El comediante sufrió encerrona a fines de octubre del año pasado
Para el integrante de Hay que decirlo, es una alegría extraña, pues para él es recordar un momento que fue súper violento.
«Me hizo recordar el momento que fue súper violento. Cuando me dicen que encontraron el auto, uno piensa que debe estar súper averiado, porque cuando ellos empezaron a pegarle combos y con martillos al auto. Más encima, vi cuando hicieron polvo una puerta. Entonces, me voy a encontrar con un vehículo que debe estar muy, muy golpeado», cuenta.
¿Le preguntó al carabinero detalles del estado de su automóvil?
«Le consulté cómo estaba a simple vista. Me dijo que le faltaban los dos parachoques. No te lo pasan al tiro, porque deben hacer los trámites con Fiscalía y la próxima semana me van a avisar cuándo lo debo ir a buscar. De partida, no tengo ni siquiera las llaves».
El panelista de «Hay que decirlo», de Canal 13, profundiza que sintió «una alegría extraña», pues con los daños sufridos puede significar un gran desembolso. «Eso significa recursos y mucho tiempo de arreglos. Al final, lo voy a querer arreglar para venderlo. No quiero volver a manejar ese auto. Es raro. Como que ya está yeta. Es como recordar todo el rato lo mismo. Pero siento que va a salir todo bien».
Desde que sufrió la encerrona, a la altura de la comuna de Peñaflor, Willy Sabor ha estado en terapia con el sicólogo Eduardo Godoy Quinteros, designado por la fiscalía. «Él ha sido un gran profesional, muy amable y me ha apoyado muchísimo. Llevo varias terapias y con él estoy conversando todos los procesos, como por ejemplo andar alerta, medio perseguido», señala.
¿Le da temor volver a sufrir lo mismo?
«El otro día iba por Lonquén y frenó un camión delante mío, me salí de la pista y me fui contra el tránsito… automáticamente, como arrancando. Es complejo, porque uno siente que en cualquier minuto te van a hacer la encerrona de nuevo. Es una sensación que va y vuelve. Hay días que andas más relajado, pero siempre vuelve. Por eso uno siente ayuda profesional y tratar de evitar estas situaciones. Pero como vivo en Talagante, por tiempo tengo que tomar autopistas y en sus salidas es donde te pones más nerviosos».
Walter Kühn, sicólogo clínico, explica que lo que sucede a Willy Sabor es común para quienes han sufrido un evento así. «Se trata de un condicionamiento traumático. Ante el miedo y el dolor, las personas pueden asociar esa experiencia con un estímulo. Cuando aparece de nuevo ese estímulo, la persona se siente mal. Este condicionamiento explica las fobias simples», comenta.
¿Cómo se tratan estos cuadros?
«Como el auto queda asociado al miedo y el dolor, hay que romper ese condicionamiento. Eso se hace con una desensibilización sistemática, un procedimiento de exposición (al auto) en que se aprende a controlar la sensación para que el desagrado vaya pasando».


