Regresó a su antigua casa de Loncoche, es adventista y, según sus vecinos, anda más humana
A mediados del año 2004 fue acusada de engatusar a Carlos Spiess, un anciano de 91 años, para quitarle sus millones. Hoy goza de libertad condicional.
«Ella está diferente, se ve como más humana, más simpática, incluso saluda por la calle», cuenta -sin ánimo de burla- María, una de las residentes más antiguas de la pedregosa avenida Crescente Errázuriz, casi en el borde de Loncoche, justo donde el pueblo se acaba y comienzan el campo, las vacas lecheras y el río Cruces.
Allí, en medio de una cuadra cualquiera, destaca una lustrosa casa de madera de dos pisos, de ventanales amplios y portón eternamente cerrado. Casi no tiene movimiento. Parece deshabitada, pero no lo está. Es el hogar de Rolando Zambrano y su esposa Luz Ojeda Campos, aquella mujer de 43 años a quien la señora María y otras vecinas ven tan cambiada.
Y puede ser, porque Luz carga con un pasado terrible. Ella es la ex ejecutiva de la sucursal Villarrica del Banco de Chile que el año 2004 fue acusada -y luego condenada- de estafar a uno de sus clientes, el empresario agrícola Carlos Spiess, un anciano que por entonces tenía 91 años y problemas de memoria.
Según lo que en abril del 2006 concluyó la Justicia, mediante engaños se ganó su confianza y después le sustrajo más de 200 millones de pesos de su patrimonio en efectivo y, además, se apropió de varias de sus propiedades rurales (ver recuadro).
«En esa época ella no hablaba con nadie. Era muy reservada. Andaba en autos costosos y no se metía con nadie de por aquí. Era mucho más ostentosa que el Roli (Rolando Zambrano) que sí era un siete, súper generoso con sus amigos y conocidos. Él era director de tránsito en la municipalidad y garantía de seriedad. Ahora sabemos que Luz volvió, pero yo no la he visto. El caso pasó y la verdad es que ya no nos importa mucho. Para qué molestarla más», cuenta Miguel Jiménez, constructor civil y director del diario local «Loncoche al día».
Portón eléctrico
Loncoche es un pequeño pueblo de 23 mil habitantes que queda al sur de la Novena Región, a 85 kilómetros de Temuco. Hasta el 2004 su único oriundo famoso era la ex «Japening con Ja» Gloria Benavides, pero entonces apareció Luz, quien ahora está de regreso, sólo que con mucho menos bulla que hace siete años.
Tras un fallo de la Tercera Sala de la Corte Suprema, a las 18.30 horas del pasado jueves 1 de abril la ex ejecutiva bancaria dejó el penal femenino de Temuco, se subió a una carreteada camioneta Ford junto a su familia y comenzó a gozar de su libertad condicional, gracias a la cual terminará su castigo firmando en el tribunal.
«Esa señorita era bien pesada, pero al revés del dicho, este un pueblo chico con un infierno igual de chico. Lo que hizo, si lo hizo, ya lo pagó. Nadie anda mirándola ni copuchenteando leseras», dice el colectivero local Jorge Olivos.
Claro que el mito aún revolotea por entre sus calles. El mismo Miguel Jiménez, de «Loncoche al día», recuerda que «Luz era muy humilde y venía de una familia súper buena y trabajadora. Ella trabajaba en la hostería La Ruca . Luego supimos que estaba en un banco, como captadora de clientes. De pronto les empezó a ir bien, muy bien. Se construyeron una casa con portero eléctrico. Nadie tenía esas cosas por acá. Compraban buenos autos. Luz probablemente se hizo cirugías o algo así, porque físicamente cambió mucho. Hasta adquirieron un fundo. En el pueblo decían que les había llegado una herencia, que se habían ganado la Lotería. Y luego explotó el drama judicial».
Cuando a la gente de Loncoche, a los que caminan por la Plaza de Armas y por la calle Arturo Prat se les pregunta por el caso y por el verdadero destino de la plata, sólo se ríen.
Quesos y oraciones
Luz y su marido tampoco se refieren al tema. De hecho, declinaron hablar con LUN. «Queremos vivir en paz», fue la única frase de Zambrano.
Ella siempre ha insistido en que no se trató de una estafa, sino de una donación por cariño y afecto. El día que salió de la cárcel, por ejemplo, le dijo al diario Austral de Temuco que «la muerte de Carlos Spiess (ocurrida el año 2009, mientras ella estaba presa) me dio mucha pena y dolor, porque me hubiera gustado estar junto a él. Don Carlos siempre estuvo consciente y con todas sus condiciones para lo que hizo en favor mío».
En su barrio de Crescente Errázuriz, donde también viven su suegra y cuñados, los vecinos apenas esbozan uno que otro comentario. No por miedo, sino por respeto, aseguran ellos mismos.
La nueva vida de Luz Ojeda es un misterio. Casi no sale a la calle. Normalmente va a pie a la pequeña quesería de su madre en la avenida Carrera, a unas diez cuadras de la suya. No tiene hijos con Rolando y este último trabaja en el campo administrando su empresa de quesos, camino a Calafquén. De eso viven.
