Daniel Morón, gerente deportivo de Colo Colo, se toma con humor el apodo que le pusieron los hinchas
El ex portero e ídolo de los albos cuenta que el trabajo que realiza es estresante y que pasado el año del Centenario, evaluará qué hará en su futuro laboral.
A los 65 años, Daniel Morón ya integra la lista de jubilados en Chile y se suma al alegato casi unánime por lo bajo de la pensión que recibe. «Cuando se produjo el cambio de sistema, yo fui de los que me cambié a una AFP. Otros compañeros de mi generación no lo hicieron y hoy reciben una pensión mayor que la mía. Por lo inestable de mi trabajo en el fútbol es cierto que tengo lagunas, pero es demasiado el castigo desde el punto de vista de lo que me dan mensualmente. Es cierto que yo, a diferencia de la mayoría, tengo propiedades, pude ahorrar. Pero, así y todo, hoy yo debo trabajar para mantener el nivel de vida que siempre tuve y que nunca fue de lujos», dice el campeón de la Copa Libertadores 1991 con Colo Colo.
Ese trabajo que «debe» hacer Morón lo hace hoy en un cargo nada fácil: es el gerente deportivo del club albo, una labor que trae sinsabores permanentes, como él cuenta.
«Los hinchas me ven como el gran responsable del proceso de estructuración de los planteles y yo, en realidad, soy un eslabón más de la cadena. Para contarlo en simple: yo me junto con el entrenador de turno para evaluar sus necesidades, luego hago una lista de prioridades y se las presento al directorio de Blanco y Negro que evalúa y decide. Yo debo negociar, acercar posiciones entre lo que quiere el entrenador y lo que pretende el directorio. Y claro, si llega un jugador que no responde en la cancha, todos me apuntan».
Se le critica lo que tarda en conseguir jugadores. Hasta ahora, ha llegado uno solo, Claudio Aquino. Le pusieron «Demorón» en las redes sociales. ¿Le afecta?
«Reconozco ingenio en ese sobrenombre. Y de verdad, prefiero ser «Demorón» si al final se logran contratar buenos nombres».
El problema es que varias veces, demorados y todo, llegan jugadores como Lezcano, Santos, Castillo y otros fiascos .
«Claro, es verdad que a veces no le apuntamos. Pero a mí me cuentan las malas no más. Porque también en este período que llevo como gerente deportivo hemos ganado seis títulos y llegado a cuartos de final de la Copa Libertadores. Y han llegado jugadores como Javier Correa, Arturo Vidal, Mauricio Isla, a los que hay que sumar apuestas que hemos hecho como Alan Saldivia y Lucas Cepeda. Esas no las cuentan cuando me llaman Demorón porque es una pega invisible. ¿Le cuento cómo llegó Damián Pizarro a Colo Colo? Fui a dar una charla a la comuna de San Ramón y después se me acercó el abuelo de Damián para decirme que su nieto estaba en la U pero que era colocolino a rabiar. Que por favor lo viera. Lo fui a conocer, hablé con él, lo invité a probarse y quedó. Eso también es parte de mi trabajo».
En este mercado se ha visto más presencia de Aníbal Mosa en las contrataciones que a usted. ¿Hay algún cambio? ¿Un desplazamiento?
«Yo he hecho mi labor como siempre, como dije que la hago. He participado en reuniones con el directorio llevando nombres y dando cuenta de lo que quiere el entrenador. Y también he dado mi opinión. De las formas en que eso sale no me preocupa. Yo estoy en pleno momento de máximo trabajo para estructurar el mejor plantel para Colo Colo».
¿Es una labor estresante? ¿Se puede resentir la salud?
«Sí, es un trabajo agotador y estresante. El futbolista hoy, en general, es más difícil que en mis tiempos, y tengo claro que no voy a cambiar salud por una pega».
¿Quiere decir que está evaluando su continuidad como gerente deportivo?
«Quiero decir que yo no voy a estar por estar en este cargo. Y eso lo saben en el club. Hace dos años, cuando renové mi contrato, le dije a la gente de Blanco y Negro que mi mayor motivación era llegar al Centenario de Colo Colo porque quiero estar en un momento tan importante. Estoy ahora y después que pase este año pensaré qué voy a hacer en mi futuro laboral y también el club me dirá qué quiere hacer. No sé qué va a pasar, la verdad».
Más allá de la labor que hoy cumple y que es ingrata en muchos momentos, ¿se siente ídolo de Colo Colo?
«Sí, me siento ídolo, pero no de los que lo anda exhibiendo o tirando a la mesa».
¿Y cómo lo sabe?
«Por el cariño de la gente. Donde voy, me gritan cosas bonitas, me dicen «Grande, Loro», pocas veces alguna pesadez incluso ahora en la labor que tengo».
Los hinchas de la U, que le tenían incluso un grito, no deben ser tan buena onda …
«Jajaja, no, sí lo son. Claro, no cuando jugamos con ellos, pero igual en la calle se acercan, me dicen que son de la contra y me piden una selfie y yo no tengo problemas en hacerla. En un banco en Macul al que voy siempre, de diez que trabajan ahí, nueve son de la U y hay un colocolino que siempre me dice que me vaya con él y los otros se ríen no más».
¿Usted se siente colocolino de esos acérrimos?
«Sí, y siento que caí parado en este club. Me calzó como anillo al dedo. Era justo en el que yo tenía que estar de acuerdo a lo que fue mi vida. Yo me crié en el campo, tuve que dormir en una casita debajo de las tribunas del club Andes Talleres. La tuve que pelear para llegar a un club que luchaba todos los años por ser campeón y que jugaba la Copa Libertadores».
Todos saben que usted se ganó la idolatría por ser campeón de la Copa Libertadores. ¿Fue ese achique a Batistuta en las semifinales la mejor atajada de su vida?
«No, ni siquiera la mejor en esa Copa Libertadores que fue el cabezazo que le saqué a Balán González, de Universitario, en la segunda fase y que no traspasó la raya, de eso estoy seguro. La de Batistuta fue buena, pero influyó mucho que aposté que él remataría y que, por cómo venía, lo haría hacia mi izquierda. Si se la tocaba a Latorre que venía de frente, hubiese sido gol?».
¿Y cuál es, entonces, su mejor atajada?
«Una a Luka Tudor en Santa Laura. El Arica Hurtado se la tocó y dejó fuera creo que a Hugo González, llegó Luka y hace una contorsión al ángulo. La toqué casi con la uña y la desvié. Fue milagrosa …».


