aquí, la sueltes y la paloma vuelva. Es una cuestión. Se han hecho un montón de estudios y aún no está claro cómo pasa. Supera a todas las aves migratorias, porque a una paloma la suelto a las 7 de la mañana en Puerto Montt y a las 7 de la tarde está en su palomar de Santiago. Vuela a 80 kilómetros por hora promedio», se entusiasma.

Los sectores hacia los que se realizan las competencias son variados. Para el norte, es más complicado por el viento en contra y las aves predatorias. «Llegamos hasta Huasco, que son 600 kilómetros. La idea es seguir avanzando hasta Copiapó el próximo año. Hacia el sur, va desde Puerto Montt, pero con carreras escalonadas en San Fernando, Talca, Linares, Chillán, Los Ángeles y Temuco», dice.

Sobre el gran misterio que implica el viaje de una paloma mensajera, Ismael tiene su tesis favorita. «La principal teoría es que es capaz de leer el campo magnético de cada zona, que puede interpretarlo. Sabe por donde tiene que elegir la ruta. Es la más aceptada. La paloma tiene magnetita en el cerebro y con eso lee. Otros dicen que lee el sol, como los marinos antiguos, que lo hacían por la luna, pero ¿qué pasa en los días nublados? Algunos piensan que hay un tema de olfato, pero en 900 kilómetros, ¿cómo va a oler algo de la zona? La vista tampoco me parece que sea, porque vuelan a 400 metros de altitud y las tapan los cerros», se cierra.

Para la crianza, Ismael revela que es clave seleccionar muy bien los padres. «Depende de qué quieras, pues hay palomas para carreras de velocidad (hasta 300 kilómetros), mediofondo (300 a 600) y fondo (600 a 1.000). Hay que ir probando. Al pichón, a los 30 días tienes que hacerlo volar y ahí se produce su identificación con el palomar. Después es más complicado acostumbrarlo a otro», clarifica.

La cosa no es broma. «Está la historia de un socio que tenía una enfermedad terminal y para no dejarle el cacho a su señora, empezó a repartir sus palomas. Luego me llamó la señora para decirme que se le habían devuelto todas. Las iba a buscar, las regalaba y volvían», recuerda.

Lo que él hace es bien simple. «A los 30 días, las pongo arriba del techo. Se quedan toda la tarde mirando, se ubican y a la tercera colocada se animan a volar. Ahí ya se generó la conexión. No soy mucho de tomarlas, de hacerles cariño, de tenerlas aguachaditas. Creo que la fidelidad la tienen a su casa y no al criador», estima.

-¿Vale la pena tanto esfuerzo, Ismael?

-Mira, ya con que una persona más se pliegue a este hobby, me doy por satisfecho. No sé por qué acá en Chile no prende. Acá entran los que les gustan los pájaros u otros porque el abuelito lo hacía y lo quieren retomar. Una vez, hace varios años, un socio del otro club logró incluir a la colombofilia como actividad extraprogramática en un colegio, pero nadie de esos niños siguió, salvo sus hijos. Yo encantado recibo a cualquiera que se interese. Que me escriban a [email protected], nomás.

«Ganamos un campeonato del mundo, nos hicieron un reportaje, vino la televisión. Pensé que vendría el boom, pero no pasó nada», cuenta Schmidt.
-Final de palomas con galería y pantalla gigante

«He viajado a España y a Portugal. Allá esto es muy fuerte, pese a que no son potencias, como Bélgica, donde hay 180 mil colombófilos. En Holanda, son 80 mil, en Portugal, 20 mil y dicen que son el segundo deporte en importancia después del fútbol. Hay una galería con pantalla gigante para ver la final, a todo cachete, y hasta hacen una feria tipo Fisa de palomas», cuenta entusiasmado Ismael.

«Acá no hay nada. Los argentinos son 6 mil, hasta en Perú nos ganan. Piensa que en Sudáfrica hay una carrera de un millón de dólares, y en Taiwán y otros países asiáticos es todo con plata. Nadie cría porque sí. Acá una vez llegó un chino al club, pero se retiró porque no le interesaba participar por amor al arte», se explaya.

-En Europa este pajarito salvó vidas

«Estados Unidos llevó palomas a la Guerra del Golfo. El Ejército argentino antes las tenía como rama. Chile nunca lo hizo y seguro que eso no ayudó a difundir la colombofilia», se queja Ismael Schmidt.

«Estuve en contacto con un mayor del Ejército que estaba en telecomunicaciones. Él preparó un estudio para explorarlo, pero cuando lo presentó a la plana mayor, le dijeron que estaba loco», cuenta el criador.

«En Europa el tema es muy fuerte por todo lo que hizo la paloma mensajera en la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Los ingleses dicen que se salvó mucha gente por ella. Es como agradecimiento a los servicios prestados que tantos se dedican a esto», concluye

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