La casa de Luz siempre está impecable. Ya no hay maestros trabajando ni arreglos pomposos, como antaño. Cuando se pregunta por ella, una lacónica asesora del hogar se limita a decir que no está y que no sabe a qué hora regresa.
Eloy Ojeda, locutor y encargado de prensa de la Radio Loncoche , cuenta que «antes de que todo pasara, aquí ella se hizo conocida porque todos los años traía la caja auxiliar del Banco de Chile para la Teletón. Ahora volvió, pero se ve muy poco. Y los auditores ni siquiera nos han llamado preguntando por el caso. Hace rato que Luz dejó de ser noticia».
Hasta los Spiess ya la olvidaron. «Todos estuvieron siempre de acuerdo en que era una aprovechadora que estafó a don Carlos, pero ya no tenemos ningún contacto», cuenta el abogado Gaspar Calderón, quien representa a gran parte de la familia.
Fundo de ensueño
Claro que los tiempos de bonanza del matrimonio sí dejaron algunos vestigios que los lugareños todavía recuerdan con cierta ironía. Por ejemplo, la lujosa casa patronal del Fundo Santa Teresa, esa que ambos compraron en un camino de tierra hacia el sur de Loncoche y que prácticamente hicieron de nuevo, pero que nunca alcanzaron a habitar.
«Ahora ese sector pertenece a una empresa forestal, pero aquí todos conocen su historia», dice Miguel Jiménez.
A pesar de su aparente soledad y olvido, hay quienes siguen interesados en Luz Ojeda, como el pastor adventista Alejandro Roa, cuyo templo queda a pocas cuadras de su casa: «Quiero ir a verla y apoyarla porque es una hermana de nuestra fe, entiendo se rebautizó en prisión y nos necesita. Tal vez quiera integrarse a nuestra casa».
Una de las personas más respetadas en la ciudad y quien también asegura tener una conversación pendiente con Luz es la profesora Clotilde Melo, directora del liceo Alberto Hurtado.
«Hace 20 años ella fue mi alumna, aunque físicamente era muy distinta a la que conocemos hoy en día. Yo la recuerdo morenita, muy menudita, estudiosa, responsable y cariñosa. Una buena alumna. Tenía potencial intelectual. Y siempre se preocupó mucho de su familia», dice.
Clotilde confiesa también que «después sufrí mucho con su caso, porque los profesores siempre queremos que a nuestros cabros les vaya bien. Algún día me gustaría hablar con ella. Sus papás son tremendas personas y en nuestro colegio tampoco enseñamos esas cosas. No sé por qué lo habrá hecho», dice.
En Loncoche ya hace frío y cae niebla. Aquí parece que la vida pasa más lento y que los problemas se entierran más rápido. Tal vez eso espera Luz Ojeda.
-«Esa señorita era bien pesada, pero al revés del dicho, este un pueblo chico con un infierno igual de chico. Lo que hizo, si lo hizo, ya lo pagó», dice un taxista.
-Alcalde: «Aquí sólo nos preocupa el nuevo aserradero»
A diferencia de la mayor parte de sus habitantes, Ricardo Peña, el alcalde de Loncoche (en la foto), es eléctrico, acelerado, impulsivo. Y asegura que el tema de Luz Ojeda les importa bien poco.
«Aquí la gente es sana y nadie anda por la calle esperando encontrársela y decirle algo. Yo ni siquiera sabía que estaba de vuelta. Me enteré por los diarios. Claro que en su tiempo fue una noticia nacional, tal como lo fue ese alcalde de aquí mismo que destituyeron por irregularidades (Moisés Pineda, 2002), pero ya pasó y ella tiene que seguir adelante», cuenta.
Según Peña «esta comuna ha sufrido tanto que toda la gente está pendiente de una nueva empresa maderera que se instalará y que les dará trabajo a más de 250 personas. Esas cosas sí nos preocupan. Lo otro ya pasó y es historia».
-¿A dónde se fue finalmente el dinero?
La denuncia contra Luz Ojeda y su marido llegó al Ministerio Público en agosto del año 2004. El caso lo condujo el fiscal Cristián Paredes. «Finalmente -explica él-, en el juicio se logró establecer que entre septiembre del 2002 y julio del 2004 el matrimonio y un abogado efectuaron maniobras dolosas para vaciar el patrimonio del señor Carlos Spiess y de su esposa, Berta Castillo».
En aquella oportunidad, la Justicia condenó a siete años de cárcel a Luz Ojeda, por el delito de estafa calificada, y a 300 días de presidio a su esposo, Rolando Zambrano, como encubridor.
Se acreditó que, aprovechándose de su relación de confianza con Spiess, ambos lograron traspasar a su patrimonio tanto los bienes raíces rurales del anciano, cuyo avalúo fiscal era de 500 millones de pesos, como otros 220 millones desde una cuenta en el banco Credit Suisse.
El fiscal Paredes agrega que «tras la sentencia se les restituyeron los bienes raíces a los afectados. Sin embargo, con respecto al dinero, en su momento se hicieron todos trámites necesarios para inmovilizar el capital visible de Luz Ojeda y de su esposo, pero éste jamás fue encontrado en el sistema formal».


