«Zafrada» la está pasando mal

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El niño Víctor Díaz no quiere que lo llamen más por su apodo

Por recomendación de una psicóloga, en el colegio frenaron las visitas de turistas y curiosos en horas de clase, mientras la familia se defiende de las críticas de vecinos por los obsequios.

«Algunos niños me dicen Zafrada, pero no les digo nada porque me pegan, me toca aguantar no más porque son bien pesados y uno tiene orejas, no las puede cerrar», cuenta Víctor Díaz, un poco chato de que lo busquen tanto y lo llamen por el apodo.
Para el niño, que se hizo famoso por una entrevista que dio a La Tercera TV donde muestra su escuela destruida y pide ayuda para su comunidad, no ha sido fácil asumir a sus 8 años la repentina fama que se le vino encima.Pese a que el pequeño ilocano sigue atendiendo a quienes lo visitan para tomarse una foto o hacerle preguntas, se ha transformado en una persona de pocas palabras, su mirada es desconfiada y sus respuestas son cortantes, muy distinto a como se le vio en el video que lo hizo popular.

Lía Bravo, su profesora de tercero básico, confirma la situación: «El niño está cansado, no quiere más. Incluso vino un psicólogo e hice que lo viera porque estuvo con dolor de cabeza, saturado y la recomendación es que no lo invadieran más. Y en una reunión de apoderados pedí por intermedio de los papás que los otros niños ya no lo molestaran».

La docente cuenta que llega a tanto la reacción adversa del pequeño hacia los desconocidos, que un señor llevó uvas para obsequiar a los alumnos y quería conocer a Víctor, pero él pensó que eran de la televisión y se negó a salir de su sala «me costó un mundo para llevarlo», recuerda.

Aunque reconoce que recién este año conoce al pequeño, la profesora lo observa un poco inquieto y a veces peleador, pero también nota que le gusta compartir con sus compañeros los útiles e implementos de aseo que le regalan particulares.

La mayor crisis se vivió entre la segunda y tercera semana de clases. En la escuela todos le decían «Zafrada» y con tanto asedio, sus compañeros se sentían relegados y protestaban porque toda la atención se la llevaba su compañero pelirrojo.

«Al principio los niños le decían cosas feas, los de otros cursos le gritaban «ladrón» y no sé por qué si no le ha robado nada a nadie. Eso fue lo que más me dolió. Tuve que hablar con la profesora porque sino tendría que sacar el niño del colegio, pero ya pasó», confirma su mamá Jacqueline Concha.

«Sí, le decían ladrón, pero él no pidió que le regalarán cosas, se las dieron, porque la suerte estaba para él no más», explica Alicia Rojas, apoderada de primero básico.

Una situación que contribuyó a ciertos roces entre los niños es que el colegio aumentó considerablemente de alumnos, al juntarse las escuelas de La Pesca, Duao e Iloca, por la destrucción de los tres establecimientos.

Los nuevos alumnos se incomodan al ver que los afuerinos se quieren tomar fotos sólo con Víctor y los ignoran a ellos.

«Mi hijo, que era de La Pesca, peleó con Víctor porque lo encontraba pesado y yo le dije que no debería ser porque son compañeros del mismo curso», cuenta una apoderada.

Luego de que lo vio el psicólogo, los directivos tomaron medidas: lo primero fue erradicar el apodo y llamarlo por su nombre para no hacer diferencia. «Cortamos con esto porque todos aquí le decían Zafrada», cuenta Rosa Farías, directora de la escuela. «En la sala tampoco acepto que le digan Zafrada porque no corresponde», agrega su profesora Lía Bravo.

«El niño no quiere entrevistas y a veces se enoja y dice sus garabatos porque está tan aburrido», confirma Pedro Correa, tío abuelo del niño, y confidencia que «cuando lo vinieron a entrevistar de Televisión Nacional se les escondió, arrancó para mi casa y dijo que no lo echáramos para fuera porque no quería que lo entrevistaran. Eso fue dos o tres semanas después de la primera entrevista».

 

Carabinero exclusivo 

Otro motivo de conflicto es la constante presencia de un carabinero afuera del colegio. Algunos padres y apoderados asumen que el uniformado está de punto fijo sólo para custodiar al pequeño más famoso del balneario.

«Aquí vienen Carabineros a cuidar a Víctor, y yo encuentro que nada que ver. Mi hijo, que tiene 6 años llega contando eso, incluso yo lo planteé cuando vino un psicólogo», critica Teresa, otra apoderada.

El retén de Carabineros en Iloca queda casi al frente de la casa de Víctor y por este motivo, explican los uniformados, existe una cercanía con el niño y desmienten que la presencia de un policía sea para cuidar exclusivamente al pequeño.

«En todo Chile existe el llamado «servicio colegio» para resguardar el ingreso a los recintos, es por un tema de seguridad y también por requerimiento de la directora del colegio para tener una jornada normal y sin interrupciones», explica el carabinero Martínez.

