PDI investiga lo sucedido en un camping del Salto del Laja
Claudio tiene 16 años, sufrió quemaduras profundas y está internado en el Hospital de Concepción.
Un preuniversitario. Claudio Carrasco Figueroa sorprendió a su madre cuando ella le preguntó qué quería para esta Navidad. Sí, un preuniversitario. Tantas ganas tiene el «Chuku» de ser abogado, que se la jugará toda el próximo año, cuando salga del Liceo A-59 de Los Ángeles y dé la PSU.Terminó tercero medio la semana pasada, con un 6,3 en la libreta, y ya había buscado dónde trabajar en las vacaciones. Se ofreció como empaquetador en un supermercado, pero no lo aceptaron, porque, a sus 16 años, lo consideraron demasiado joven. En una tienda de zapatos quedaron de avisarle si podía ser «auxiliar de ventas» y aún no tenía noticias. No importaba. Había tiempo para divertirse.
A las seis de la tarde del viernes pasado, él y sus compañeros de curso partieron a un camping del Salto del Laja, 30 kilómetros al norte de esa ciudad. Una alumna de intercambio alemana, que estuvo en el curso este año, debía volver a su país y había que despedirla como corresponde.
Pero la fiesta casi mata a este muchacho, que vive con su abuela en Los Ángeles. «Me podría haber costado la vida, pero hoy estoy preocupado de sanarme y no de buscar culpables y de meterlos a la cárcel», explica internado en la unidad de quemados del Hospital de Concepción.
A las cinco de la mañana del sábado, el «Chuku» fue encontrado botado en el camping. En la cintura y en la cara tenía un polvo corrosivo que le había quemado la piel. El papá de un compañero, que fue a buscar a su hijo, lo llevó de vuelta a Los Ángeles. El muchacho asegura que no se acuerda de nada.
Los médicos establecieron que a Claudio le echaron soda cáustica y que tenía quemaduras profundas en los glúteos, en los genitales, en el ombligo y en la cara.
«Unos compañeros, supuestamente por broma, le hicieron esto. Una niña contó que, aparte de lo que le echaron, lo orinaron y le pintaron la cara. Fue una bajeza terrible», cuenta Marcia Figueroa, mamá de Claudio.
La PDI inspeccionó el camping e interrogó a varios de los muchachos que fueron a la fiesta. Todo apunta a jóvenes mayores que él, que no serían del liceo.
«Sufrió un tipo de bullying. Se rieron de él toda la fiesta. Lo curaron, porque Claudio no toma, cuenta Luis Figueroa, tío del muchacho.
Claudio piensa qué pasará cuando vuelva a Los Ángeles y quizás se encuentre en la calle con quienes le hicieron esto. «La reacción lógica es que yo tuviera odio hacia ellos, pero la verdad es que no siento nada. Estoy agradecido de estar con vida», asegura.
2 meses podrían demorar en sanar las heridas.
El liceo está exento de responsabilidad, pero nos preocupa nuestro alumno
Ariel Durán, director del Liceo A-59


