Ingeniero civil Javier Fernández plantea nuevo desafío para torres de Santiago
Golpea con fuerza a las torres, siempre por un costado, y las puede hacer oscilar.
No se asuste, pero el viento puede mover un rascacielo, una mole de hormigón, por sobre los 80 metros de altura. Los hay en Santiago. Y como cada vez es más frecuente la construcción de este tipo de edificios en nuestra ciudad, más vale saber que no solo los terremotos atacan a estas gigantescas estructuras.
«El viento afecta de manera muy parecida que los terremotos a los rascacielos. Produce una carga dinámica que va y viene; es oscilante y empuja los edificios lateralmente. El viento puede moverlos», apunta Javier Fernández, el ingeniero civil que participó en el proyecto Territoria 3000, en Las Condes, donde funciona el hotel W, que tiene 116 metros de altura, es decir, 31 pisos.
El calculista dice que mientras más altas son estas torres, más se mueven con el viento que las golpea siempre por un lado, siempre lateralmente. Estas oscilaciones son lentas, pero muy amplias.
«Uno se puede marear con este tipo de oscilación. Puede haber viento durante todo el invierno y a lo mejor se mueve tanto, que nadie puede vivir ahí. Hay que diseñar estos edificios pensando en la comodidad de los usuarios, porque si ellos se están moviendo todo el día y terminan mareados, esto significa que hay un problema de diseño», explica Fernández.
En un futuro no demasiado lejano -según opina el ingeniero- puede que los arquitectos e ingenieros tengan que analizar a fondo el movimiento de los vientos de los lugares donde van a levantar sus rascacielos para construir algo que realmente resista el embate de estas masas de aire.
Un tema no menor al dar cuenta de las grandes torres levantadas en Santiago, como Titaniun, Marriott, Telefónica e incluyendo a la mayor de todas, aún en construcción: Costanera Center, que tendrá 300 metros de altura.