Ante los reclamos de alumnos y apoderados, los directivos y docentes de la nueva escuela de Iloca han debido manejar el tema con mucho tacto y estar atentos a que la situación no se saliera de las manos.

«A Víctor ahora lo tratamos como un niño más, pero antes venía mucha gente a turistear y no dejaban que los niños retomaran sus rutinas», agrega la directora del establecimiento.

No obstante, las apoderadas denuncian que no es culpa del niño sino de la televisión que infló su imagen. «Yo pienso que esto trae consecuencias y que él no está tranquilo», agrega Liliana, otra madre de un niño de tercero básico.

Además del peso de la fama que debe sobrellevar, se suman los temores que, como muchos niños de la región, Víctor sufre cada vez que hay una réplica.

«Está con pesadillas, cada vez que había un temblor iba y se abrazaba de mí, que nos fuéramos, le tenía miedo al mar y a los cerros», confidencia su papá, Víctor Hugo Díaz.

«No perdieron nada»

Una de las cosas que han atormentado a los papás de niño es la percepción generalizada que existe de que ellos se han aprovechado de la fama de su hijo para pedir y recibir cosas que no necesitan.

«Ellos no perdieron nada, tienen dos vehículos, dos cabañas, no perdieron nada, entonces nada que ver que le estén dando tanto a un niño si hay miles de niños que perdieron todo y están sufriendo. Ellos se aprovecharon bien aprovechados», cuenta una apoderada del colegio de Víctor.

Aunque los padres reconocen que tienen las cabañas para arrendar en el verano y que la camioneta en la que la madre trabaja vendiendo pescado fileteado está intacta, dicen que nunca han dicho que estén en la calle, que lo que han pedido ha sido para la comunidad y sienten que existe envidia de parte de los vecinos.

El padre prefiere dejar que las cosas pasen: «Son mala onda, nos pelan por detrás. No esperaba comentarios de personas que yo pensaban que eran amigas. Hay que dejar que el agua corra no más».

La mamá se defiende y asegura que, como dirigente comunal, le duelen los ataques de los vecinos. «Si Víctor nunca ha dicho en las entrevistas que perdimos todo. Cuando fuimos a los programas fue para que llegara ayuda a la comunidad y a los pescadores, pero nosotros no recibimos ningún bienestar económico, sólo los regalitos que le dieron al niño», explica Jacqueline Concha.

Ella recuerda cuando autoridades visitaron la zona y le preguntaron qué quería, Víctor pidió ayuda para la gente de Iloca y los pescadores, pero le volvieron a preguntar que deseaba para él y dijo: «No, yo no quiero nada».

Ya un poco hastiada de tener que explicar, Jacqueline remata: «Al final, nosotros no pedimos la fama».

-Los regalos de la discordiaLos obsequios más llamativos que el pequeño Víctor recibió de particulares y programas de televisión han sido una de las principales causas de malestar de los vecinos.

La Federación Chilena de Rodeo Amateur le entregó al pequeño un caballo, que cuida con esmero. «Él está feliz con su caballo. Un día en la radio dijeron que por qué cobraba mil pesos por la foto para alimentar el caballo, que si no era capaz de mantenerlo que lo vendiera. ¿Y cómo se lo vamos a vender si es un regalo que le hicieron a él y lo hizo feliz?, pregunta la mamá. En Chilevisión le regalaron un bote, que no les ha servido mucho: «Es un botecito chiquitito que es un cacho porque no les sirve para el mar», cuenta Pedro Correa, tío abuelo del niño. Otro bote que les ofrecieron tampoco sirvió porque necesita muelle.

De la prometida casa del Mega, les aseguraron que llegaría a mediados de mayo, pero aún no tienen claridad si es una mediagua, pero ya tienen el terreno listo. El computador es otro de los obsequios que el niño disfruta mucho.»Para lo poco que ha aprendido encuentro que se maneja bien, aunque aún no hay Internet, porque sale caro», explica el papá.

 

-Iloca molesta con el alcalde

Mientras en Iloca los Díaz Concha tratan de salir al paso de las críticas de los vecinos, muy cerca de ahí el alcalde de Licantén, Héctor Quiero, enfrenta una ola de críticas por el manejo de la ayuda que ha llegado a la comuna. Los lugareños sostienen que el gimnasio municipal está lleno de implementos donados pero hay bastante lentitud en la entrega.

«Había familias de 7 personas pidiendo ayuda para todo el grupo, pero después iba cada uno por más», explica Ricardo Guerrero, presidente de la junta de vecinos de Iloca, quien desmiente que no hayan recibido socorro de la municipalidad.

El edil de Licantén cuenta que los primeros días, el Ejército entregaba las donaciones indiscriminadamente, y mientras personas que no necesitaban carpas recibían una, en otras localidades éstas faltaban. «Ahora estamos entregando a toda la comuna con firma, pero en este momento paralizamos la ayuda a Iloca y Duao porque nos faltan camiones», explica el alcalde.

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