Según Milad, a la FIFA no le va a gustar algo que la propia FIFA le pidió hace cuatro años a la ANFP.
Pablo Milad, presidente de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional y de la Federación de Fútbol de Chile, dice que el Congreso y el Gobierno no lo han escuchado en la tramitación de la Reforma a la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas, al menos en el punto que más lo afecta: la separación legal y administrativa de la ANFP y la federación. Se trata, precisamente, de los organismos que él mismo encabeza, como rostro principal de los intereses económicos de los 32 clubes de primera y segunda división.
Es natural y aceptable que Milad intente defender, una vez más, su propia posición dentro del relato y el bolsillo de aquellos que lo eligieron. No es posible esperar otra cosa: que el representante intente proteger los intereses de sus representados, con todas las herramientas a su disposición, legales, legítimas y de letra chica. Lo que a muchos nos gustaría, sin embargo, es que esa misma eficiencia y celeridad se hubiera manifestado en otras obligaciones que emanan de su cargo: la fiscalización de la multipropiedad en las sociedades anónimas deportivas, el control efectivo a la influencia desmesurada de los agentes de jugadores en las decisiones de los clubes y la gestión comprometida de un plan nacional de desarrollo del fútbol chileno desde sus bases.
Como sea, Pablo Milad explicó en mayo de 2022 ante la Comisión de Deportes de la Cámara de Diputados que la ANFP estaba «trabajando aproximadamente hace un año y medio en la confección de los estatutos» para hacer realidad la separación. Pero ese «trabajo», que en realidad nadie ha visto jamás, no obedecía a una petición surgida desde Chile, sino a una solicitud expresa de la Confederación Sudamericana de Fútbol, Conmebol, para actualizar dichos estatutos a la normativa vigente de la FIFA. Es la FIFA la que, después de los escándalos de corrupción del FIFA Gate, al menos en el papel pretende evitarse nuevos dolores de cabeza con las federaciones de Sudamérica.
Por eso no deja de sonar extraña la amenaza que lanzó el propio Milad hace un par de días, ante la aprobación en general la idea de legislar sobre la Reforma a la Ley de Sociedades Anónimas Deportivas en el Senado con una mayoría de 36 votos a favor y 2 abstenciones. La iniciativa, que encuentra en el liderazgo del senador Matías Walker garantía de transversalidad, intenta responder a una serie de vacíos y defectos observados en la práctica de las instituciones que administran el fútbol nacional. Según Milad, a la FIFA no le va a gustar algo que la propia FIFA le pidió hace cuatro años a la ANFP. La FIFA, por lo tanto, va a castigar a Chile con su exclusión de todas las competencias internacionales por culpa de la FIFA.
Es un antiguo comodín al vienen apelando hace rato los dirigentes del fútbol cuando se ven apurados por un deseo mayoritario de transparencia en su gestión. Los cambios son necesarios y van en el sentido correcto, sobre todo en este punto, porque el equipo que tan mal viene gestionando hace rato la ANFP se llama Chile, sin rendirle cuentas a nadie.


