Polen satánico

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Durante la temporada agrícola 2008-2009, los cultivos transgénicos en nuestro país alcanzaron las dimensiones de un reino: 30.101 hectáreas, lo que representa un espectacular salto en relación a la temporada anterior. De ese total, el maíz transgénico es el campeón indiscutido de la categoría, con nada menos que 20.911 hectáreas cultivadas. No hay datos actualizados al 2010, pero todo hace suponer que el negocio florece silenciosamente en todas las regiones rurales del país, buscando convertirse en un oscuro imperio que abarca incluso reservorios de variedades altiplánicas.

Un dato curioso: el Servicio Agrícola y Ganadero no autoriza la producción transgénica para consumo interno, pero permite el cultivo de semillas para ser vendidas a otros países. De hecho, el 95 por ciento del maíz transgénico cosechado en Chile se vende a Estados Unidos. Lo que la autoridad agrícola pareciera desconocer o soslayar, pese a sus muchos estudios y equipos de expertos atiborrados de postítulos y doctorados, es que el maíz transgénico ha mostrado ya sin asomo de dudas su eficiencia para contaminar nuestras variedades tradicionales con su polen satánico.

¿Piensa que exageramos? Es importante que todos sepamos que esta moderna «brujería» llamada «diseño genético» ha logrado verdaderas proezas a fin de ofrecer un variado menú alterado artificialmente, entre los que destacamos esta apetitosa carta, que está como para chuparse los dedos: papas con genes de lenguado, lechugas con genes de tabaco, pinos con genes de ovejas y, más siniestro todavía, vacas, gallinas, cerdos y peces con genes humanos.

La variedad conocida como maíz escorpión es a nuestro juicio el mayor de los peligros que acechan hoy a nuestras viejas humitas, pastel de choclo y porotos granados con mazamorra o pilco. La ingeniería genética consiste, en líneas gruesas, en separar el ADN de un organismo y ponérselo a otro. Es así como separan genes de escorpión para introducirlos al maíz, logrando que la planta desarrolle su propio «insecticida».

¿Y qué sucede cuando uno lo come? Misterio. ¿Y cuando su familia come un pollo alimentado con ese maíz? Otro misterio más insondable todavía. ¿Y cuando su polen entra en la flor de otras variedades? Fácil, lo convierte en su hermano, de la misma manera en que un vampiro muerde el cuello de un indefenso ser dormido. De modo que, si esta variedad, fruto de la magia negra genética, sigue «violando» reiteradamente las variedades nativas, muchas de las cuales se remontan a varios siglos antes de la llegada de los españoles, dentro de un par de años todo el maíz de Chile podría tener incorporada en su información genética las características de estos arácnidos dotados de dos tenazas y una cola provista de un venenoso aguijón. Detalles que lo acercan bastante al aspecto que le imaginamos a la multinacional Monsanto y otros monstruos globales, para los que no existe el mañana del planeta, ni menos esa frágil abstracción, víctima de todas las dictaduras imaginables e inimaginables, llamada la raza humana.

El diseño genético ha logrado verdaderas proezas a fin de ofrecer un variado menú alterado artificialmente: por ejemplo, papas con genes de lenguado, lechugas con genes de tabaco y pinos con genes de ovejas.

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