«Le ofrecería un pan de pascua ganador, pero sabe que todos estos están vendidos. Me disculpa, pero ni un pedacito le puedo dar para que lo pruebe», dice Deisy Henríquez, con varios panes sobre la mesa del comedor. La repostera vive días de intenso trabajo para responder a los clientes que le piden por Instagram (@tortas.quilicuraa, con doble a) el que se transformó su producto estrella: el mejor pan de pascua de 2024.
Su casa está convertida. El living-comedor ahora almacena lo que fabrica en el patio donde tienen tres hornos funcionando.
«Antes de que fuera reconocida como la fabricante del mejor pan de pascua tenía un solo horno y tuve que invertir para comprar dos más», cuenta.
¿Cuántos panes de pascua está fabricando al día?
«No llevo la cuenta tan precisa, pero deben ser más de 100 diarios y los pedidos son para otros días (cuesta $12.000 el kilo). Hoy estamos trabajando para martes o miércoles, por ejemplo. Antes fabricaba para vender en el día y salían diez panes diarios, podía llegar a fabricar 25 más cerca de los días de Navidad».
Su casa-fábrica está a unos metros de la Pastelería Mogador de Juan Carrera, quien participó en el del concurso organizado por la Asociación Gremial de Industriales del Pan de Santiago (Indupan) con un ejemplar de Deisy. El engaño del comerciante fue descubierto y a ella le permitió dar a conocer y aumentar su pequeña producción que, hasta ese momento, combinaba con la fabricación de tortas.
«Ahora solo estamos fabricando el pan de pascua ganador y no damos abasto con los pedidos. Antes yo trabajaba sola y ahora trabajan conmigo mi marido, mis dos hijas y mi cuñada», cuenta.
¿Qué relación tenía con Juan Carrera, el comerciante que hizo la trampa?
«Teníamos una relación cordial, yo era clienta de él porque hace pasteles que encontraba muy ricos y eso que tengo gustos bien exigentes en temas de pastelería. Él sabía que hacía tortas y este año le llevé el pan de pascua para que lo probara. Le encantó y una semana después me encargó dos panes supuestamente para regalarlos y luego me encargó tres más. Todos me los pagó. Pasaron unos dos días, me llama por teléfono y me dice que iba a ser bien sincero: me contó que ganó el concurso con mi receta del pan de pascua y yo nunca le di la receta. Él no sabía ni los ingredientes ni las medidas que uso».
Tuvo que confesar su ilícito.
«Sí, porque no pudo llegar a mi receta y seguramente iba a ser descubierto más adelante. Además, yo sabía que los panes que salieron en la tele eran los míos. Él y su hijo, con quien trabaja, fueron sinceros, me dijeron que me quedaba muy rico y que era muy difícil llegar a mi receta. Es así porque la fui perfeccionando durante tres años».
Finalmente, la trampa del vecino la ayudó.
«Él se equivocó, ¿y quién soy yo para juzgarlo? Y resultó que por su equivocación yo pude obtener beneficios. Yo soy una mujer súper creyente, soy cristiana: Dios tenía este plan y esto fue una bendición para mí. A mi vecino le deseo lo mejor, que le vaya excelente, porque él es un excelente repostero».
¿Ahora que se agregaron algunos familiares a la producción, no bajará la calidad al pan de pascua?
«No, no, porque tengo una receta y hay cosas que solamente hago yo. La fabricación de la masa y poner los ingredientes los hago yo. No pueden hacerlo los demás, ellos pueden decorar, armar el producto, pero la masa la hago yo, porque me gusta y ese cariño en la fabricación ayuda al sabor».
¿Cuántas variedades de pan de pascua ofrece?
«Yo hacía cuatro variedades de pan de pascua: chip de chocolate, frutos secos, fruta confitada y el de frutos secos y fruta confitada, que resultó ser el que ganó. Ahora le llamamos el ganador y es el único que estamos fabricando, pero pensamos incorporar el de frutos secos porque también le gusta mucho a la gente».
El pan de pascua es estacional, la gran producción y demanda se acaba pronto. ¿Qué viene después?
«Seguir con las tortas, que fue lo que empecé a hacer en la pandemia. Me han mandado a hacer muchas tortas y he tenido que rechazarlas y eso me causa pena porque me encanta hacerlas. Lo voy a retomar y seguiré con los panes de pascua porque, aunque se comen más en Navidad, piden todo el año».
¿Y abrir una pastelería está en los planes?
«Siempre me lo he planteado, lo he pensado muchas veces, pero no quiero perder mi libertad. Tener una pastelería me va a demandar todo el día y tendría que dejar de hacer mis cosas, dejar a mis hijos de lado y mi casa. Soy una persona que no puede trabajar bajo presión, tener estrés no ayuda para obtener un buen resultado de los productos, como el que obtuve con el pan de pascua ganador. Por eso, lo de la pastelería hay que pensarlo bien antes de dar ese paso».