Woody Allen está chato de pasear a las cabras chicas

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Los 75 años el cineasta está convertido en un tatita cascarrabias

Con una esposa 35 años menor y dos hijas adoptivas de 10 y 11 años, la edad le está pasando la cuenta alneoyorquino. Ya no tengo paciencia, dice.

Hace dos días, el pasado miércoles 1 de diciembre, Woody Allen cumplió 75 años. Para cualquier celebridad (y, en realidad, para cualquier mortal) llegar a los tres cuartos de siglo sería equivalente a tirar la casa por la ventana con una fiesta inolvidable, pero el cineasta neoyorquino le pidió a su familia, amigos y cercanos que fuese exactamente al revés: solicitó simplemente que lo dejaran en paz para vivir un día de descanso y recogimiento.

La edad le está pasando la cuenta al viejo Woody. Para él, un día cotidiano dejó hace un tiempo de ser un placer para transformarse en un infierno repleto de gritos, mañas, pataletas, interminables e insulsos paseos para allá y para acá y peticiones ridículas que el hombre no quiere oír. Estamos claros que hay un momento en la vida en que la paciencia se agota, pero el caso de Allen es extremo.

Emparejado desde 1992 con la surcoreana Soon-Yi Previn (35 años menor y quien fuera su hija adoptiva con Mía Farrow), el director de «Annie Hall» y «Manhattan» pasó del escándalo inicial a formar una familia estable con el tiempo. Adoptaron dos niñitas, Bechet y Manzie, e iniciaron una vida juntos que se veía de lo más normal: él, enfocado en su trabajo, pero bien hogareño; ella dedicada a la familia y apoyándolo en lo que fuese necesario.

El tiempo, sin embargo, pasó raudo. Y el a veces un poco loco realizador se convirtió derechamente en un tata cascarrabias. De un tiempo a esta parte nada le gusta y sus hijas, hoy de 10 y 11 años, se han tenido que acostumbrar a verle cada vez menos la cara. Hace poco, y por compromisos cinematográficos, los Allen-Previn estuvieron unos días en España. Woody esperaba disfrutar del sol, de una rica lectura en la terraza y dormir hasta tarde. Pero no. Soon-Yi quería ir de compras y las niñitas ir al parque.

«Mi familia me agota. A cada lugar que vamos, ellas me acompañan y siempre quieren pasear, aunque llueva o haga mucho calor. Ellas no se dan cuenta y no entienden que a veces la jornada me deja exhausto y que sólo quiero recostarme y descansar», confesó Allen, un poco chato, en declaraciones que recoge el portal MinutoUno.com.

«Ya no tengo paciencia», le comentó también al «Daily Telegraph», hace apenas unas semanas, refiriéndose al mismo tema. En su defensa hay que decir que al pobre Woody le está tocando muy duro. No sólo es un tipo que saca casi una película por año (no sólo es director, también guionista), sino que Soon-Yi, como corresponde, lo ha hecho partícipe activo de la crianza de sus dos hijas. «Llevo a las niñas al colegio, luego salgo a dar un paseo con mi esposa, toco un rato con mi banda de jazz. Después vienen las obligaciones cotidianas, que el tema del peso, que mantenerse en forma y todo eso para no ponerse más decrépito de lo que estoy», le contó al «New York Times».

Para seguir el recital de lamentos, Allen agregó que con tanto cansancio ya ni siquiera le estaba dedicando obsesivas jornadas a sus películas. «Tengo otras prioridades. No me siento y hago 14 tomas hasta conseguir una perfecta, porque quiero irme a casa a ver a los Knicks o a los Yankees». El problema es que ni para eso le está alcanzando. Hasta hace un par de años era un clásico verlo en el Madison Square Garden presenciando un partido de básquetbol con su esposa y las niñas comiendo cabritas. Pero ahora las chicas tienen otros gustos y quieren ir al zoológico, a las tiendas de ropa o al recital de algún cantante de moda en vez de alentar en una tribuna al equipo del papá.

La diferencia de edad los está matando. Y si Woody está quemando sus últimos cartuchos para mantener contenta a su joven señora, hay que decir que el hombre se la buscó. Con dos divorcios previos a cuestas (Harlene Rosen en 1959 y Louise Lasser 1969) más una larga relación con Mía Farrow, el pequeño picaflor se ha regodeado a la hora de entregarle su corazón a una mujer.

«Tengo suerte. Estoy en un buen matrimonio. Tengo además cierta cantidad de necesidades vacías. Aparte de que mi mujer debe tener buen sentido del humor, ser inteligente y atenta, también tiene que ser atractiva. Y atractiva en el sentido barato de la palabra», le confesó riendo a «Total Film», revista que interpretó sus palabras como si tuvieran cierta connotación sexual. O sea, para ser justos, si al hombre le gustó codearse con la juventud antes, ahora tiene que bancársela como un campeón nomás.

Esta semana, durante una conferencia de prensa sobre la última película de Allen («You will meet a tall, dark stranger»), la joven actriz Freida Pinto («Quién quiere ser millonario») encaró a un periodista que le preguntó qué se sentía trabajar «con un director que podría ser su abuelo». «Yo creo que a él no le va a gustar lo que acabas de decir», comentó primero. «Puede que sea tan viejo como mi abuelo, pero si se trata de creatividad, él es un tipo muy joven», agregó.

Habrá que echar mano a la creatividad entonces, Woody, para sobrellevar tanta demanda.

«Mi familia me agota. Me acompaña a cada lugar y siempre quieren pasear. No se dan cuenta que la jornada me deja exhausto»EL VIEJO WOODY TODAVÍA TIENE BALAS
¿Para dónde estamos mirando, champ?
Lucy Punch es una atractiva actriz
inglesa que se hizo conocida en
Estados Unidos en la serie «The
class». Ahora es una de las nuevas
musas escogidas por Woody Allen
para su nuevo filme «You will meet a
tall, dark stranger». En una de las tantas premieres, en agosto, Allen fue captado disfrutando visualmente de las curvas de su actriz en plena alfombra roja. El viejo Woody todavía dispara.

«Cuando era niño
quería ser delincuente»
Un momento delirante en la carrera de Woody Allen fueron sus entrevistas durante los años 70. En una para la televisión inglesa, que se puede ver en YouTube, Allen confiesa haber deseado «ser delincuente cuando era niño». `El crimen me parecía un buen tipo de vida: era emocionante, tenías tu propio horario y había cierto peligro», dice con su cara más seria, mientras el entrevistador se desternilla de la risa.

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